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miércoles, 26 de agosto de 2020

Aquelarre Económico

 

Trump no aceptará la derrota

 

José Manuel Suárez Mier[1]

 enviado para su publicación en Excélsior

el 27 de agosto de 2020

 

En la convención del Partido Republicano que tuvo lugar de lunes a jueves, quedó claro que en caso de perder la próxima elección, Donald Trump rechazará el resultado y denunciará que hubo fraude, por lo que grupos de la sociedad de EU se están organizando para resistir tal asalto a su democracia.

 

En efecto, en un evento sin precedente en el que Trump habló diario, cuando en todas las convenciones el candidato hacía un solo discurso, y su esposa e hijos también parlotearon la retahíla de mentiras y engendros que Trump usa hasta la saciedad, él y sus abyectos corifeos no perdieron la ocasión para repetir machaconamente que sólo podría perder en el caso de un fraude masivo.

 

Imaginemos una victoria cerrada de Joe Biden que Trump se niega a aceptar alegando fraude en los votos por correo, los que lleva tiempo denunciando e intentando bloquear, y que así llegamos al 20 de enero, día de la toma de posesión, con protestas masivas en las calles apoyando a ambos contendientes.

 

En este escenario, no se puede descartar que fanáticos trumpianos armados y furiosos de lo que ellos calificarán como un intento de golpe de Estado, se enfrenten con violencia a los partidarios de Biden. ¿Qué harían la policía y la guardia nacional, que a pesar de depender de cada estado se pueden federalizar?

 

Justo para explorar lo que podría pasar ante distintos escenarios se creó en junio pasado el Proyecto de Integridad de la Transición[2] (TIP, por sus siglas en inglés) que reunió a 100 expertos de ambos partidos para simular qué podría ocurrir el día después de la elección, analizando diversos posibles escenarios.

 

Este grupo simuló cuatro casos: una victoria decisiva de Biden; una victoria apretada de Biden; un resultado indeterminado, como el que sucedió en la elección del 2000, con la diferencia que ninguno de esos candidatos era presidente en funciones; y una victoria apretada de Trump. Con excepción de la primera opción, en todos los demás casos habría problemas muy graves.

 

Este grupo anticipa demandas judiciales; narrativas contrapuestas en los medios; intentos para detener la contabilidad de los votos; y protestas callejeras atrayendo partidarios de ambos lados con elevadas probabilidades de violencia física, sobre todo porque Trump alienta a sus fieles a tomar las armas.

 

El ejercicio realizado por el TIP destacó las fallas del sistema electoral de EU, desde procedimientos desvencijados, propios del siglo 18, hasta la polarización aguda de las contiendas políticas en la era del internet y de medios sociales que le abren una plataforma de acceso igualitario a extremistas e ignorantes.

 

Mi querido colega de American University Bob Pastor, al que mucho extrañamos, escribió un ensayo[3] en 2012 en el que comparó los sistemas electorales de México y EU realzando ocho ventajas del primero, empezando por la ciudadanización masiva de los procesos electorales y el financiamiento público de las campañas.

 

Vale la pena releerlo ante probables hecatombes electorales en EU y en 2021 también en México.



[1]   Consultor en economía y estrategia en Washington DC y catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>

lunes, 18 de mayo de 2020

ESTAREMOS TODAVIA A TIEMPO ?


         


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    Comentario

    La urgente modernización del Mercosur

    El bloque comercial sudamericano está en crisis, pero ante el panorama económico sombrío provocado por la pandemia es necesario actualizarlo y fortalecerlo: la mejor vía para enfrentar la situación será hacerlo de manera regional.


    Experto en integración regional de América Latina.

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    LOS ÁNGELES, Estados Unidos — A finales de abril, el gobierno de Argentina le comunicó a sus pares del Mercado Común del Sur (Mercosur) —el bloque comercial formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y que en conjunto serían el equivalente a la quinta economía del mundo— que el país dejaría de participar “en las negociaciones de los acuerdos comerciales en curso y de las futuras negociaciones”. A los pocos días, Argentina revirtió su posición.

    Las señales encontradas de Argentina reavivaron las incertidumbres en un bloque que ha estado en crisis en la última década. Pero, paradójicamente, también abren una oportunidad. El sombrío panorama económico por la pandemia del coronavirus ha hecho más urgente que nunca la modernización del acuerdo para enfrentar mejor la crisis en desarrollo.


    Hace 29 años, en marzo de 1991, los cuatro países sudamericanos firmaron el Tratado de Asunción, que dio origen al Mercosur. Entonces, los miembros se propusieron establecer una zona de libre comercio y dar paso a la creación de una unión aduanera, lo que implicaría contar con un arancel externo y una política comercial externa comunes. Después, la idea era transitar a un mercado común, a algo más parecido a la Unión Europea. Pero el Mercosur solamente cumplió el primer objetivo, ser una zona de libre comercio. Como el bloque no ha querido abandonar aún las intenciones de alcanzar algún día una unión aduanera, todavía mantiene regulaciones que hacen muy complejas las posibles negociaciones bilaterales con otros países sin el consentimiento de los demás miembros. De ahí la necesidad apremiante de modernizar el acuerdo.


