miércoles, 14 de agosto de 2019

Volverá el populismo a la Argentina ?

Aquelarre Económico




Populismo expulsa expertos

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José Manuel Suárez-Mier

Excélsior , Ciudad de México
15 de agosto de 2019



De la mano con la elevación del populismo de derecha, de izquierda o sin brújula, va un intenso anti-intelectualismo que se manifiesta en declaraciones de repudio de los expertos en todos los temas, como hemos visto en voz de Trump, López Obrador y otros líderes que creen estar en contacto directo con el pueblo.

Esta vena populista que rechaza a los expertos y cuestiona la pertinencia de que participen en el diseño y aplicación de políticas públicas tiene una vieja tradición en el escepticismo acerca del papel y motivaciones de los intelectuales en la política, al acusárseles de desconocer o haber perdido contacto con la realidad.

Los historiadores Richard Hofstadter y Enrique Krauze han descrito este fenómeno para EU y México, respectivamente, rastreando un modo recurrente de pensamiento en religión, negocios, educación y política “que eleva el odio a una nueva forma de dogma… contra ciertos grupos como los judíos, los masones, los prietos, los católicos, los migrantes, los empresarios y los intelectuales.”[1]

En la misma entraña de muchos países que pregonan su excepcionalísimo, como México y EU, es muy numerosa la gente fundamentalista en su religión, nativista en sus perjuicios, aislacionista en política exterior, y que denuncia sin cansarse su rechazo a los cambios que empuja a la modernidad la senda del liberalismo.

La guerra contra los expertos tiene altos costos que resultan evidentes en el mal desempeño de los gobiernos que prohíjan tal rechazo: la ineptitud de su gestión es obvia, lo mismo en tratándose de la preocupante caída en los indicadores del cauce de la economía mexicana, que en el alto precio que pagan en EU sus agricultores por los aranceles de Trump que les clausuran mercados externos.

Lo peor es que los expertos, en muchos casos con décadas de educación y experiencia, son suplidos por gente leal al caudillo, pero sin el menor oficio para los puestos a los que se les nombra. Basta una somera mirada a los gabinetes de ambos países para colegir que casi ninguno de sus miembros pasa el examen.

Pero allí no termina la historia porque los improvisados suelen reunirse de tipos de su calaña y comparable nivel intelectual, ignorantes, pero con iniciativa, y ya están a la vista los resultados: se disparan la violencia e inseguridad; hay desabasto de energéticos y medicinas; cae la inversión e inicia la fuga de capital.

Decía el legendario político tejano Sam Rayburn, que representó a su estado por medio siglo en el Congreso de EU, que “cualquier asno puede derruir el granero, pero se requiere de un buen carpintero para reconstruirlo.” Hoy hay muchos líderes de países importantes que insisten en dar de coces a sus respectivos graneros, pero la labor de reconstrucción que sigue será ímproba y muy costosa.

¿Regresará la Argentina a este carrusel de demolición de riqueza con el retorno de los peronistas al poder?

# 2,994







[1] Richard Hofstadter, Anti-Intellectualism in American Life, Random House, 1963; y Enrique Krauze, El pueblo soy yo, Penguin, 2018.

jueves, 25 de julio de 2019

LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA LIBERAL, EL AUGE DE EXTREMA DERECHA Y EL “REVIVAL” DE UN MEDIOEVALISMO ANTI-ISLÁMICO

vox reconquista

EL PAIS DE MADRID
Guillermo ALTARES
24 de julio 2019

La rabiosa actualidad de la Edad Media

La ultraderecha busca en el pasado remoto justificación para sus políticas actuales




La Edad Media se ha convertido en un asunto de intenso debate político. No todo el periodo histórico, claro, nadie discute sobre Excálibur o los caballeros de la Mesa Redonda. Lo que está sobre la mesa es el momento de las invasiones musulmanas, una época de intensos cambios políticos en una Europa cuyas fronteras se estaban forjando.

En los últimos tiempos la ultraderecha nacionalista ha convertido en una especie de tótem sagrado aquellos siglos oscuros —se llaman así por la notable ausencia de documentos desde la caída del Imperio Romano hasta más o menos el año 1000, cuando la economía y la administración comenzaron a recuperarse—. 

La visión actual sobre ese periodo tiene mucho que ver con el presente y muy poco con un pasado del que se desconoce casi todo. Y resulta sorprendente la seguridad con la que describen aquella época los apologetas de ese momento supuestamente mítico de defensa de la cristiandad frente a la invasión islámica. 

Distintos movimientos de ultraderecha se agarran ahora a esos relatos para decir que el fenómeno invasor se está repitiendo en la actualidad. Ni ocurrió entonces, ni tampoco está ocurriendo ahora. 

Y, desde luego, lo que pasó no fue tal como lo cuentan: se trata de unos siglos en los que, básicamente, todo el mundo invadía a todo el mundo.

Este es un debate que aparece en algunos casos como farsa, por ejemplo, cuando se retiró recientemente una estatua de Abderramán III en Cadrete (nombre árabe), Aragón, como primera medida de un Ayuntamiento gobernado por Vox. Pero en otras ocasiones emerge como tragedia: el asesino que ametralló en marzo a 50 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda hace unos meses estaba obsesionado con héroes míticos medievales de la lucha contra el islam, —desde el español don Pelayo hasta el serbio Milos Obilic—, y escribió sus nombres en los cargadores con los que perpetró la matanza.

