En la convención del Partido Republicano que tuvo lugar de lunes a jueves, quedó claro que en caso de perder la próxima elección, Donald Trump rechazará el resultado y denunciará que hubo fraude, por lo que grupos de la sociedad de EU se están organizando para resistir tal asalto a su democracia.
En efecto, en un evento sin precedente en el que Trump habló diario, cuando en todas las convenciones el candidato hacía un solo discurso, y su esposa e hijos también parlotearon la retahíla de mentiras y engendros que Trump usa hasta la saciedad, él y sus abyectos corifeos no perdieron la ocasión para repetir machaconamente que sólo podría perder en el caso de un fraude masivo.
Imaginemos una victoria cerrada de Joe Biden que Trump se niega a aceptar alegando fraude en los votos por correo, los que lleva tiempo denunciando e intentando bloquear, y que así llegamos al 20 de enero, día de la toma de posesión, con protestas masivas en las calles apoyando a ambos contendientes.
En este escenario, no se puede descartar que fanáticos trumpianos armados y furiosos de lo que ellos calificarán como un intento de golpe de Estado, se enfrenten con violencia a los partidarios de Biden. ¿Qué harían la policía y la guardia nacional, que a pesar de depender de cada estado se pueden federalizar?
Justo para explorar lo que podría pasar ante distintos escenarios se creó en junio pasado el Proyecto de Integridad de la Transición[2] (TIP, por sus siglas en inglés) que reunió a 100 expertos de ambos partidos para simular qué podría ocurrir el día después de la elección, analizando diversos posibles escenarios.
Este grupo simuló cuatro casos: una victoria decisiva de Biden; una victoria apretada de Biden; un resultado indeterminado, como el que sucedió en la elección del 2000, con la diferencia que ninguno de esos candidatos era presidente en funciones; y una victoria apretada de Trump. Con excepción de la primera opción, en todos los demás casos habría problemas muy graves.
Este grupo anticipa demandas judiciales; narrativas contrapuestas en los medios; intentos para detener la contabilidad de los votos; y protestas callejeras atrayendo partidarios de ambos lados con elevadas probabilidades de violencia física, sobre todo porque Trump alienta a sus fieles a tomar las armas.
El ejercicio realizado por el TIP destacó las fallas del sistema electoral de EU, desde procedimientos desvencijados, propios del siglo 18, hasta la polarización aguda de las contiendas políticas en la era del internet y de medios sociales que le abren una plataforma de acceso igualitario a extremistas e ignorantes.
Mi querido colega de American University Bob Pastor, al que mucho extrañamos, escribió un ensayo[3] en 2012 en el que comparó los sistemas electorales de México y EU realzando ocho ventajas del primero, empezando por la ciudadanización masiva de los procesos electorales y el financiamiento público de las campañas.
Vale la pena releerlo ante probables hecatombes electorales en EU y en 2021 también en México.
[1] Consultor en economía y estrategia en Washington DC y catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>
El
bloque comercial sudamericano está en crisis, pero ante el panorama
económico sombrío provocado por la pandemia es necesario actualizarlo y
fortalecerlo: la mejor vía para enfrentar la situación será hacerlo de
manera regional.
Para The New York Times
Por Nicolás Albertoni
Experto en integración regional de América Latina.
LOS ÁNGELES, Estados Unidos — A finales de abril, el gobierno de Argentina le comunicó a sus pares del Mercado Común del Sur (Mercosur) —el bloque comercial formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y que en conjunto serían el equivalente a la quinta economía del mundo—
que el país dejaría de participar “en las negociaciones de los acuerdos
comerciales en curso y de las futuras negociaciones”. A los pocos días,
Argentina revirtió su posición.
Las
señales encontradas de Argentina reavivaron las incertidumbres en un
bloque que ha estado en crisis en la última década. Pero,
paradójicamente, también abren una oportunidad. El sombrío panorama
económico por la pandemia del coronavirus ha hecho más urgente que nunca
la modernización del acuerdo para enfrentar mejor la crisis en
desarrollo.
Hace 29 años, en marzo de 1991, los cuatro países sudamericanos firmaron el Tratado de Asunción, que dio origen al Mercosur. Entonces, los miembros se propusieron establecer una zona de libre comercio y dar paso a la creación de una unión aduanera,
lo que implicaría contar con un arancel externo y una política
comercial externa comunes. Después, la idea era transitar a un mercado
común, a algo más parecido a la Unión Europea. Pero el Mercosur
solamente cumplió el primer objetivo, ser una zona de libre comercio.
Como el bloque no ha querido abandonar aún las intenciones de alcanzar
algún día una unión aduanera, todavía mantiene regulaciones que hacen
muy complejas las posibles negociaciones bilaterales con otros países
sin el consentimiento de los demás miembros. De ahí la necesidad
apremiante de modernizar el acuerdo.
Este
debate tendrá que suceder mientras el continente atraviesa un momento
de gran debilidad. El impacto de la pandemia no tendrá precedentes en la
región, tanto en términos sanitarios como socioeconómicos. El Banco
Interamericano de Desarrollo ajustó drásticamente las previsiones de crecimiento para América Latina y el Caribe:
en enero calculaba un crecimiento regional del PIB del 1,6 por ciento,
pero ahora estima una caída de entre el 1,8 y 5,5 por ciento.
La actual dislocación de los mercados financieros, la caída
de los precios de los productos básicos y la reducción de los flujos de
entrada de capital afectará especialmente a los países del Mercosur.
Este shock de oferta será
acompañado porla caída en la demanda, puesto que sus principales socios
comerciales también estarán afectados por la contracción económica (se
prevee un escenario donde los países desarrollados llevarán adelante
políticas comerciales más restrictivas). El Mercosur debe responder a
estas dificultades de manera coordinada, con más integración hacia el
interior y, al mismo tiempo, más apertura al mundo.
Argentina, en particular, necesita de un Mercosur sólido y actualizado. En medio de la negociación de su deuda pública, no puede darle la espalada a negociaciones comerciales que le permitirían dinamizar su economía en el futuro.
Durante el siglo pasado, todos los países que integran el bloque atravesaron por crisis económicas devastadoras en las que la hiperinflación,
la pobreza extrema y la desigualdad crearon estragos en la sociedad. No
podemos permitir que esto suceda de nuevo. La solución pasa por actuar
en conjunto.