    Este debate tendrá que suceder mientras el continente atraviesa un momento de gran debilidad. El impacto de la pandemia no tendrá precedentes en la región, tanto en términos sanitarios como socioeconómicos. El Banco Interamericano de Desarrollo ajustó drásticamente las previsiones de crecimiento para América Latina y el Caribe: en enero calculaba un crecimiento regional del PIB del 1,6 por ciento, pero ahora estima una caída de entre el 1,8 y 5,5 por ciento.



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    La actual dislocación de los mercados financieros, la caída de los precios de los productos básicos y la reducción de los flujos de entrada de capital afectará especialmente a los países del Mercosur. Este shock de oferta será acompañado porla caída en la demanda, puesto que sus principales socios comerciales también estarán afectados por la contracción económica (se prevee un escenario donde los países desarrollados llevarán adelante políticas comerciales más restrictivas). El Mercosur debe responder a estas dificultades de manera coordinada, con más integración hacia el interior y, al mismo tiempo, más apertura al mundo.


    Argentina, en particular, necesita de un Mercosur sólido y actualizado. En medio de la negociación de su deuda pública, no puede darle la espalada a negociaciones comerciales que le permitirían dinamizar su economía en el futuro.


    Durante el siglo pasado, todos los países que integran el bloque atravesaron por crisis económicas devastadoras en las que la hiperinflación, la pobreza extrema y la desigualdad crearon estragos en la sociedad. No podemos permitir que esto suceda de nuevo. La solución pasa por actuar en conjunto.


    El problema es que, en muchos sentidos, la pandemia ha hecho que las naciones se aíslen dentro de sus fronteras. Es importante decirlo: el aislacionismo no es la solución. De esta crisis solo se saldrá con mayor integración política y económica. Y saber aprovechar la integración que ofrece un bloque como el Mercosur exige adaptarlo a los nuevos tiempos. Esa modernización deberá tener como ejes centrales la claridad y la transparencia para trazar un mapa de ruta que genere certezas y no más incertidumbre de la que ya existe.


    Hacerlo no es tan complicado si los socios son francos sobre la necesidad de hacer cambios.
    En primer lugar, los miembros deben dejar claro que los beneficios regionales ya adquiridos no estarán en juego y para ello es vital consolidar y profundizar la zona de libre comercio. Cumplido este paso, se debería preparar la plataforma institucional para fomentar más acuerdos internacionales, ya sea de forma bilateral o que se decidan negociar en conjunto.



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    También es necesario flexibilizar las condiciones de las negociaciones de acuerdos que los miembros decidan abordar en bloque. En este sentido, un precedente importante es el que se consideró para el recién concluido acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que incluye la figura de la ratificación bilateral. Cuando un acuerdo se firme, cada país que lo ratifique podrá comenzar a hacer uso del mismo sin necesidad de esperar a los demás miembros del bloque. Esa modalidad —utilizada ya, aunque solo en pocos acuerdos— debería ser la norma de aquí en adelante.


    Por otra parte, cada país del bloque debería tener la libertad de avanzar bilateralmente en acuerdos con países que sean de su interés. Y para que esto sea dentro de un marco equilibrado y transparente se podría considerar, por ejemplo, cláusulas que favorezcan la lógica de la transparencia más que de consulta o “veto”. Hay otros acuerdos regionales que ya han creado mecanismos en los que se establece que si uno de los socios desea comenzar un acuerdo comercial con un país externo al bloque, solo deberá avisar (no consultar) a los socios antes de iniciar las negociaciones. Mercosur debería remover la lógica de “veto” que hoy existe para generar una mayor dinámica comercial.


    Por la realidad regional y los inmensos desafíos que abrirá el nebuloso horizonte post-COVID, es urgente que el Mercosur se modernice para avanzar en conjunto su agenda de desarrollo. Los mecanismos de integración podrían transformarse en espacios centrales para un mundo que necesitará como nunca de coordinación y diálogos permanentes.

    Nicolás Albertoni (@N_Albertoni) es investigador del laboratorio de Economía Internacional y Seguridad (SPECLab) de la Universidad del Sur de California y autor de tres libros sobre la integración regional de América Latina.

    LINK ORIGINAL





    http://curi.org.uy/la-urgente-modernizacion-del-mercosur-nicolas-albertoni/

jueves, 26 de marzo de 2020

CORONAVIRUS EN MEXICO.