“No solo en España, sino en toda Europa, la historia de la Edad Media se ha convertido en un foco de debate cada vez más intenso”, explica Maribel Fierro, profesora de investigación del CSIC y experta en Al Andalus. “La idea de la recuperación de una presunta identidad inmutable de los pueblos ha vuelto a resurgir. Los periodos que reivindican son momentos en los que se produjeron batallas contra los musulmanes. Su idea, totalmente infundada, es que el islam es el enemigo de Europa”.
 
 
Las batallas que aparecen una y otra vez en ese imaginario son Poitiers en 732, Covadonga en 722 (o 718, 737 o 754, según las diferentes versiones), Kosovo en 1389 o, mucho más tarde, Viena en 1683. Las dos primeras fueron enfrentamientos con las tropas árabes y bereberes procedentes del norte de África y de la península Arábiga; las segundas, contras los turcos. 

El problema que plantean Poitiers, Covadonga y Kosovo es que se trata de acontecimientos en los que la historia se mezcla con el mito y sobre los que los especialistas tienen pocos datos, dispersos, tardíos y dudosos. De ninguna de estas batallas se conserva el relato de un testigo contemporáneo. Todos estos mitos fueron además reinterpretados en los siglos XIX y XX cuando se produjo la explosión de los Estados nacionales en Europa y se convirtieron en relatos fundacionales.

Las primeras versiones de la batalla de Covadonga, con la que empezó la llamada Reconquista, proceden de la Crónica de Alfonso III, en torno al año 900, aunque ese relato no se populariza hasta el siglo XIII. Lo mismo puede decirse de la batalla de Kosovo, el gran mito nacional serbio, explotado hasta la saciedad por el nacionalismo balcánico. En realidad, como explica el historiador Noel Malcolm en Kosovo. A Short History, se ignora casi todo sobre aquel combate, ni siquiera está claro quién ganó: la tradición señala que los serbios perdieron su Estado ante los turcos y construyeron su nacionalismo sobre la nostalgia y la derrota. Con todo, el caballero Milos Obilic, que según la leyenda mató al sultán Murad, es venerado casi de forma religiosa y formaba parte del averiado universo mental del asesino de Christchurch en Nueva Zelanda.

Sobre la batalla de Poitiers, en la que Carlos Martel derrotó presuntamente a los musulmanes impidiendo su avance hacia el norte, escribió un ensayo muy interesante el medievalista de la Universidad de St. Andrews James T. Palmer. La historia falsa que impulsó al acusado de la matanza de Christchurch, se titulaba un artículo que publicó en The Washington Post. En él explica cómo la interpretación de aquel enfrentamiento ha ido cambiando: para Edward Gibbon, en el siglo XVIII, simbolizaba la pérdida de la herencia de Grecia y Roma; para Jules Michelet, en el XIX, apenas revestía importancia porque el problema estaba en las invasiones germánicas del norte; según Steve Bannon, uno de los ideólogos del pensamiento ultraderechista actual, exasesor de la Casa Blanca, aquella batalla representa una invitación a defender a Occidente frente al islam. “No había nuevas fuentes históricas, sino una nueva agenda”, escribe Palmer. 

“Al reclamar el legado de Carlos Martel, el asesino de Christchurch abusa de la historia para justificar la violencia. Se basa en la forma en que ese acontecimiento aparece descrito en muchos libros y webs, así que no se trata solo de un problema de ignorancia. Lo que tenemos que entender y combatir es cómo momentos históricos como Poitiers han cobrado un significado a través de la política”.

Tras esa visión nacionalista del medievo se esconden varios presupuestos contradictorios con la investigación científica contemporánea. Primero, que los habitantes de Europa en el siglo XXI somos los herederos de quienes habitaron este mismo lugar hace siglos. Esta afirmación ignora que las unidades políticas son completamente diferentes, por no hablar de las migraciones y mezclas que marcan la historia. Segundo, que pueden establecerse paralelismos entre sociedades de hace siglos y las actuales, soslayando las abismales diferencias que las separan en multitud de asuntos, desde la esclavitud hasta la tecnología. Y, por último, que, incluso si se admite esa herencia, esta no tiene por qué condicionar el presente.

“Esa movilización reivindicando el pasado está siempre vincu­lada a pulsiones del presente, a la necesidad de ciertas comunidades, ideologías o proyectos políticos de encontrar su justificación”, explica Eduardo Manzano Moreno, investigador del CSIC, experto en Al Andalus, que acaba de publicar La corte del Califa. “La simple regla de mayor o menor cercanía respecto de ese pasado no siempre funciona: los romanos o los mongoles pudieron hacer todo tipo de masacres y a nadie le importa, pero en el caso de los musulmanes, el discurso conservador intenta plantar la idea de una similitud exacta entre lo ocurrido en la Edad Media y el presente, algo que también alimentan los propios radicales islámicos”.