El
problema es que, en muchos sentidos, la pandemia ha hecho que las
naciones se aíslen dentro de sus fronteras. Es importante decirlo: el
aislacionismo no es la solución. De esta crisis solo se saldrá con mayor
integración política y económica. Y saber aprovechar la integración que
ofrece un bloque como el Mercosur exige adaptarlo a los nuevos tiempos.
Esa modernización deberá tener como ejes centrales la claridad y la
transparencia para trazar un mapa de ruta que genere certezas y no más
incertidumbre de la que ya existe.
Hacerlo no es tan complicado si los socios son francos sobre la necesidad de hacer cambios.
En
primer lugar, los miembros deben dejar claro que los beneficios
regionales ya adquiridos no estarán en juego y para ello es vital
consolidar y profundizar la zona de libre comercio. Cumplido este paso,
se debería preparar la plataforma institucional para fomentar más
acuerdos internacionales, ya sea de forma bilateral o que se decidan
negociar en conjunto.
También
es necesario flexibilizar las condiciones de las negociaciones de
acuerdos que los miembros decidan abordar en bloque. En este sentido, un
precedente importante es el que se consideró para el recién concluido
acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que incluye la figura de
la ratificación bilateral.
Cuando un acuerdo se firme, cada país que lo ratifique podrá comenzar a
hacer uso del mismo sin necesidad de esperar a los demás miembros del
bloque. Esa modalidad —utilizada ya, aunque solo en pocos acuerdos—
debería ser la norma de aquí en adelante.
Por
otra parte, cada país del bloque debería tener la libertad de avanzar
bilateralmente en acuerdos con países que sean de su interés. Y para que
esto sea dentro de un marco equilibrado y transparente se podría
considerar, por ejemplo, cláusulas que favorezcan la lógica de la
transparencia más que de consulta o “veto”. Hay otros acuerdos regionales
que ya han creado mecanismos en los que se establece que si uno de los
socios desea comenzar un acuerdo comercial con un país externo al
bloque, solo deberá avisar (no consultar) a los socios antes de iniciar
las negociaciones. Mercosur debería remover la lógica de “veto” que hoy existe para generar una mayor dinámica comercial.
Por
la realidad regional y los inmensos desafíos que abrirá el nebuloso
horizonte post-COVID, es urgente que el Mercosur se modernice para
avanzar en conjunto su agenda de desarrollo. Los mecanismos de
integración podrían transformarse en espacios centrales para un mundo
que necesitará como nunca de coordinación y diálogos permanentes.
Nicolás Albertoni (@N_Albertoni)
es investigador del laboratorio de Economía Internacional y Seguridad
(SPECLab) de la Universidad del Sur de California y autor de tres libros
sobre la integración regional de América Latina.
El
Estado prácticamente no existe en México; no tiene recursos, ahorros,
ni vasos comunicantes con la mayoría de la población. La Covid-19
desnudará la necesidad más básica de construir un Estado
El mexicano promedio piensa que el Estado podría atender las
necesidades sanitarias y económicas que surjan por la Covid-19 si tan
solo dejara de gastar en programas sociales -o en la construcción de la
infame refinería Dos Bocas-. El presidente de México al parecer también
piensa que tenemos suficiente dinero porque se tienen fondos, declaró el
día de ayer, por hasta 400.000 millones de pesos.
Ambas
visiones están alejadas de la realidad. El Estado mexicano
prácticamente no existe y nos haría bien darnos cuenta pues, en caso de
que se presente una emergencia en salud, la comunidad internacional
deberá estar preparada para solidarizarse. Mucho países no tienen
recursos para dar batalla a la Covid-19 y necesitarán ayuda, no solo
préstamos.
México no tiene dinero. El presupuesto total del Estado mexicano es
de solo 6 billones de pesos, o de 23 puntos del PIB. Este nivel de gasto
es propio de países de África Subsahariana, no de un miembro de la OCDE
como es México. En promedio, en Latinoamérica los presupuestos de los
Estados son 22% más grandes. México tiene, en cambio, un Estado menor
que el de El Salvador, Kenya y Zimbabwe. España, para ponerlo en
perspectiva, tiene un Estado 78% mayor que el mexicano.
Es por ello que, aún bajo el supuesto de que se cancelara la
construcción de la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía,
el Tren Maya, el gasto en salud apenas podría aumentar en
aproximadamente 135.000 millones de pesos. Es decir, aún con ese dinero
México tendría un sistema de salud similar al promedio de los países del
Caribe o al de Estados como Jamaica y la República Dominicana. En
comparación, los Estados latinoamericanos de ingreso similar al de
México tienen un gasto promedio que es 56% superior.
México tampoco tiene suficiente dinero ahorrado. Los 400.000 millones
de pesos que López Obrador dice tener son parte fondos de
estabilización presupuestaria que no serán suficientes pues, de acuerdo a
los estimados de riesgo de la misma Secretaría de Hacienda, si la
economía mexicana se contrae al -4% y el tipo de cambio continúa arriba
de 24 pesos por dólar, se necesitará usar dos terceras partes de esos
fondos tan solo para mantener el mismo nivel de gasto en México.
Aún si México tuviera el dinero, el Estado carece de vasos
comunicantes con un gran porcentaje de la población. El 32% de la
población no tiene una cuenta bancaria, el 22% de la economía es
informal y el 56% de los trabajadores son informales. Incluso los
programas sociales se estima que llegan a 20 millones de personas, en un
país donde hay 54 millones de pobres.
Realmente, lo que sorprende no es la inexistencia del Estado
mexicano, sino que esta sea tan sigilosa y desconocida. Hay dos razones
detrás de ello.
La primera es la propaganda posrevolucionaria. El mito fundacional
del México contemporáneo es que el Partido Revolucionario Institucional
(PRI) -partido hegemónico que dominó la arena política por más de 70
años- pacificó al México revolucionario debido a su capacidad para
desarrollar múltiples vasos comunicantes con distintos bloques sociales.
Cada bloque fue convertido en un grupo corporativo y fue cooptado, dice
esta interpretación, de forma que el líder del PRI, que era también el
presidente de la república, aparentaba tener bajo su control un Estado
sólido, eficaz y omnipresente.