 Coronavirus

El Estado mexicano que no existe

El Estado prácticamente no existe en México; no tiene recursos, ahorros, ni vasos comunicantes con la mayoría de la población. La Covid-19 desnudará la necesidad más básica de construir un Estado


El mexicano promedio piensa que el Estado podría atender las necesidades sanitarias y económicas que surjan por la Covid-19 si tan solo dejara de gastar en programas sociales -o en la construcción de la infame refinería Dos Bocas-. El presidente de México al parecer también piensa que tenemos suficiente dinero porque se tienen fondos, declaró el día de ayer, por hasta 400.000 millones de pesos.

Ambas visiones están alejadas de la realidad. El Estado mexicano prácticamente no existe y nos haría bien darnos cuenta pues, en caso de que se presente una emergencia en salud, la comunidad internacional deberá estar preparada para solidarizarse. Mucho países no tienen recursos para dar batalla a la Covid-19 y necesitarán ayuda, no solo préstamos.

México no tiene dinero. El presupuesto total del Estado mexicano es de solo 6 billones de pesos, o de 23 puntos del PIB. Este nivel de gasto es propio de países de África Subsahariana, no de un miembro de la OCDE como es México. En promedio, en Latinoamérica los presupuestos de los Estados son 22% más grandes. México tiene, en cambio, un Estado menor que el de El Salvador, Kenya y Zimbabwe. España, para ponerlo en perspectiva, tiene un Estado 78% mayor que el mexicano.

Es por ello que, aún bajo el supuesto de que se cancelara la construcción de la refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, el gasto en salud apenas podría aumentar en aproximadamente 135.000 millones de pesos. Es decir, aún con ese dinero México tendría un sistema de salud similar al promedio de los países del Caribe o al de Estados como Jamaica y la República Dominicana. En comparación, los Estados latinoamericanos de ingreso similar al de México tienen un gasto promedio que es 56% superior.

México tampoco tiene suficiente dinero ahorrado. Los 400.000 millones de pesos que López Obrador dice tener son parte fondos de estabilización presupuestaria que no serán suficientes pues, de acuerdo a los estimados de riesgo de la misma Secretaría de Hacienda, si la economía mexicana se contrae al -4% y el tipo de cambio continúa arriba de 24 pesos por dólar, se necesitará usar dos terceras partes de esos fondos tan solo para mantener el mismo nivel de gasto en México.

Aún si México tuviera el dinero, el Estado carece de vasos comunicantes con un gran porcentaje de la población. El 32% de la población no tiene una cuenta bancaria, el 22% de la economía es informal y el 56% de los trabajadores son informales. Incluso los programas sociales se estima que llegan a 20 millones de personas, en un país donde hay 54 millones de pobres.

Realmente, lo que sorprende no es la inexistencia del Estado mexicano, sino que esta sea tan sigilosa y desconocida. Hay dos razones detrás de ello.

La primera es la propaganda posrevolucionaria. El mito fundacional del México contemporáneo es que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) -partido hegemónico que dominó la arena política por más de 70 años- pacificó al México revolucionario debido a su capacidad para desarrollar múltiples vasos comunicantes con distintos bloques sociales. 
 Cada bloque fue convertido en un grupo corporativo y fue cooptado, dice esta interpretación, de forma que el líder del PRI, que era también el presidente de la república, aparentaba tener bajo su control un Estado sólido, eficaz y omnipresente.

Revisiones históricas contemporáneas, como las realizadas por los historiadores Paul Gillingham y Bejamin T. Smith, han hecho trizas esta interpretación. Si bien es cierto que el PRI logró cooptar a importantes fragmentos de la clase media urbana y de las clases trabajadoras, generalmente los pobres rurales siempre estuvieron marginados y el Gobierno no tenía capital político para recaudar impuestos. Así, frecuentemente incapaz de financiar aspectos básicos como la intervención militar o la cooptación política, el Estado mexicano era débil -aún cuando se le pensaba retóricamente como una dictadura-.

La segunda razón por la que el Estado mexicano puede ser inexistente en sigilo es porque las clases medias y altas, que poseen el control interpretativo de la realidad política contemporánea, no tienen relación alguna con el Estado. No lo conocen porque no tienen por qué conocerlo.

México es un país donde los servicios básicos están ampliamente segmentados por nivel de ingreso. Las clases media y alta utilizan escuelas, hospitales y hasta vías de comunicación privadas. Viven en vecindarios blindados por bardas o por una gentrificación impenetrable. En México, el Estado es eso que usan los que no tienen y, por tanto, algo que los tomadores de decisiones conocen en estadísticas pero nunca en carne propia.

En estas circunstancias, el Estado mexicano es un cadáver desconocido para toda persona con un nivel adquisitivo suficientemente elevado como para tener posibilidad de resucitarlo. Y la tragedia se esgrime sola. No hay incentivo alguno para invertir en algo que no se conoce y no se usa. El incentivo único es la caridad, o sea contribuir con la construcción del Estado mexicano es un bien de lujo.