El historiador Jean-Paul Demoule ha estudiado el asunto en su libro Les dix millénaires oubliés qui ont fait l’histoire (Los diez milenios olvidados que hicieron la historia), y explica cómo los nacionalismos que estallan después de la I Guerra Mundial explotan la idea de un pueblo que se conserva inmutable a lo largo de los siglos, sumergiéndose incluso en la prehistoria. “Hubo que garantizar a cada uno de esos Estados un pasado glorioso, que se remonta al confín de los tiempos y que garantiza la existencia de la nación a lo largo de la eternidad”, escribe el profesor de la Sorbona. Su ensayo acaba con una pregunta: “¿No es mucho más interesante la historia cuando los seres humanos la escogen que cuando la padecen?”.
LINK ORIGINAL  https://elpais.com/elpais/2019/07/19/ideas/1563535022_261422.html

jueves, 18 de julio de 2019

TRUMP Y EL REVIVAL DEL RACISMO


 

 

 EL RACISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS

 

 

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Aquelarre Económico

Por
José Manuel Suárez-Mier[1]
Excélsior 
CDMX, 18 de julio de 2019

La aparición de Trump en la escena política de EU con sus continuas pulsiones racistas ha obligado a revisar la discriminación que ha existido desde su fundación, y que revive una y otra vez a pesar de que se pensó que esa lacra fatal había sido superada al fin con Barack Obama en la presidencia.

Sus tuits recientes, conminando a 4 congresistas de diversos orígenes foráneos y tonos de pigmentación, pero nacidas o nacionalizadas en EU, a que “se larguen a sus países de origen” si no están contentas, son la última adición a sus muchas insolencias racistas, que inauguró insultando a los mexicanos.

En la historia de EU hay un buen número de pasajes racistas:
·      La importación masiva de esclavos negros durante casi dos siglos contrasta con la frase inicial de la Declaración de Independencia de Jefferson: “all men are created equal,” cuando tal definición se limitaba a los hombres blancos propietarios de bienes raíces.
·      74 años pasaron entre la fundación de EU y la liberación de los esclavos, que ocurrió en plena Guerra Civil para destrozar la economía de los sublevados.
·      En la Reconstrucción prevaleció la regla de “iguales pero separados” y persistió una fuerte exclusión de los negros, sobre todo en el Sur.
·      En el umbral del siglo XX los avances en integrar a la sociedad como parte de una agenda progresista, son seguidos siempre de reveses. Cuando estalla la inmigración europea a niveles de 9% de la población, vs 3% un siglo después surge el nativismo contra, sobre todo, católicos y judíos. 
·      El nativismo se exacerba al fin de la 1ª Guerra Mundial con la consolidación de EU como la gran potencia global, y sus lideres son la élite protestante, de origen anglosajón que propone el tratamiento “científico” para preservar la pureza de raza, y que llevó a las primeras leyes antinmigrantes de 1924.[2]
·      Surge con ímpetu la eugenesia, “ciencia que mejora la calidad de la población” mediante el control de su reproducción para elevar la probabilidad de rasgos hereditarios deseables. El área fue desarrollada primero por Francis Galton, como el método idóneo para elevar la calidad de la raza humana. Los nazis se basaron es estos trabajos para sustentar sus teorías raciales, que culminaron con la “solución final,” el exterminio de los judíos.
·      120 mil ciudadanos de EU de origen japonés, y en menor medida de raíz alemana e italiana fueron a campos de “internación” en la 2ª Guerra Mundial.
·      El movimiento negro para alcanzar la igualdad racial culminó en los años 1960s con la adopción, y efectiva aplicación de leyes contra la discriminación, y desde entonces se dieron avances que parecían irreversibles para extirpar la abominable discriminación de género y contra las minorías.

Ahora con Trump, y sin nadie que lo denuncie en el partido de Abrahán Lincoln que acabó la esclavitud, hoy tomado como rehén por los neo-nativistas, EU ha regresado a su más negro pasado racista.


[1] El autor es consultor en economía y finanzas internacionales en Washington DC y ha sido catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo:
[2] Ver el gran libro de Daniel Okrent The Guarded Gate, historia de la intolerancia y la eugenesia.

viernes, 28 de junio de 2019

THE COLLAPSE OF LIBERAL VALUES

Putin is right about the collapse of liberal values– but the EU shares the blame

Rightwing demagogues across the world, including in Europe, go unchecked. Darkness threatens to engulf us all