Revisiones históricas contemporáneas, como las realizadas por los
historiadores Paul Gillingham y Bejamin T. Smith, han hecho trizas esta
interpretación. Si bien es cierto que el PRI logró cooptar a importantes
fragmentos de la clase media urbana y de las clases trabajadoras,
generalmente los pobres rurales siempre estuvieron marginados y el
Gobierno no tenía capital político para recaudar impuestos. Así,
frecuentemente incapaz de financiar aspectos básicos como la
intervención militar o la cooptación política, el Estado mexicano era
débil -aún cuando se le pensaba retóricamente como una dictadura-.
La segunda razón por la que el Estado mexicano puede ser inexistente
en sigilo es porque las clases medias y altas, que poseen el control
interpretativo de la realidad política contemporánea, no tienen relación
alguna con el Estado. No lo conocen porque no tienen por qué conocerlo.
México es un país donde los servicios básicos están ampliamente
segmentados por nivel de ingreso. Las clases media y alta utilizan
escuelas, hospitales y hasta vías de comunicación privadas. Viven en
vecindarios blindados por bardas o por una gentrificación impenetrable.
En México, el Estado es eso que usan los que no tienen y, por tanto,
algo que los tomadores de decisiones conocen en estadísticas pero nunca
en carne propia.
En estas circunstancias, el Estado mexicano es un cadáver desconocido
para toda persona con un nivel adquisitivo suficientemente elevado como
para tener posibilidad de resucitarlo. Y la tragedia se esgrime sola.
No hay incentivo alguno para invertir en algo que no se conoce y no se
usa. El incentivo único es la caridad, o sea contribuir con la construcción del Estado mexicano es un bien de lujo.
Ha habido pocos momentos en la larga inexistencia del Estado mexicano
en que su ausencia ha quedado desnuda. La pandemia de la Covid-19
probablemente será una de ellas. México verá en carne propia que los
hospitales públicos son insuficientes y que los privados también.
La pregunta es si esto nos hará despertar. Hay quien dice que sí. Que
2020 será como 1985 cuando, cuenta la leyenda, la sociedad civil
reaccionó ante un terremoto devastador organizándose para proveer
servicios públicos. Ojalá sea así. De hecho, ojalá sea mejor. La
sociedad de 1985 obtuvo beneficios pero no creó un Estado. Tocará a 2020
ver el surgimiento de un Estado y para todos.
Viridiana Ríos es analista política y doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard.
Desde 14ymedio queremos
contribuir a la difusión veraz de la información sobre el coronavirus.
Somos conscientes de que no disponemos de muchas certezas hasta la
fecha, puesto que el virus es nuevo y las investigaciones en todo el
mundo empiezan a realizarse con los pocos datos disponibles, pero falta
literatura científica que pueda zanjar algunas cuestiones. Sin embargo,
queremos ayudar a contrastar información ante el riesgo de que los
cubanos puedan recibir propaganda o desinformación en un sistema
centralizado. Aquí les ofrecemos 14 preguntas y respuestas contrastadas.
¿Ha desarrollado Cuba una vacuna contra el coronavirus?
En estos momentos no hay ninguna vacuna para el
coronavirus. Ni Cuba ni ningún país la han desarrollado aún aunque hay
varios laboratorios en una veintena de países del mundo que trabajan en
ello. La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido que no estará
lista en al menos un año, ya que hay muchos estudios posteriores que
deben hacerse. Este fin de semana ha habido una polémica entre EE UU y
Alemania, ya que este país ha acusado a Washington de querer hacerse en
exclusiva con el ensayo de la farmacéutica CureVac.
¿Tiene Cuba «la cura» del coronavirus para los casos ya contagiados?
Los contagiados no desarrollan la enfermedad (son
asintomáticos) en un alto porcentaje, pero en torno a un 30 o 40% lo
hacen, siendo la neumonía la más peligrosa que, vinculada a enfermedades
crónicas (hipertensión, patologías coronarias, diabetes) y sistemas
inmunológicos deprimidos (en tratamiento por cáncer o portadores de VIH)
pueden complicarse suponiendo un riesgo vital. Los pacientes en esa
circunstancia están siendo tratados a lo largo del mundo con diferentes
medicamentos y terapias, pero hasta el momento ningún país tiene una
cura totalmente efectiva, porque depende en gran medida del momento en
que se detecte la enfermedad, del estado en que el enfermo llegue al
hospital y de su condición médica previa, así como de la atención médica
que pueda recibir, de ahí la importancia de no saturar hospitales.
¿Es el interferón una «cura» para el coronavirus?
En las últimas semanas ha circulado ampliamente en las
redes sociales la noticia de que el fármaco de producción cubana
Interferón alfa 2B, un antiviral descubierto por un suizo en 1979 en la Universidad de Zurich,
ha ayudado a miles de pacientes chinos a recuperarse de la neumonía
asociada al Covid-19. El detonante de esta información fue un tuit de
Miguel Díaz-Canel en el que aseguraba que era el «Interferón alfa 2B: El
medicamento cubano usado en China contra el coronavirus». Sin embargo,
el mensaje del mandatario no aclaró que se trataba de uno de los 30
medicamentos que estaba empleando el país asiático en el tratamiento de
esos pacientes.
Un día después de ese tuit, el diario Granma,
órgano oficial del Partido Comunista, añadió que el medicamento había
tenido «resultados palpables en la cura de más de 1.500 pacientes», pero
sin citar fuentes. Una investigación realizada por el sitio venezolano Efecto Cocuyo reveló
que la cifra se correspondía en realidad con la de pacientes que habían
logrado recuperarse de la enfermedad hasta el 6 de febrero, pero el
informe oficial chinodonde aparece por primera vez el dato «nunca atribuye su recuperación a la acción del medicamento cubano u otro tratamiento».
La Embajada de Cuba en China también difundió el mensaje,
el 5 de febrero, y elevó el protagonismo del fármaco en la lucha de las
autoridades chinas contra el Covid-19: «La Comisión de la Salud ha
seleccionado nuestro producto entre los usados en la lucha contra
#coronavirus», publicó en Twitter la sede diplomática en Pekín. Sin
embargo, en la página web de la empresa mixta chino-cubana ChangHeber,
con sede en la ciudad de Changchun, donde se fabrica el Interferón alfa
2b recombinante, no hay todavía ninguna información de su uso en pacientes con
coronavirus. En la web solo se menciona su eficacia para tratar la
hepatitis, leucemia, linfoma, papiloma y mieloma entre otros.