Ha habido pocos momentos en la larga inexistencia del Estado mexicano en que su ausencia ha quedado desnuda. La pandemia de la Covid-19 probablemente será una de ellas. México verá en carne propia que los hospitales públicos son insuficientes y que los privados también.

La pregunta es si esto nos hará despertar. Hay quien dice que sí. Que 2020 será como 1985 cuando, cuenta la leyenda, la sociedad civil reaccionó ante un terremoto devastador organizándose para proveer servicios públicos. Ojalá sea así. De hecho, ojalá sea mejor. La sociedad de 1985 obtuvo beneficios pero no creó un Estado. Tocará a 2020 ver el surgimiento de un Estado y para todos.

Viridiana Ríos es analista política y doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard.
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viernes, 20 de marzo de 2020

14 falsedades sobre el coronavirus: algunas cubanas y otras universales





Intentamos despejar algunas de las dudas sobre el Covid-19 y desmontar falsas creencias que inundan las redes

Desde 14ymedio queremos contribuir a la difusión veraz de la información sobre el coronavirus. Somos conscientes de que no disponemos de muchas certezas hasta la fecha, puesto que el virus es nuevo y las investigaciones en todo el mundo empiezan a realizarse con los pocos datos disponibles, pero falta literatura científica que pueda zanjar algunas cuestiones. Sin embargo, queremos ayudar a contrastar información ante el riesgo de que los cubanos puedan recibir propaganda o desinformación en un sistema centralizado. Aquí les ofrecemos 14 preguntas y respuestas contrastadas.

¿Ha desarrollado Cuba una vacuna contra el coronavirus?

En estos momentos no hay ninguna vacuna para el coronavirus. Ni Cuba ni ningún país la han desarrollado aún aunque hay varios laboratorios en una veintena de países del mundo que trabajan en ello. La Organización Mundial de la Salud ya ha advertido que no estará lista en al menos un año, ya que hay muchos estudios posteriores que deben hacerse. Este fin de semana ha habido una polémica entre EE UU y Alemania, ya que este país ha acusado a Washington de querer hacerse en exclusiva con el ensayo de la farmacéutica CureVac.

¿Tiene Cuba «la cura» del coronavirus para los casos ya contagiados?

Los contagiados no desarrollan la enfermedad (son asintomáticos) en un alto porcentaje, pero en torno a un 30 o 40% lo hacen, siendo la neumonía la más peligrosa que, vinculada a enfermedades crónicas (hipertensión, patologías coronarias, diabetes) y sistemas inmunológicos deprimidos (en tratamiento por cáncer o portadores de VIH) pueden complicarse suponiendo un riesgo vital. Los pacientes en esa circunstancia están siendo tratados a lo largo del mundo con diferentes medicamentos y terapias, pero hasta el momento ningún país tiene una cura totalmente efectiva, porque depende en gran medida del momento en que se detecte la enfermedad, del estado en que el enfermo llegue al hospital y de su condición médica previa, así como de la atención médica que pueda recibir, de ahí la importancia de no saturar hospitales.

¿Es el interferón una «cura» para el coronavirus?

En las últimas semanas ha circulado ampliamente en las redes sociales la noticia de que el fármaco de producción cubana Interferón alfa 2B, un antiviral descubierto por un suizo en 1979 en la Universidad de Zurich, ha ayudado a miles de pacientes chinos a recuperarse de la neumonía asociada al Covid-19. El detonante de esta información fue un tuit de Miguel Díaz-Canel en el que aseguraba que era el «Interferón alfa 2B: El medicamento cubano usado en China contra el coronavirus». Sin embargo, el mensaje del mandatario no aclaró que se trataba de uno de los 30 medicamentos que estaba empleando el país asiático en el tratamiento de esos pacientes.

Un día después de ese tuit, el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, añadió que el medicamento había tenido «resultados palpables en la cura de más de 1.500 pacientes», pero sin citar fuentes. Una investigación realizada por el sitio venezolano Efecto Cocuyo reveló que la cifra se correspondía en realidad con la de pacientes que habían logrado recuperarse de la enfermedad hasta el 6 de febrero, pero el informe oficial chino donde aparece por primera vez el dato «nunca atribuye su recuperación a la acción del medicamento cubano u otro tratamiento».

La Embajada de Cuba en China también difundió el mensaje, el 5 de febrero, y elevó el protagonismo del fármaco en la lucha de las autoridades chinas contra el Covid-19: «La Comisión de la Salud ha seleccionado nuestro producto entre los usados en la lucha contra #coronavirus», publicó en Twitter la sede diplomática en Pekín. Sin embargo, en la página web de la empresa mixta chino-cubana ChangHeber, con sede en la ciudad de Changchun, donde se fabrica el Interferón alfa 2b recombinante, no hay todavía ninguna información de su uso en pacientes con coronavirus. En la web solo se menciona su eficacia para tratar la hepatitis, leucemia, linfoma, papiloma y mieloma entre otros.