Vladimir Putin is right. When he celebrates the existential crisis of what he terms “liberalism”, his grounds for triumphalism are substantial. “The liberal idea has become obsolete,” he crows: he cheers on the anti-migrant backlash sweeping the western world, the onslaught against multiculturalism, and even endorses the ever-escalating campaign against trans people. If you were Putin, would you not be celebrating? His brand of authoritarianism is in the ascendancy: a rightwing populism based around a venerated strongman leader, where the trappings of democracy are kept for show, but where, in practice, the substance of democracy is hollowed out. Putinism could indeed be humanity’s future.Donald Tusk, the European council president, has shot back, voicing his staunch opposition to the “main argument that liberalism is obsolete”, claiming instead that: “For us in Europe, these are and will remain essential and vibrant values. What I find really obsolete are: authoritarianism, personality cults, the rule of oligarchs.”
What utter hypocrisy. Hungary – an EU state – is already de facto a Putinist nation: its authoritarian far-right leader Viktor Orbán, surrounded by similar oligarchs, flaunts what he calls an “illiberal democracy” that has shut down dissenting newspapers, persecuted NGOs, closed down an entire university, throttled the independence of the judiciary, whipped up hatred against migrants. Its rampant corruption has led to Hungary being widely labelled a kleptocracy, and it has indulged in wanton antisemitism.
Or consider Tusk’s own home nation, Poland, whose authoritarian rightwing government has also seized the judiciary, attacked media freedom, attempted to undermine the right to protest and indulged in rampant migrant-bashing. The EU has let them get away with it: as Michael Ignatieff, the rector of the Central European University – driven from Hungary by Orbán – puts it, the Hungarian nightmare enjoyed the “collusion and compliance” of the EU.

Consider Turkey, once described as an emerging democracy, but whose de facto dictator Recep Tayyip Erdoğan, who rules through a never-ending state of emergency, has locked up and persecuted journalists and opponents, and concentrated power in his hands. While a defeat for his chosen mayoral candidate in Istanbul is cause for celebration, the west has continued to arm and support Erdoğan as he throttles democracy and civil rights.

We can see, too, a wider trajectory. Italy’s far-right deputy prime minister Matteo Salvini – whose Northern League has soared in polls – has every chance of becoming the country’s leader in the near future. Brazil’s authoritarian far-right leader, Jair Bolsonaro, was the beneficiary of a successful conspiracy to prevent Lula da Silva – the nation’s progressive former president – from standing in elections he had every chance of winning. And look at the United States, whose demagogic leader locks children up in what the congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez has called “concentration camps”, attempts to institute a Muslim ban, posts videos suggesting he could be US president for all eternity, and exudes a rampantly authoritarian attitude.

And what about Britain? British exceptionalism – always drenched in chauvinism and myth – painted our nation as immune to authoritarian populist impulses. The aftermath of the Brexit referendum kills this lie: this is a country where newspapers denounce judges as “enemies of the people” and opponents as “saboteurs and traitors”; where our leaders denounce “citizens of nowhere”; where threats to prorogue parliament – a de facto coup d’état – become mainstream; and where rightwing populism continues its ascent.

When Putin ridicules the “claim now that children can play five or six gender roles”, he joins a deafening chorus of bigotry: from Trump banning trans soldiers to the escalating anti-LGBTQ backlash in Brazil. No wonder he is so cocky.

That isn’t to say that we existed in some fabled golden age before now. But there is no question that a great reverse is taking place: a lethal combination of a backlash against hard-won rights for women and minorities, and worsening economic and social insecurities being exploited by rightwing demagogues. The lights are going out – and if an alternative politics of hope fails, then darkness will consume us all.
Owen Jones is a Guardian columnist
LINK ORIGINAL
https://www.theguardian.com/commentisfree/2019/jun/28/putin-liberal-values-eu-blame-rightwing-demagogues

viernes, 14 de junio de 2019

POPULISMO GLOBALIZADO

Se ha convertido ya en una virtual marea negra de intolerancia y exclusión a niveles que no se veían desde antes de la Segunda Guerra Mundial

Por


Donald Trump, en una imagen de archivo.
Donald Trump, en una imagen de archivo. AP

Florece de este a oeste. El catálogo populista contemporáneo es prolífico: Duterte (Filipinas); Kaczynski (Polonia); Orban (Hungría); Salvini (Italia); Le Pen (Francia); Trump (EE UU); AMLO (México); Bolsonaro (Brasil) y —también es populista, pero de otro signo— Maduro. Y hay muchos más.

 

 

Ha empezado en Europa y suele responder a problemas reales: inseguridad, desempleo por los extranjeros, etc. Pero se ha convertido ya en virtual marea negra de intolerancia y exclusión en niveles que no se veían desde antes de la Segunda Guerra Mundial. Por sus planteamientos usualmente rebosantes de xenofobia, racismo, nacionalismo belicista, caudillismo e intolerancia, es variopinto, pero esencialmente de extrema derecha. Dentro de sus características esenciales destacan cuatro.

Primero: caudillismo, concentración de poder y desinstitucionalización. Líder que se sitúa —o busca hacerlo— por encima de y al margen de las instituciones, aspirando al control de todo y arrasando con el equilibrio de poderes en aras de la “eficacia”. En ello, la independencia de la justicia es una de las primeras cabezas sacrificadas para liberarse de controles incómodos y preservar la impunidad. Al tocar y agitar, eventualmente, fibras socialmente sensibles, transmite el mensaje de que ese(a) “alguien” tiene las cosas bajo su control.

Segundo: exacerbación de los sentimientos sociales identificando —simplista y arbitrariamente— “enemigos” y supuestas causas de problemas sociales a enfrentar. Y, a la vez, circulación mediática de panaceas y soluciones —usualmente radicales— también simplistas. Algunos ejemplos.

Le Pen: en la exacerbación de su discurso ante el temor ciudadano frente a la inmigración de personas de fe musulmana, su “medicina” es tan brutal como retrógrada: “erradicar el islam”. Textualmente lo ha repetido varias veces y gusta oírlo a mucha gente. Como si no hubiera cinco millones de musulmanes en Francia y como si los terroristas extremistas no fueran una ínfima minoría.