Las autoridades cubanas han esgrimido la masiva
fabricación local de Interferón alfa 2B como una de las principales
fortalezas del país ante el avance de la enfermedad, no obstante algunos
especialistas matizan esta aseveración. «El medicamento no va a evitar
que te infectes, no cura por sí solo la Covid-19 y aunque ha probado ser
útil para aliviar la sintomatología, no serán toneladas de interferón
las que nos salven en caso de que no se apliquen las medidas de
contención y mitigación pertinentes y, en consecuencia, se colapse el
sistema de salud»,advirtió el biólogo cubanoAmílcar Pérez Riverol.
¿Las altas temperaturas evitan el contagio?
Aunque hay varias teorías científicas que indican que el
virus no soporta temperaturas superiores a 28 grados, ninguna de ellas
ha sido demostrada hasta la fecha y la OMS sostiene que en cualquier
territorio puede circular el coronavirus mientras no se demuestre lo
contrario. Esto contradice la propaganda del Ministerio de Turismo que
está promoviendo Cuba como destino seguro por tener sol y playas.
Difundir esta información, actualmente, es irresponsable.
Solo durante la jornada de este domingo y después de que
el bulo del calor como «antídoto» ante el coronavirus había circulado
ampliamente, la televisión nacional cubana lanzó un desmentido. Para ese
momento, la publicidad engañosa de Havanatur y Cubatur ya había llegado
a miles de potenciales vacacionistas. En esa propaganda se habló
incluso de que «el agua de mar» mata las bacterias, lo cual hacía más
atractivo aún el destino Cuba, pero se trata de una confusión porque el
Covid-19 es un virus, no una bacteria.
¿Los turistas encontrarán en un Cuba un «destino seguro» y una atención médica gratuita y efectiva si enferman en la Isla?
No ha habido ningún pronunciamiento oficial de que los
turistas que sean hospitalizados en Cuba por síntomas de coronavirus
serán atendidos de manera gratuita. Bárbara Cruz Rodríguez, directora
general de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo de Cuba, aseguró que «los clientes que decidan venir a Cuba serán bien recibidos» y
«les daremos todos los servicios», una afirmación que apunta a que el
Gobierno puede estar planeando recaudar divisas en un momento en que las
arcas nacionales sufren una seria disminución de fondos.
A esto debe agregarse que, durante este fin de semana, la
turista italiana Marta Cavallo, quien está ingresada por sospecha de
coronavirus en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK),
denunció las condiciones que vive en ese centro hospitalario. «Estamos
en un hospital terrible, en condiciones sanitarias dramáticas, la sopa
nos piden que la tomemos del plato, ni siquiera hay papel higiénico… no
nos dan noticias de ningún tipo», escribió en Facebook.
¿Se puede mantener las fronteras
abiertas y la llegada de visitantes sin que esto influya en el número de
contagiados? ¿Los controles en el aeropuerto detectaron los primeros
casos de coronavirus?
Los controles de fronteras están siendo uno de los
recursos más empleados por la mayoría de los países, pero su éxito es
relativo. El cierre de fronteras ha sido empleado en China, que ha
logrado frenar la epidemia, pero no en Corea del Sur, que también está
consiguiéndolo. Puede ayudar porque limita la movilidad y, por tanto, la
distancia social que se está demostrando como efectiva, aunque no por
sí sola. Los controles en los aeropuertos son escasamente fiables a
pesar de que están utilizándose de forma masiva. La mayoría de los
contagiados son asintomáticos y muy especialmente en los primeros días,
cuando la carga viral es inferior. Incluso las pruebas pueden llegar a
no detectarla, induciendo a una falsa seguridad. La cuarentena, en
cambio, sí garantiza mayor seguridad sin inversión de recursos.
¿Mantener las clases puede ayudar a convertir las escuelas en lugares de detección?
Por lo general, la mayoría de países están procediendo a
cerrar escuelas. Aunque los niños parecen menos proclives a presentar
síntomas graves o enfermar, son portadores del virus de igual forma y
tienen un alto riesgo de transmitirlo por su socialización y menor
conciencia de la gravedad de la situación. Aunque se estimula a los
niños a lavarse las manos con frecuencia, se tocan entre ellos y muchas
superficies mientras juegan, por lo que los centros escolares son focos
de transmisión importantes. Además, el hecho de que no suelen presentar
síntomas añade una falsa sensación de seguridad. En algunos países con
poblaciones muy envejecidas, como Cuba, donde frecuentemente los abuelos
asumen el cuidado de los niños mientras los padres trabajan, podrían
además ser un riesgo añadido infectando a uno de los mayores grupos de
riesgo. Cuba tiene 1.125.000 de habitantes entre 60 y 69 años, 768.000
de 70 a 79 años y 392.000 de mayores de 80, tasas muy similares a Italia
o España, países azotados por el virus. Es un caso que se puede
aprender de España, donde ocurre lo mismo y se ha instado a que los
niños no visiten a sus abuelos.
¿La detección precoz basta para frenar el coronavirus?
En parte sí, pero en el caso de Cuba los cuatro casos
confirmados por coronavirus son personas que pasaron por los aeropuertos
sin que les fuera detectado ningún síntoma. Una de ellas, una boliviana residente en Milán, arribo
a la Isla el pasado 24 de febrero y estuvo en Santa Clara sin que fuera
detectada su enfermedad antes de que acompañara, el 8 de marzo, a su
esposo cubano que ya presentaba tos y fiebre. Para ese momento, la
turista había superado el coronavirus e interactuado con decenas de
personas.
De manera que aunque la detección precoz puede ayudar, las medidas de contención yrestricción de movilidad,entrada
al país, cuarentena y autoreclusión indican ser más efectivas para
ralentizar la velocidad de transmisión, intentando así no colapsar los
sistemas sanitarios.
¿Sirven los nasobucos de tela que distribuirán en Cuba como barrera ante el virus?