Las autoridades cubanas han esgrimido la masiva fabricación local de Interferón alfa 2B como una de las principales fortalezas del país ante el avance de la enfermedad, no obstante algunos especialistas matizan esta aseveración. «El medicamento no va a evitar que te infectes, no cura por sí solo la Covid-19 y aunque ha probado ser útil para aliviar la sintomatología, no serán toneladas de interferón las que nos salven en caso de que no se apliquen las medidas de contención y mitigación pertinentes y, en consecuencia, se colapse el sistema de salud», advirtió el biólogo cubano Amílcar Pérez Riverol.

¿Las altas temperaturas evitan el contagio?

Aunque hay varias teorías científicas que indican que el virus no soporta temperaturas superiores a 28 grados, ninguna de ellas ha sido demostrada hasta la fecha y la OMS sostiene que en cualquier territorio puede circular el coronavirus mientras no se demuestre lo contrario. Esto contradice la propaganda del Ministerio de Turismo que está promoviendo Cuba como destino seguro por tener sol y playas. Difundir esta información, actualmente, es irresponsable.

Solo durante la jornada de este domingo y después de que el bulo del calor como «antídoto» ante el coronavirus había circulado ampliamente, la televisión nacional cubana lanzó un desmentido. Para ese momento, la publicidad engañosa de Havanatur y Cubatur ya había llegado a miles de potenciales vacacionistas. En esa propaganda se habló incluso de que «el agua de mar» mata las bacterias, lo cual hacía más atractivo aún el destino Cuba, pero se trata de una confusión porque el Covid-19 es un virus, no una bacteria.

¿Los turistas encontrarán en un Cuba un «destino seguro» y una atención médica gratuita y efectiva si enferman en la Isla?

No ha habido ningún pronunciamiento oficial de que los turistas que sean hospitalizados en Cuba por síntomas de coronavirus serán atendidos de manera gratuita. Bárbara Cruz Rodríguez, directora general de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo de Cuba, aseguró que «los clientes que decidan venir a Cuba serán bien recibidos» y «les daremos todos los servicios», una afirmación que apunta a que el Gobierno puede estar planeando recaudar divisas en un momento en que las arcas nacionales sufren una seria disminución de fondos.
A esto debe agregarse que, durante este fin de semana, la turista italiana Marta Cavallo, quien está ingresada por sospecha de coronavirus en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), denunció las condiciones que vive en ese centro hospitalario. «Estamos en un hospital terrible, en condiciones sanitarias dramáticas, la sopa nos piden que la tomemos del plato, ni siquiera hay papel higiénico… no nos dan noticias de ningún tipo», escribió en Facebook.

¿Se puede mantener las fronteras abiertas y la llegada de visitantes sin que esto influya en el número de contagiados? ¿Los controles en el aeropuerto detectaron los primeros casos de coronavirus?

Los controles de fronteras están siendo uno de los recursos más empleados por la mayoría de los países, pero su éxito es relativo. El cierre de fronteras ha sido empleado en China, que ha logrado frenar la epidemia, pero no en Corea del Sur, que también está consiguiéndolo. Puede ayudar porque limita la movilidad y, por tanto, la distancia social que se está demostrando como efectiva, aunque no por sí sola. Los controles en los aeropuertos son escasamente fiables a pesar de que están utilizándose de forma masiva. La mayoría de los contagiados son asintomáticos y muy especialmente en los primeros días, cuando la carga viral es inferior. Incluso las pruebas pueden llegar a no detectarla, induciendo a una falsa seguridad. La cuarentena, en cambio, sí garantiza mayor seguridad sin inversión de recursos.

¿Mantener las clases puede ayudar a convertir las escuelas en lugares de detección?

Por lo general, la mayoría de países están procediendo a cerrar escuelas. Aunque los niños parecen menos proclives a presentar síntomas graves o enfermar, son portadores del virus de igual forma y tienen un alto riesgo de transmitirlo por su socialización y menor conciencia de la gravedad de la situación. Aunque se estimula a los niños a lavarse las manos con frecuencia, se tocan entre ellos y muchas superficies mientras juegan, por lo que los centros escolares son focos de transmisión importantes. Además, el hecho de que no suelen presentar síntomas añade una falsa sensación de seguridad. En algunos países con poblaciones muy envejecidas, como Cuba, donde frecuentemente los abuelos asumen el cuidado de los niños mientras los padres trabajan, podrían además ser un riesgo añadido infectando a uno de los mayores grupos de riesgo. Cuba tiene 1.125.000 de habitantes entre 60 y 69 años, 768.000 de 70 a 79 años y 392.000 de mayores de 80, tasas muy similares a Italia o España, países azotados por el virus. Es un caso que se puede aprender de España, donde ocurre lo mismo y se ha instado a que los niños no visiten a sus abuelos.