En Filipinas, desde hace tres años Duterte promueve públicamente —y casi a diario— las ejecuciones extrajudiciales de “sospechosos” desarmados y la “justicia por mano propia”. Analistas calculan que se habrían producido ya más de 20.000 ejecuciones extrajudiciales en su llamada “guerra contra las drogas”. Retirar a Filipinas de la Corte Penal Internacional es un “curarse en salud” buscando impunidad.

En el Brasil de Bolsonaro, el estancamiento de la economía hace que el discurso presidencial se concentre en el llamado a la justicia por mano propia y, acaso más sutilmente que Duterte, también en las ejecuciones extrajudiciales. Las cifras se están disparando. Ejemplo: 558 muertos por la policía, sólo en Río de Janeiro, en sus primeros cuatro meses de Gobierno.

Tercero: nacionalismo confrontativo a cualquier set de valores e instituciones internacionales o multilaterales. Todo en aras de un mundo sin reglas, desinstitucionalizado y que prevalezca la “ley” de lo que a cada cual crea convenirle. Tambalean los tratados y acuerdos internacionales y en la picota asuntos claves como —otra vez— los derechos humanos, el medioambiente o la paz internacional.

Cuarto: supresión y cercenamiento de las minorías y sus derechos. Se trate de extranjeros, minorías religiosas, comunicadores y periodistas o jueces independientes, se aspira a que todos sean barridos o arrinconados. Particularmente preocupante en su esencia antidemocrática y que lleva a ciertos líderes no necesariamente populistas a subirse a ese coche con actitudes o medidas desdichadas contra los inmigrantes venezolanos como las adoptadas recientemente en el Perú.

Escenario complejo, en fin, por las amenazas reales que plantea. Y reto para enfrentar, con métodos democráticos eficaces, los problemas reales de los que busca nutrirse este populismo en ascenso.
EL PAÍS

lunes, 18 de marzo de 2019

LA HISTÓRICA INMORALIDAD DEL CASTRISMO AL SERVICIO DE LA NEO-INMORALIDAD BOLIVARIANA





               THE NEW YORK TIMES

Nicolás Maduro usó a médicos cubanos y a los servicios de salud para presionar a los votantes




Yansnier Arias sabía que estaba mal. Violaba la constitución y además el juramento que hizo para ejercer como médico en Cuba.

Había sido enviado a Venezuela por el gobierno cubano: era uno de miles de médicos desplegados para reforzar los vínculos entre ambos aliados y para mitigar el colapso del sistema de salud en Venezuela.
 
Aunque con la reelección del presidente Nicolás Maduro en juego, no estaba permitido que todos recibieran tratamiento, dijo el doctor Arias.
Un paciente de 65 años con insuficiencia cardiaca llegó a la clínica y requería con urgencia de oxígeno, según Arias. Recordó que los tanques estaban listos, en otra habitación.
Pero señala que sus superiores cubanos y venezolanos le dijeron que el oxígeno debía usarse como arma política: no para las emergencias médicas del día, sino para repartirse cuando la elección estuviera más cerca, como parte de una estrategia nacional para obligar a los pacientes a votar por el gobierno.
El 20 de mayo de 2018, día de los comicios, estaba cerca y el mensaje era claro, recordó Arias: Maduro necesitaba ganar a toda costa.
“Sí había oxígeno, pero no me permitían usarlo”, dijo Arias, quien abandonó el programa médico del gobierno cubano a finales del año pasado y ahora vive en Chile. “Había que dejarlo para las elecciones”.
Maduro y sus partidarios han usado a su favor el colapso económico de la nación para mantenerse al mando de Venezuela: han tentado a votantes hambrientos con comida, han prometido subsidios adicionales con la victoria de Maduro y han exigido que la gente que acudiera a las urnas presentara los carnets de identificación partidista para el reparto de raciones del gobierno.
Pero quienes han participado en dichos ardides cuentan que Maduro y sus simpatizantes también han estado usando otra herramienta: el cuerpo médico internacional de Cuba.
Dieciséis integrantes de las misiones médicas cubanas a Venezuela —un elemento clave de las relaciones entre esos dos países— describieron un sistema de manipulación política deliberada en el que sus servicios se usaron para afianzar los votos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), a menudo a través de la coerción.
Se usaban muchas tácticas, dijeron los doctores, desde simples recordatorios para votar por el gobierno hasta denegar tratamiento a los simpatizantes de la oposición que tienen enfermedades mortales.