Hay diferentes tipos de nasobucos, la mayoría de los que
están al alcance de la población, como es el caso de las mascarillas de
tela que se planifica distribuir en la Isla, no impiden el contagio,
aunque sí la transmisión. Los infectados pueden usarlos para evitar
contagiar a otros, pero los sanos no pueden protegerse con estos
nasobucos. En cambio los clínicos son más eficaces, pero tampoco son la
única medida. Hay escasez en todo el mundo de mascarillas, aunque la
industria fabrica a marchas forzadas y China ha hecho envíos a varios
países que las necesitan. Cuba ya advirtió de que la falta de dinero le
impediría comprarlas.
¿Se puede usar ron para higienizar las manos?
Ante el desabastecimiento de jabón para lavarse las manos
y también de otros productos como el gel hidroalcohólico, los cubanos
están echando mano de otros productos para mantener la higiene.
Perfumes, colonias y hasta ron son algunos de ellos, pero es probable
que estas soluciones no protejan totalmente a quienes las usan.
Para higienizar las manos y eliminar virus se requiere
alcohol en bastante cantidad y también se necesita glicerina, según
advierten los expertos. Las pequeñas cajas ( tetrapack)
de ron Planchao o Silver Dry que muchos están usando como «gel» para
manos solo tienen un 36% de alcohol cuando se necesita una concentración
del 70%. Los especialistas reiteran que la mejor forma de protegerse
contra el coronavirus es lavar las manos con agua y jabón con
frecuencia, durante al menos 20 segundos cada vez.
¿Es útil beber alcohol o tomar bebidas calientes para evitar el contagio?
El bulo de que las bebidas calientes ayudan a prevenir el
coronavirus deriva directamente de la creencia de que la temperatura
influye. Como ya hemos dicho con anterioridad, no hay evidencia aún de
que el virus muera a 28 grados, pero además el sistema de infección no
está relacionado con la ingesta de líquidos. Incluso algunos médicos han
advertido que estos falsos trucos pueden ser contraproducentes si
afectan a las mucosas. En cuanto al alcohol, no solo tal teoría es
infundada sino muy peligrosa. En Irán la pasada semana murieron 36
personas intoxicadas por consumir alcohol creyendo que paraban el
contagio.
¿A cuánta distancia se puede estar del virus?
Una distancia totalmente segura es la que supera los dos
metros. El virus se transmite por los fluidos, como las gotas de saliva y
las secreciones nasales que suelta una persona que tose o estornuda,
esto es aproximadamente un metro. En caso de convivir con algún afectado
se deben tomar medidas como aislarse en una habitación y evitar
compartir baño, además de mantener la higiene de la vivienda y las
personas. Todas esas medidas son muy complicadas en el contexto de la
vivienda y los productos de higiene que se dan en Cuba. A lo que hay que
agregar que en la Isla son comunes las largas colas para comprar
productos básicos, el transporte público abarrotado y las oficinas de
trámites también colapsadas.
¿Pueden contagiarse los animales de compañía?
No. Las mascotas, como perros o gatos no se infectan con
el coronavirus y, de hecho, una de las excepciones al confinamiento en
países que lo han impuesto, como Italia o España, es la de sacar a los
perros aunque lo más rápido posible y siempre con una sola persona. Pese
a todo, conviene extremar la higiene lavándose muy bien las manos con
agua y jabón después de tocar a las mascotas.
¿Hay alguna técnica casera para testar si se está contagiado?
En algunos países ha corrido el bulo de que se puede
comprobar de forma sencilla si se ha sido infectado llenando los
pulmones y verificando que no se siente dolor en el costado al contener
la respiración durante 10 segundos. Ni esa ni ninguna otra prueba sirven
para autodiagnosticarse. Seguir las recomendaciones de las autoridades
sanitarias y, en caso de presentar síntomas, aislarse o consultar a los
médicos son las medidas que frenan la expansión del virus. Descartar la
enfermedad con este tipo de falsas pruebas solo puede contribuir a
propagar la infección.
Le Premier ministre hongrois Viktor Orban et le ministre italien de l'Intérieur
Matteo Salvini, 28 août 2018 à Milan.
afp.com/MARCO BERTORELLO
A 36 ans, il signe un diagnostic cinglant sur notre époque.
Rencontre avec le politologue germano-américain Yascha Mounk.
La traduction française du livre de
Yascha Mounk vient de paraître sous le titre Le Peuple contre la
démocratie, aux éditions de L'Observatoire. Son auteur, né en Allemagne
de parents polonais, et devenu américain, prétend offrir des aperçus
novateurs sur les transformations actuelles de la démocratie.
Si
Mounk est inquiet, c'est comme il l'explique dans la conversation qui
suit, parce que, tant dans le "Vieux continent" que dans le Nouveau
monde, "les critères qui garantissaient la stabilité des démocraties
sont fragilisés", tandis que les populistes "méprisant les règles de
base de la démocratie libérale" étendent leur influence politique et
idéologique presque partout. Et c'est aussi, bien sûr, parce que les
régimes constitutionnels et pluralistes semblent désarçonnés par
l'assaut illibéral.
YaschaMounk,
cela dit, échappe à la tentation du pessimisme radical,
démobilisateur. C'est un démocrate lucide. Il entend contribuer à la
"reconsolidation",autrement dit à la fortification des démocraties face à
la tempête populistequi, portée par Trump, essaime hors d'Amérique en
Europe. Rencontre avec unesprit combatif.
L'Express. Vous écrivez qu'il s'agit ni plus ni moins, aujourd'hui, de "sauver la démocratie". L'heure est-elle aussi grave ?
Yascha Mounk. Absolument.
On a beaucoup caricaturé l'essai de l'historien Francis Fukuyama qui
prédisait en 1992 "la fin de l'histoire" - c'est-à-dire la victoire de
la démocratie libérale dans le monde occidental, grâce à la prospérité
économique, l'avènement de gouvernements élus démocratiquement. On
oublie que la plupart des politologues de l'époque étaient du même avis.