¿La detección precoz basta para frenar el coronavirus?

En parte sí, pero en el caso de Cuba los cuatro casos confirmados por coronavirus son personas que pasaron por los aeropuertos sin que les fuera detectado ningún síntoma. Una de ellas, una boliviana residente en Milán, arribo a la Isla el pasado 24 de febrero y estuvo en Santa Clara sin que fuera detectada su enfermedad antes de que acompañara, el 8 de marzo, a su esposo cubano que ya presentaba tos y fiebre. Para ese momento, la turista había superado el coronavirus e interactuado con decenas de personas.
De manera que aunque la detección precoz puede ayudar, las medidas de contención y restricción de movilidad, entrada al país, cuarentena y autoreclusión indican ser más efectivas para ralentizar la velocidad de transmisión, intentando así no colapsar los sistemas sanitarios.

¿Sirven los nasobucos de tela que distribuirán en Cuba como barrera ante el virus?

Hay diferentes tipos de nasobucos, la mayoría de los que están al alcance de la población, como es el caso de las mascarillas de tela que se planifica distribuir en la Isla, no impiden el contagio, aunque sí la transmisión. Los infectados pueden usarlos para evitar contagiar a otros, pero los sanos no pueden protegerse con estos nasobucos. En cambio los clínicos son más eficaces, pero tampoco son la única medida. Hay escasez en todo el mundo de mascarillas, aunque la industria fabrica a marchas forzadas y China ha hecho envíos a varios países que las necesitan. Cuba ya advirtió de que la falta de dinero le impediría comprarlas.

¿Se puede usar ron para higienizar las manos?

Ante el desabastecimiento de jabón para lavarse las manos y también de otros productos como el gel hidroalcohólico, los cubanos están echando mano de otros productos para mantener la higiene. Perfumes, colonias y hasta ron son algunos de ellos, pero es probable que estas soluciones no protejan totalmente a quienes las usan.
Para higienizar las manos y eliminar virus se requiere alcohol en bastante cantidad y también se necesita glicerina, según advierten los expertos. Las pequeñas cajas ( tetrapack) de ron Planchao o Silver Dry que muchos están usando como «gel» para manos solo tienen un 36% de alcohol cuando se necesita una concentración del 70%. Los especialistas reiteran que la mejor forma de protegerse contra el coronavirus es lavar las manos con agua y jabón con frecuencia, durante al menos 20 segundos cada vez.

¿Es útil beber alcohol o tomar bebidas calientes para evitar el contagio?

El bulo de que las bebidas calientes ayudan a prevenir el coronavirus deriva directamente de la creencia de que la temperatura influye. Como ya hemos dicho con anterioridad, no hay evidencia aún de que el virus muera a 28 grados, pero además el sistema de infección no está relacionado con la ingesta de líquidos. Incluso algunos médicos han advertido que estos falsos trucos pueden ser contraproducentes si afectan a las mucosas. En cuanto al alcohol, no solo tal teoría es infundada sino muy peligrosa. En Irán la pasada semana murieron 36 personas intoxicadas por consumir alcohol creyendo que paraban el contagio.

¿A cuánta distancia se puede estar del virus?

Una distancia totalmente segura es la que supera los dos metros. El virus se transmite por los fluidos, como las gotas de saliva y las secreciones nasales que suelta una persona que tose o estornuda, esto es aproximadamente un metro. En caso de convivir con algún afectado se deben tomar medidas como aislarse en una habitación y evitar compartir baño, además de mantener la higiene de la vivienda y las personas. Todas esas medidas son muy complicadas en el contexto de la vivienda y los productos de higiene que se dan en Cuba. A lo que hay que agregar que en la Isla son comunes las largas colas para comprar productos básicos, el transporte público abarrotado y las oficinas de trámites también colapsadas.

¿Pueden contagiarse los animales de compañía?

No. Las mascotas, como perros o gatos no se infectan con el coronavirus y, de hecho, una de las excepciones al confinamiento en países que lo han impuesto, como Italia o España, es la de sacar a los perros aunque lo más rápido posible y siempre con una sola persona. Pese a todo, conviene extremar la higiene lavándose muy bien las manos con agua y jabón después de tocar a las mascotas.

¿Hay alguna técnica casera para testar si se está contagiado?