Pacientes en un hospital en San Cristóbal, Venezuela, en febrero de 2019 
Foto: Credit Meridith Kohut para The New York Times

Los médicos cubanos comentaron que se les ordenó ir puerta por puerta en barrios pobres para ofrecer medicinas y advertir a los residentes que se les cortaría el acceso a los servicios médicos si no votaban por Maduro o por sus candidatos.
Muchos dijeron que sus superiores les instruyeron a hacer las mismas amenazas en consultas a puerta cerrada con pacientes que buscaban tratamiento para enfermedades crónicas.
Una exsupervisora cubana indicó que ella y otros trabajadores médicos extranjeros recibieron carnets de votación falsos para participar en una elección. Otra doctora dijo que les ordenaron dar instrucciones precisas sobre el voto a pacientes de edad avanzada cuyas enfermedades los hacían susceptibles a la manipulación.
“Son cosas que no debimos haber hecho nunca en la vida”, dijo. Como otros de los entrevistados, habló con la condición de mantener el anonimato por temor a que ella y sus familiares enfrenten represalias por parte de las autoridades cubanas o venezolanas.
Los recuentos de la manipulación y el fraude subrayan los múltiples desafíos a la legitimidad de Maduro como presidente. Después de su toma de posesión para un segundo mandato, en enero, la legislatura controlada por la oposición declaró a su líder, Juan Guaidó, como el presidente encargado y tildó a las elecciones de antidemocráticas.
Más de cincuenta países, incluido Estados Unidos, ahora reconocen a Guaidó como presidente, aunque Maduro mantiene las riendas del poder.
Los opositores de Maduro suelen acusar a Cuba, que desde hace mucho depende del petróleo venezolano, de apuntalar a su gobierno con el envío de agentes que trabajan en los servicios de inteligencia venezolanos con el fin de ayudar a su aliado ideológico a reprimir cualquier disensión.
Pero el uso de los médicos cubanos para ejercer el control político no es tan conocido, de acuerdo con los doctores. La práctica muestra de forma desfavorable un intercambio abarcador que supuestamente beneficia a todos los venezolanos, sin importar sus preferencias políticas.
El gobierno venezolano no respondió a las preguntas hechas al respecto por The New York Times, mientras que el gobierno cubano hizo notar que, durante décadas, sus doctores han sido celebrados debido a sus misiones médicas en todo el mundo, entre ellas las que involucran la lucha contra el ébola en África, la ceguera en América Latina y el cólera en Haití.
El gobierno cubano rechazó las afirmaciones de los médicos según las cuales fueron obligados a hacer estas campañas y conminados a amenazar a los pacientes con fines políticos en Venezuela; recalcó la “tarea honorable” que han cumplido.
“El impacto histórico de la cooperación en Venezuela se ve reflejada en las 1.473.117 vidas humanas que han sido salvadas”, indicó el gobierno. 
Pero los expertos en derechos humanos recalcan que ha habido un pacto especial entre Cuba y Venezuela durante las últimas dos décadas.
“El gobierno cubano quiere asegurarse de que el régimen venezolano sobreviva y está dispuesto a hacer todo a su alcance para apoyar a Maduro”, dijo José Miguel Vivanco, director del programa para las Américas de Human Rights Watch. “Es atroz”.

‘Esa es la forma de chantajearlos’

Al doctor Carlos Ramírez le encantaba su trabajo.
El cirujano dentista salió de Cuba camino a Venezuela orgulloso de la causa. Muchos de sus pacientes nunca habían visto antes a un odontólogo, dijo.
Pero odiaba una parte específica de su labor: cada fin de semana, recordó, les encargaban a él y a otros trabajadores médicos repartir medicamentos y reclutar votantes para el PSUV. Las visitas eran tan rutinarias que tenían un nombre: “Casa a casa”.



Carlos Ramírez, cirujano dentista
Foto: Credit Cristóbal Corral para The New York Times 
 

“Llegabas con vitaminas, sobre todo, y algunas pastillas para la presión arterial” y similares, dijo Ramírez, quien desertó y se fue a Ecuador después de seis años de trabajo. “Y ya que uno empezaba a congeniar, le preguntaba: ‘¿Sabe dónde está su colegio electoral? ¿Va a ir a votar?’”.

Los dieciséis integrantes del personal médico que fueron entrevistados confirmaron las visitas casa a casa que mezclaban política y salud.

Eran parte de Barrio Adentro, programa establecido por el expresidente Hugo Chávez en 2003 para procurar acceso al cuidado médico en barrios pobres de Venezuela. La nueva constitución aprobada en 1999 reconocía los servicios de salud como un derecho universal. Al volcar al país al servicio de los pobres, Chávez volteó hacia Cuba para conseguir al personal médico.

Para la isla, aún sacudida por el colapso de su anterior patrocinador, la Unión Soviética, era una transacción provechosa. Los doctores son la exportación más rentable de Cuba, con misiones médicas en más de sesenta países que le dan aproximadamente 8000 millones de dólares en efectivo. 

Venezuela pagó por los médicos con un recurso preciado: el petróleo.
Muchos venezolanos adoraban a Chávez. Así que en los primeros años Ramírez y otros doctores solamente eran instruidos para recordarles a los votantes que Chávez había asegurado que tuvieran sus medicinas y que debían agradecerle con los votos.

Pero, en 2013, Chávez falleció de cáncer. Su sucesor elegido, Maduro, no era ni remotamente tan popular y enfrentaba un fuerte desafío por parte de la oposición.
Ramírez y los otros doctores dijeron que entonces se les ordenó hacer una advertencia: si Maduro perdía la elección, el siguiente gobierno iba a romper su relación con Cuba y los venezolanos se quedarían sin cuidado médico.