Aujourd'hui, ces critères qui garantissaient la stabilité des
démocraties sont fragilisés : beaucoup de citoyens se détournent de ce
type de régime par mécontentement envers leurs institutions politiques,
tandis que les populistes méprisant les règles de base de la démocratie
libérale connaissent une ascension fulgurante dans presque tous les pays
occidentaux. En Europe, ils recueillaient environ 5 % des suffrages
dans les années 2000. Aujourd'hui, ils ont atteint 25 %. Ces
gouvernements populistes menacent très directement la démocratie. La
Hongrie, qui semblait à l'abri de cette involution, du fait de sa
richesse et de sa pratique des élections libres sur plusieurs années, a
basculé, avec son premier ministre Viktor Orban, dans ce qui ressemble à
une dictature élective.
Que s'est-il passé pour que la réalité apporte un tel démenti à la thèse de Fukuyama ?
A
l'époque de ce que vous avez appelé en France les "Trente Glorieuses",
chacun pouvait penser qu'il vivrait mieux que ses parents, et qu'il en
serait de même pour ses propres enfants. Cette foi dans le progrès
social a disparu. Tout comme s'est émoussée l'expérience, très forte, de
la solidarité entre les classes qu'ont connu les populations après le
traumatisme de la guerre. Enfin, les Etats européens étaient soit assez
homogènes du point de vue ethnique, soit avaient une conception
"mono-ethnique". Avec l'immigration, la donne a changé. Beaucoup de gens
ont l'impression que la culture de leur pays change sous la pression
des étrangers.
En Europe et aux Etats-Unis,
nous assistons, dites-vous, à une confrontation entre des démocraties
illibérales, comme la Hongrie, et des libéralismes a-démocratiques, dont
l'Union européenne serait un exemple. Quelle est sa nature ?
Notre
système politique démocratique repose sur deux objectifs fondamentaux.
D'une part, la défense des droits individuels - liberté d'expression, de
croyance, etc - garantie par la séparation des pouvoirs. D'autre part,
la souveraineté du peuple : les citoyens veulent que leur volonté soit
traduite dans les politiques menées. Or, depuis plusieurs décennies, le
premier objectif est correctement rempli, mais pas le second.
Pourquoi un tel échec ?
Premièrement,
nous sommes dans des sociétés tellement riches que les puissances de
l'argent ont acquis un pouvoir qu'elles n'avaient pas il y a quinze,
voire même vingt ans. Deuxièmement, la réalité économique et
internationale est devenue si complexe avec la mondialisation et la
technologie que les dirigeants ont besoin de technocrates, de banques
et d'agences indépendantes pour éclairer leurs décisions.
Malheureusement, les opinions publiques ont l'impression qu'elles sont
mises de côté. En Europe, ce libéralisme a-démocratique prend la forme
de l'Union européenne, mais les Etats-Unis ont aussi de nombreuses
institutions technocratiques qui n'ont rien à envier à la technocratie
bruxelloise. Les anti-européistes sont naïfs de croire que le peuple
aura le pouvoir une fois l'UE dissoute, car les réalités qui rendent ces
institutions nécessaires ne vont pas disparaître d'un coup de baguette
magique.
Comment expliquez-vous que les jeunes
Occidentaux soient aussi peu nombreux aujourd'hui à penser que la
démocratie, en dépit de ses imperfections, reste le meilleur des régimes
?
Les générations précédentes ont vécu la guerre ou ses
lendemains, elles savent ce que le fascisme et le communisme veulent
dire ; pour elles, lutter pour préserver la démocratie est naturelle.
Les jeunes, eux, n'ont pas cette mémoire. Ils voient les défauts de leur
système et se disent : pourquoi ne pas essayer autre chose ? Il faut
ajouter que la politique a aussi favorisé les "vieux" au détriment des
jeunes, qui peinent à trouver un emploi et à se loger.
Depuis
la reconstruction de l'ordre démocratique après la chute du nazisme,
l'Union européenne n'a-t-elle pas constitué un rempart contre le
déferlement du populisme ?
Oui, et je me sens
d'ailleurs très européen, moi qui suis né en Allemagne de parents
polonais, ai fait des études en Angleterre, ai vécu en France... L'Union
européenne a apporté une réponse remarquable au nationalisme expansif
et exclusif de la première partie du XXe siècle, mais je crains que son
actuel déficit démocratique réactive les nationalismes et la colère
populiste. Par ailleurs, le Brexit n'est pas un problème en soi -
l'Union peut parfaitement fonctionner avec un pays en moins ; en
revanche, la montée des gouvernements autoritaires dans de nombreux
Etats membres et le fait même que l'un des favoris pour la présidence de
la Commission européenne, Manfred Weber, soit un allié clé de Viktor
Orban, le Premier ministre hongrois, me préoccupent bien davantage.
Comment allez-vous expliquer à des citoyens français, allemands ou
espagnols qu'ils doivent partager leur souveraineté au sein de l'UE avec
un dictateur à Budapest ?
Peut-on parler d'une contamination populiste, à l'image de la "lepénisation des esprits" jadis dénoncée en France ?
Il
y a les populistes étiquetés comme tels, à l'image de Matteo Salvini en
Italie, et il y a, en effet, des politiciens qui commencent à copier la
droite populiste par calcul électoral, à l'image de Laurent Wauquiez
chez vous. Le risque est que ces partis établis se laissent entièrement
gagner par les idées populistes et deviennent, à terme, des ennemis de
la démocratie.
A-t-on
eu tort de considérer la question des inégalités uniquement comme un
enjeu de la justice sociale, alors qu'il s'agit aussi d'un enjeu
politique - le renforcement de la démocratie ? Macron est-il d'ailleurs
conscient de cet enjeu, d'après vous ?
Même des privilégiés qui ne placent pas au sommet de leur hiérarchie de valeurs la question de l'égalitédoivent
le reconnaître : une poursuite de la stagnation économique pour la
classe moyenne ne peut avoir que des conséquences politiques délétères.
Le populisme, qui, à court terme, peut la stimuler, obère toujours
l'économie sur le long terme, ainsi que nous le rappellent la Turquie ou
le Venezuela. La France, elle, a besoin de modernisation - ce que
Macron a très bien compris. Mais, simultanément, la nécessité de changer
les règles du capitalisme global se fait ressentir.
Le
"nationalisme inclusif" que vous préconisez doit rediriger les passions
politiques les plus négatives pour en faire les instruments d'une
"reconsolidation démocratique". Est-ce faisable ?