En algunos países ha corrido el bulo de que se puede comprobar de forma sencilla si se ha sido infectado llenando los pulmones y verificando que no se siente dolor en el costado al contener la respiración durante 10 segundos. Ni esa ni ninguna otra prueba sirven para autodiagnosticarse. Seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y, en caso de presentar síntomas, aislarse o consultar a los médicos son las medidas que frenan la expansión del virus. Descartar la enfermedad con este tipo de falsas pruebas solo puede contribuir a propagar la infección.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

SAUVER LA DEMOCRATIE

Le Premier ministre hongrois Viktor Orban et le ministre italien de l'Intérieur Matteo Salvini, le 28 août 2018 à Milan.
Le Premier ministre hongrois Viktor Orban et le ministre italien de l'Intérieur 
Matteo Salvini, 28 août 2018 à Milan.
afp.com/MARCO BERTORELLO


A 36 ans, il signe un diagnostic cinglant sur notre époque. Rencontre avec le politologue germano-américain Yascha Mounk.

La traduction française du livre de Yascha Mounk vient de paraître sous le titre Le Peuple contre la démocratie, aux éditions de L'Observatoire. Son auteur, né en Allemagne de parents polonais, et devenu américain, prétend offrir des aperçus novateurs sur les transformations actuelles de la démocratie.  

Si Mounk est inquiet, c'est comme il l'explique dans la conversation qui suit, parce que, tant dans le "Vieux continent" que dans le Nouveau monde, "les critères qui garantissaient la stabilité des démocraties sont fragilisés", tandis que les populistes "méprisant les règles de base de la démocratie libérale" étendent leur influence politique et idéologique presque partout. Et c'est aussi, bien sûr, parce que les régimes constitutionnels et pluralistes semblent désarçonnés par l'assaut illibéral. 


YaschaMounk, cela dit, échappe à la tentation du pessimisme radical, démobilisateur. C'est un démocrate lucide. Il entend contribuer à la "reconsolidation",autrement dit à la fortification des démocraties face à la tempête populistequi, portée par Trump, essaime hors d'Amérique en Europe. Rencontre avec unesprit combatif.  

L'Express. Vous écrivez qu'il s'agit ni plus ni moins, aujourd'hui, de "sauver la démocratie". L'heure est-elle aussi grave ? 

Yascha Mounk. Absolument. On a beaucoup caricaturé l'essai de l'historien Francis Fukuyama qui prédisait en 1992 "la fin de l'histoire" - c'est-à-dire la victoire de la démocratie libérale dans le monde occidental, grâce à la prospérité économique, l'avènement de gouvernements élus démocratiquement. On oublie que la plupart des politologues de l'époque étaient du même avis. Aujourd'hui, ces critères qui garantissaient la stabilité des démocraties sont fragilisés : beaucoup de citoyens se détournent de ce type de régime par mécontentement envers leurs institutions politiques, tandis que les populistes méprisant les règles de base de la démocratie libérale connaissent une ascension fulgurante dans presque tous les pays occidentaux. En Europe, ils recueillaient environ 5 % des suffrages dans les années 2000. Aujourd'hui, ils ont atteint 25 %. Ces gouvernements populistes menacent très directement la démocratie. La Hongrie, qui semblait à l'abri de cette involution, du fait de sa richesse et de sa pratique des élections libres sur plusieurs années, a basculé, avec son premier ministre Viktor Orban, dans ce qui ressemble à une dictature élective.  

Que s'est-il passé pour que la réalité apporte un tel démenti à la thèse de Fukuyama ?  
A l'époque de ce que vous avez appelé en France les "Trente Glorieuses", chacun pouvait penser qu'il vivrait mieux que ses parents, et qu'il en serait de même pour ses propres enfants. Cette foi dans le progrès social a disparu. Tout comme s'est émoussée l'expérience, très forte, de la solidarité entre les classes qu'ont connu les populations après le traumatisme de la guerre. Enfin, les Etats européens étaient soit assez homogènes du point de vue ethnique, soit avaient une conception "mono-ethnique". Avec l'immigration, la donne a changé. Beaucoup de gens ont l'impression que la culture de leur pays change sous la pression des étrangers.  

En Europe et aux Etats-Unis, nous assistons, dites-vous, à une confrontation entre des démocraties illibérales, comme la Hongrie, et des libéralismes a-démocratiques, dont l'Union européenne serait un exemple. Quelle est sa nature ?   

Notre système politique démocratique repose sur deux objectifs fondamentaux. D'une part, la défense des droits individuels - liberté d'expression, de croyance, etc - garantie par la séparation des pouvoirs. D'autre part, la souveraineté du peuple : les citoyens veulent que leur volonté soit traduite dans les politiques menées. Or, depuis plusieurs décennies, le premier objectif est correctement rempli, mais pas le second. 

Pourquoi un tel échec ?  