“Con Chávez era difícil, pero con Maduro, de 2013 en adelante, esto se puso peor”, señaló otro doctor. “Esa es la forma de chantajearlos: ‘No vas a tener más medicamentos, no vas a tener más salud gratuita, no vas a tener más acceso a atención prenatal si estás embarazada’”.

Cuatro de los trabajadores de salud dijeron que el gobierno estableció “centros de comando electoral” dentro o cerca de las clínicas y que los operativos del PSUV enviaban a los doctores a ejercer presión entre los residentes.

Una añadió que el día en que Maduro fue votado para su primer mandato, vio a los oficiales abrir urnas y manipular los votos, incluyendo la destrucción de boletas marcadas para la oposición. Otra dijo que le pidieron, junto con algunos más, votar con credenciales falsas.

El 14 de abril de 2013 los funcionarios electorales declararon ganador a Maduro con 50,6 por ciento del voto, uno de los márgenes más apretados en años.

“Y yo me pregunto: ¿qué tiene que ver una doctora, que está haciendo trabajo humanitario, dando partes de cómo van las elecciones?”, dijo una de las médicas. “Eso se llama injerencia, no tiene otro nombre”.

Médicos falsos que repartían medicamentos

Para 2015, habían arreciado los vientos en contra para Maduro. Los precios internacionales del petróleo y la producción venezolana del crudo iban en caída. Había empezado la escasez de productos básicos. La oposición buscaba conseguir el control de la Asamblea Nacional y parecía encaminada a la victoria.

“Porque la oposición tenía todas las posibilidades de ganar, a nosotros se nos dio la tarea de salir a comprar votos”, explicó Raúl Manuel, médico cubano que ahora está en Brasil. “¿Comprar votos en qué sentido? Salir casa a casa con medicamentos”.

Manuel dijo que lo enviaron al estado de Barinas, donde nació Chávez. El sitio había empezado a rechazar al PSUV y el resentimiento hacia los doctores cubanos también iba en aumento por la percepción de su cercanía al gobierno chavista.

Cuando Manuel hizo sus visitas requeridas de casa en casa, algunos residentes le lanzaron a sus perros o llegaron a abrir la puerta armados, según él y otros médicos.
El día de la elección parlamentaria, Manuel dijo que lo enviaron a un bastión opositor. Cuando los primeros resultados anunciados mostraron a los opositores a la delantera se desató una pelea armada. Manuel dijo que terminó atorado en una calle sin salida mientras las balas volaban a su alrededor.

Llamó a su clínica para pedir ayuda, contó, pero el sitio estaba demasiado ocupado con el despliegue de doctores que movilizaban a los votantes a las casillas.

“Nos dijeron que no tenían autos para sacarnos de ahí”, dijo Manuel.
Añadió que, después del tiroteo, regresó a la clínica muy conmocionado y ahí se enteró de que funcionarios de otros departamentos, incluyendo de los ministerios de Deportes y de Cultura, también se hacían pasar como doctores en las visitas casa a casa.
“Nosotros, que éramos los médicos, debíamos prestarles las batas extra a esas personas”, recordó Manuel.

Agregó que los médicos falsos hasta repartieron medicamentos sin saber qué eran o cómo debían usarse.
“Estaban poniendo en riesgo la vida de muchas personas, se estaba poniendo en riesgo la vida de niños por una elección”, dijo Manuel.

Otro doctor cubano que estuvo en Barinas contó lo mismo: que los funcionarios del gobierno, vestidos como doctores, fueron desplegados con medicinas para conseguir votos.
Cuando se anunció el conteo de votos, el PSUV de Maduro había sido derrotado a nivel nacional y perdió su mayoría en el legislativo por primera vez desde 1999.
 
 

Partidarios de la oposición reunidos en Caracas a principios de marzo 
Credit Meridith Kohut para The New York Times

‘Así controlaban a la gente’

Para cuando Arias llegó, a finales de 2016, Venezuela iba cuesta abajo.

Por la implosión económica había una escasez crónica de alimentos. La inflación había golpeado con tanta fuerza que la gente pagaba con pilas de billetes que debían contarse con máquinas eléctricas en las cajas registradoras. El crimen y los asesinatos se dispararon.

Y luego estaban los hospitales. Como el gobierno no disponía de efectivo no podía importar medicinas básicas. Los cortes de agua significaban que los cirujanos debían lavarse con agua embotellada y sin jabón porque tampoco había.

Con la poca medicina que quedaba, los doctores enfocaron sus esfuerzos de proselitismo electoral en pacientes con enfermedades crónicas y que requerían de atención frecuente, dijo Arias.
“El asunto era con las enfermedades crónicas, en las que el paciente se muere si no recibe medicamento; así es como controlaban a la gente”, recordó Arias.
Maduro también luchaba por el control. Las protestas habían arrasado la capital durante meses y desencadenaron una represión por parte del gobierno en la que más de cien personas murieron en batallas callejeras.

Después de recibir amenazas de muerte por parte de pacientes, al doctor Arias lo enviaron a La Vela del Coro, un pueblo pesquero donde la escasez de alimentos había llevado a médicos y enfermeras a robar medicinas para intercambiarlas por abarrotes.
“Lo vi con mis propios ojos”, dijo al recordar cómo una enfermera cubana había intercambiado antibióticos por “un kilo de papas, un kilo de batatas”.