Faisable, je ne sais pas. Ce que je sais, c'est que l'utopieconsistant
à vaincre entièrement le
nationalisme n'est pas réalisable. Au cours de
ces vingt ou trente dernières années, le nationalisme est demeuré la
force la plus puissante, même dans les pays d'Europe occidentale. Le
nationalisme, à mes yeux, est comparable à une bête à moitié sauvage. On
ne peut jamais être sûr de son caractère inoffensif. Le mieux est
encore d'essayer de la domestiquer. Débarrassé de sa dimension
biologique, le nationalisme peut d'ailleurs être, dans cet horizon, une
force positive, qui permet d'aller au-delà des solidarités fondées sur
le sang et peut recréer un "collectif", un nous où un habitant
religieux de Strasbourg se sent solidaire de son concitoyen laïque de
Marseille. Le nationalisme inclusif, en définitive, c'est l'inverse du
nationalisme agressif de Trump, qui ne croit jamais qu'il puisse exister
entre l'Amérique et ses partenaires des "deal win-win".
Absolument ! C'est très bien résumé. Pour Trump, sa victoire équivaut à la défaite d'autrui.
Revenons à Macron. Au début d'une année décisive pour l'Europe, peut-il selon vous espérer gagner son pari ?
Sincèrement,
je ne sais pas... Il doit se battre sur deux fronts. Sa percée serait
un signal positif, qui signifierait que l'extrême droite n'est pas
arrivée en tête lors des élections européennes. D'un autre côté, il sait
que la bataille pour l'avenir de l'Europe réside dans la manière de
maîtriser l'ascension des gouvernements illibéraux dont la Hongrie
d'Orban fournit le modèle ; il y a pire qu'une victoire électorale des
populistes , c'est la perspective de voir, par exemple en Hongrie, le
Fidesz devenir une partie d'un bloc gouvernemental de droite extrémisée.
Les démocraties illibérales sont clairement démocratiques (des
élections libres s'y déroulent), mais très nettement a-libérales
(l'ouverture de champ du débat démocratique est très faible).
Justement.
L'UE gagnerait-elle à faire montre de davantage de fermeté vis-à-vis de
ces régimes, justement, selon vous. Petit à petit, la ligne rouge
n'est-elle pas devenue orange puis verte ?
Exactement !
En l'espace de cinq ans, on s'est mis à abandonner la référence à des
lignes rouges à ne pas dépasser. Orban se sent tout permis.
L'Italie est-elle en train de devenir le laboratoire des démocraties illibérales ?
Le
risque existe. L'Italie a été l'atelier des Républiques modernes, puis
le fourrier du fascisme mussolinien et, dans les années 90, la rampe de
lancement de la démagogie médiatique berlusconienne. Le "trumpisme"
marque actuellement des points dans la Péninsule. La question - qui se
pose aux politologues - est de savoir si, dès lors qu'elle parvient à un
certain niveau de prospérité, une démocratie est stabilisée et prémunie
contre les populismes. Francis Fukuyama pensait que oui. Les
illibéralismes actuels nous rappellent que non.
Le modèle républicain français peut-il être une sourced'inspiration pour contrer les populismes à l'échelle de l'Europe ?
Oui,
par son refus de ce que vous appelez, vous les Français, le
communautarisme. Une partie de la gauche a pris l'habitude d'insister
sur les différences entre les citoyens. C'est une erreur. La fierté
républicaine rappelle le bonheur de vivre en France. Mais inversement,
dans le modèle républicain de votre pays, on observe une difficulté à
prendre en compte l'ampleur réelle des discriminations réellement vécues
par les individus.
Le peuple contre la démocratie, de Yascha Mounk, Les éditions de l'Observatoire, 23,50 euros.
Francis Fukuyama : "Le meilleur carburant du populisme, c'est le dédain des élites"
Propos recueillis par Marc Epstein,
, mis à jour le
Francis Fukuyama, professeur en sciences politiques à l'université Stanford,
Californie (ici, en 2008).
REUTERS/
Larry Downing
Il y a trente ans, avant la chute du Mur, il annonçait la "fin
de l'histoire" et le triomphe de la démocratie. Analyse nuancée
désormais, à l'aune de la vague populiste.
Quelques mois avant l'éclatement du bloc soviétique en Europe centrale, en 1989, Francis Fukuyama, alors conseiller de l'administration Reagan, publie dans la revue The National Interest un article qui fait sensation : La fin de l'histoire ?
Il y prédit la mort de l'utopie communiste et l'avènement d'un
consensus universel autour de la démocratie libérale et de l'économie de
marché. Une thèse qu'il développe ensuite dans un livre parfois
critiqué pour son excès d'optimisme, La fin de l'histoire et le dernier homme
(Flammarion, 1992). Désormais professeur de sciences politiques à
l'université Stanford, en Californie, il nuance son propos. Et décrypte
les causes de la vague populiste.
L'Express : Que retenez-vous, trente ans plus tard, de votre propre analyse?
Francis Fukuyama : Le
monde a beaucoup changé depuis 1989. Dans un premier temps, la chute
des régimes communistes a permis des avancées démocratiques rapides.
Depuis une quinzaine d'années, cependant, de nouveaux périls menacent le
modèle démocratique. À la montée en puissance de régimes autoritaires,
comme en Russie ou en Chine, s'ajoute le regain du populisme, notamment
en Europe et aux États-Unis. Ailleurs, nombre de pays en voie de
développement peinent à surmonter la corruption et la faiblesse de leur
gouvernance. Malgré ces évolutions, la démocratie libérale a gardé tous
ses attraits, me semble-t-il.
Qu'est-ce à dire ? La démocratie demeure-t-elle un idéal universel ?
Songez aux manifestations de rue en Algérie, au Soudan, en Arménie, au Venezuela...
Une majorité d'êtres humains aspirent à ne pas vivre sous un régime
tyrannique. On oublie que cela n'a pas toujours été le cas. Au XXe
siècle, avec l'enrichissement, les progrès de l'éducation et
l'interconnexion croissante du monde, une classe moyenne s'est
développée, surtout aux États-Unis et en Europe. Souvent propriétaires
de leur foyer, ses membres désirent participer au débat démocratique. La
Chine, de ce point de vue, demeure un mystère. Le pays compte une
classe moyenne de quelque 500 millions d'individus. Souhaitent-ils vivre
dans une société plus libre et démocratique ? Pas sûr. Sous Xi Jinping,
le Parti communiste a pu restreindre les libertés publiques sans
rencontrer de forte opposition. Reste que la Chine n'a pas connu de
véritable crise économique, ou de fort ralentissement de son activité.
Or cela se produira un jour, fatalement. Le régime conservera-t-il,
alors, sa légitimité ? Nul ne sait.
Comment expliquer la montée du populisme dans des démocraties pourtant anciennes ?
La
démocratie libérale reconnaît à tous les citoyens le droit de
participer à la gouvernance de la cité, et chacun d'entre eux y trouve
une forme de reconnaissance et de dignité. Mais le sentiment de
reconnaissance d'un individu et sa dignité peuvent aussi reposer sur une
facette de son identité : sa nation d'origine, sa religion, son
orientation sexuelle... Les leaders populistes s'appuient sur ces
reconnaissances partielles, en quelque sorte. Quand Viktor Orban
explique que la nationalité hongroise doit être fondée sur l'ethnicité,
il s'adresse à une partie de l'électorat en fonction de ses origines.
D'où son dédain affiché envers l'Union européenne, soit dit en passant,
car l'UE a facilité les mouvements de migration et affaibli l'idée même
d'une identité nationale.
Chacun de nous a des
identités multiples. Vous-même êtes un père de famille américain,
universitaire, porteur d'un nom d'origine japonaise...
Oui,
et nos identités ne sont pas fixes. Mais elles pèsent un poids
politique croissant. Les membres de minorités raciales, par exemple, ont
le sentiment que leur dignité doit être mieux affirmée et reconnue.
C'est légitime, juste, nécessaire. Toutefois, ces aspects ne définissent
pas la totalité d'un individu. Les ennuis commencent quand, dans
l'Amérique de Trump, par exemple, le fait d'être un homme blanc occulte
l'importance du mérite et du bon respect des règles.
Si les revendications identitaires triomphent, que devient la démocratie représentative ?
Nous
avons besoin de leaders politiques qui se préoccupent des oubliés, des
vulnérables et des minoritaires, tout en célébrant ce que nous avons en
commun... Cela passe aussi par un meilleur enseignement de l'Histoire.
La
vague populiste est-elle réversible? Donald Trump, Boris Johnson et
d'autres sont récompensés, dans les enquêtes d'opinion, pour leurs
saillies "politiquement incorrectes" au sujet des femmes, des musulmans,
des personnes en situation de handicap...
Dans une
démocratie, les élections permettent de tourner la page. Si Trump devait
remporter la présidentielle de 2020 et rester au pouvoir pour un
nouveau mandat de quatre ans, j'y verrais un signe inquiétant pour la
démocratie américaine.
Les élites traditionnelles ont-elles compris l'enjeu ?
Les
électeurs des mouvements populistes sont souvent perçus comme des
racistes ou des xénophobes... Or c'est souvent faux. Les électeurs les
plus modestes ont des revendications légitimes : depuis plusieurs
années, certains ont vu leur pouvoir d'achat se déliter, leur situation
s'est précarisée, d'autres ont perdu leur emploi. Le meilleur carburant
du populisme, c'est le dédain des élites libérales à l'égard de ces
citoyens qui n'ont pas grand-chose à perdre. Ces questions ne sont pas
seulement d'ordre économique ; elles traduisent, je le répète, une soif
de dignité et de reconnaissance. Voilà pourquoi il ne suffira pas de
créer des emplois ou de relancer l'industrie. La dignité exige l'écoute.
J'ai été frappé de constater à quel point, au Royaume-Uni, lors de la
campagne pour le référendum sur le Brexit, les partisans du maintien
dans l'Union européenne semblaient faire la leçon à l'autre camp et
fustiger leur prétendu manque d'éducation.
Si une partie
de la population s'estime négligée et vote pour des leaders populistes
de droite, la gauche n'en porte-t-elle pas une part de responsabilité ?
De
fait, les inégalités se creusent. En toute logique, si les critères de
vote étaient uniquement d'ordre économique, les mouvements favorables à
une meilleure distribution des richesses auraient le vent en poupe. Or
ce n'est pas le cas. Les populistes de droite bénéficient d'une
popularité croissante car ils ont mieux compris l'importance des
questions de dignité et de communauté. Ils décrivent les citoyens comme
appartenant à une communauté nationale et n'éprouvent pas de honte
particulière à le formuler ainsi. A gauche, en revanche, le simple terme
de "nation" ravive les fantômes du nationalisme. Une grande partie de
la gauche européenne est cosmopolite ; elle invite à se préoccuper du
sort de réfugiés éloignés comme de celui de voisins dans le besoin.
C'est un discours compliqué à tenir, des années durant... La gauche doit
pouvoir parler de la nation. Non sur la base du sang, mais sur celle de
principes démocratiques.
À cet égard, le projet européen constitue-t-il un modèle à suivre?
Oui,
mais la question de l'identité n'a pas été réglée. Sur le Vieux
Continent, chacun se perçoit davantage comme Français, Grec ou Allemand
plutôt qu'Européen. A terme, toutefois, l'UE représente une forme de
modèle.
La démocratie doit-elle évoluer et devenir, par exemple, plus participative?
En
principe, nous souhaitons tous vivre dans une démocratie où les
citoyens sont fortement engagés. L'ennui, c'est que c'est irréaliste. La
plupart des êtres humains veulent gagner leur vie, élever leurs
enfants, pratiquer leurs hobbys, prendre des vacances... De plus, dans
une démocratie moderne, les choix à faire sont très complexes :
politique monétaire, politique de santé, que sais-je. Nous n'avons ni le
temps ni les compétences pour nous pencher sur ces sujets. Il est
logique de déléguer notre pouvoir. Et il est illusoire de penser que la
population dans son ensemble ferait de meilleurs choix que des
politiciens chevronnés.
Le populisme battu en brèche, vous y croyez ?
Voyez
Hongkong, l'Ethiopie, le Soudan, l'Algérie... La flamme de 1989 brille
toujours. D'autant que les leaders populistes sont souvent de piètres
dirigeants ! Dans une économie mondialisée, je ne crois pas trop au
protectionnisme et à la défense étroite de ses intérêts matériels. Pour
toutes ces raisons, je reste raisonnablement optimiste.