Los residentes de La Vela confirmaron que tanto los médicos cubanos como los venezolanos con frecuencia solían intercambiar medicinas por alimentos en el mercado negro.
A mediados de 2017 Maduro intentó consolidar su poder: organizó un referendo para que una segunda legislatura remplazara la Asamblea Nacional controlada por la oposición.
Como consideró que la votación era ilegal, la oposición se rehusó a participar, así que solo se presentaron candidatos completamente leales al presidente.

La nueva legislatura rápidamente marginó a la Asamblea Nacional y se embarcó en un agresivo plan para silenciar a los críticos de Maduro.
El gobierno introdujo un polémico sistema de identificación llamado Carnet de la Patria, que el Partido Socialista usó tanto para las votaciones como para recibir subsidios alimenticios. Maduro instó a los ciudadanos a tramitar el carnet para recibir provisiones y los oficiales del partido instalaron kioscos fuera de los lugares de sufragio para revisar los carnets después de que los ciudadanos emitían su voto.

Arias dijo que en las visitas a domicilio los médicos empezaron a registrar a las personas para el carnet. Pero estas identificaciones aterrorizaban a los venezolanos, quienes temían que el gobierno pudiera saber cómo habían votado y restringiera el acceso a los alimentos en represalia.

Antes de las elecciones para gobernador de ese año, Arias recordó a una paciente epiléptica en el hospital que necesitaba tratamiento pero había rechazado el Carnet de la Patria.

“¡No quiero tener nada que ver con esta patria! ¡No quiero nada que ver con Maduro!”, recuerda que gritaba. La dejaron ir sin darle medicamento, dijo, “porque era de la oposición”. 
Llegaron los resultados y el partido de Maduro obtuvo una victoria desigual al llevarse diecisiete de las veintitrés gubernaturas a pesar de que las encuestas habían anticipado derrotas.
“Hoy la patria se ha fortalecido”, dijo Maduro aquella noche.  

La oposición intimidada

En 2018 Maduro tuvo que dar la cara ante los votantes.

Se tomaron medidas para asegurar su victoria. A un contendiente, Leopoldo López, lo trasladaron del arresto domiciliario a una prisión militar. A otro, Henrique Capriles, se le prohibió postularse junto con la mayoría de los partidos de oposición.

Mientras la escasez empeoraba, Maduro prometió subsidios considerables para aquellos que usaban el Carnet de la Patria. Dijo abiertamente: “La cosa es dando y dando”.
Pero su gobierno retuvo otros bienes de primera necesidad.
El doctor Arias dijo que los suministros médicos, siempre escasos en La Vela, pronto desaparecieron pues se estaban acumulando hasta la elección de mayo. Dice que sus superiores querían inundar los hospitales con las provisiones justo antes de la votación para dar la impresión de que Maduro había solucionado el desabastecimiento.
“Cuando vinieron las elecciones apareció todo: medicina, gas, gasas para los vendajes, sueros para inyectar”, dijo. Los vecinos de La Vela que habían ido a la clínica confirmaron que esta fue abastecida de súbito antes de la elección.
El asunto de los tanques de oxígeno todavía le pesa al doctor Arias.
Dijo que discutió una y otra vez con sus colegas. “Sí había, pero no me permitían usarlo”.



Médicos protestan contra la precariedad laboral y la falta de equipo de salud en Caracas, 
Foto: Credit Meridith Kohut para The New York Times

2015. La situación se ha deteriorado aún más desde entonces. Ángel Villegas, el alcalde opositor de La Vela, dice que también a él le negaron medicinas y le dijeron que había desabastecimiento.
“Hay una gran cantidad de servicios en donde uno siente que sí, que toman en consideración el hecho de que uno sea de la oposición”, dijo.
A medida que el día de la elección se acercaba, los doctores siguieron desplegándose en apoyo a Maduro.
“Llegan a tu casa y te hacen esa serie de preguntas, tú te pones a pensar: ‘Oye, si contesto que no, puede que me quiten el beneficio’”, dijo una paciente que no quiso dar su nombre por temor a las represalias del gobierno. “Te deja abrumado no poder dar tu opinión con libertad”.

El 20 de mayo Maduro fue declarado vencedor y aseguró así un segundo periodo presidencial. Para Arias fue demasiado.
Llegó hasta Chile, se refugió en una iglesia, solicitó asilo y se puso a limpiar pisos en un hospital porque no lograba emplearse como médico.
“Pero ya en última instancia que no pueda ser médico, por lo menos quiero ser persona”, dijo.
No queda claro cuántos otros doctores han abandonado las misiones médicas de Cuba alrededor del mundo –los cálculos informales rondan los miles–, pero las consecuencias son desoladoras. Arias y los otros son considerados desertores por el gobierno cubano y no pueden volver a reunirse con sus familias.
Ramírez, el cirujano dental, es uno de los pocos médicos entrevistados que han vuelto a practicar su profesión, en un pequeño consultorio en Ecuador.
“Uno no se da cuenta de lo correcto hasta que abre los ojos”, dijo.