Premièrement, nous sommes dans des sociétés tellement riches que les puissances de l'argent ont acquis un pouvoir qu'elles n'avaient pas il y a quinze, voire même vingt ans. Deuxièmement, la réalité économique et internationale est devenue si complexe avec la mondialisation et la technologie que les dirigeants ont besoin de technocrates, de banques et d'agences indépendantes pour éclairer leurs décisions. Malheureusement, les opinions publiques ont l'impression qu'elles sont mises de côté. En Europe, ce libéralisme a-démocratique prend la forme de l'Union européenne, mais les Etats-Unis ont aussi de nombreuses institutions technocratiques qui n'ont rien à envier à la technocratie bruxelloise. Les anti-européistes sont naïfs de croire que le peuple aura le pouvoir une fois l'UE dissoute, car les réalités qui rendent ces institutions nécessaires ne vont pas disparaître d'un coup de baguette magique.  

Comment expliquez-vous que les jeunes Occidentaux soient aussi peu nombreux aujourd'hui à penser que la démocratie, en dépit de ses imperfections, reste le meilleur des régimes ?
  
Les générations précédentes ont vécu la guerre ou ses lendemains, elles savent ce que le fascisme et le communisme veulent dire ; pour elles, lutter pour préserver la démocratie est naturelle. Les jeunes, eux, n'ont pas cette mémoire. Ils voient les défauts de leur système et se disent : pourquoi ne pas essayer autre chose ? Il faut ajouter que la politique a aussi favorisé les "vieux" au détriment des jeunes, qui peinent à trouver un emploi et à se loger.  

Depuis la reconstruction de l'ordre démocratique après la chute du nazisme, l'Union européenne n'a-t-elle pas constitué un rempart contre le déferlement du populisme ?  

Oui, et je me sens d'ailleurs très européen, moi qui suis né en Allemagne de parents polonais, ai fait des études en Angleterre, ai vécu en France... L'Union européenne a apporté une réponse remarquable au nationalisme expansif et exclusif de la première partie du XXe siècle, mais je crains que son actuel déficit démocratique réactive les nationalismes et la colère populiste. Par ailleurs, le Brexit n'est pas un problème en soi - l'Union peut parfaitement fonctionner avec un pays en moins ; en revanche, la montée des gouvernements autoritaires dans de nombreux Etats membres et le fait même que l'un des favoris pour la présidence de la Commission européenne, Manfred Weber, soit un allié clé de Viktor Orban, le Premier ministre hongrois, me préoccupent bien davantage. Comment allez-vous expliquer à des citoyens français, allemands ou espagnols qu'ils doivent partager leur souveraineté au sein de l'UE avec un dictateur à Budapest ?  

Peut-on parler d'une contamination populiste, à l'image de la "lepénisation des esprits" jadis dénoncée en France ?  

Il y a les populistes étiquetés comme tels, à l'image de Matteo Salvini en Italie, et il y a, en effet, des politiciens qui commencent à copier la droite populiste par calcul électoral, à l'image de Laurent Wauquiez chez vous. Le risque est que ces partis établis se laissent entièrement gagner par les idées populistes et deviennent, à terme, des ennemis de la démocratie.  
A-t-on eu tort de considérer la question des inégalités uniquement comme un enjeu de la justice sociale, alors qu'il s'agit aussi d'un enjeu politique - le renforcement de la démocratie ? Macron est-il d'ailleurs conscient de cet enjeu, d'après vous ?  

Même des privilégiés qui ne placent pas au sommet de leur hiérarchie de valeurs la question de l'égalité doivent le reconnaître : une poursuite de la stagnation économique pour la classe moyenne ne peut avoir que des conséquences politiques délétères. Le populisme, qui, à court terme, peut la stimuler, obère toujours l'économie sur le long terme, ainsi que nous le rappellent la Turquie ou le Venezuela. La France, elle, a besoin de modernisation - ce que Macron a très bien compris. Mais, simultanément, la nécessité de changer les règles du capitalisme global se fait ressentir. 

Le "nationalisme inclusif" que vous préconisez doit rediriger les passions politiques les plus négatives pour en faire les instruments d'une "reconsolidation démocratique". Est-ce faisable ? 

Faisable, je ne sais pas. Ce que je sais, c'est que l'utopie consistant à vaincre entièrement le 
nationalisme n'est pas réalisable. Au cours de ces vingt ou trente dernières années, le nationalisme est demeuré la force la plus puissante, même dans les pays d'Europe occidentale. Le nationalisme, à mes yeux, est comparable à une bête à moitié sauvage. On ne peut jamais être sûr de son caractère inoffensif. Le mieux est encore d'essayer de la domestiquer. Débarrassé de sa dimension biologique, le nationalisme peut d'ailleurs être, dans cet horizon, une force positive, qui permet d'aller au-delà des solidarités fondées sur le sang et peut recréer un "collectif", un nous où un habitant religieux de Strasbourg se sent solidaire de son concitoyen laïque de Marseille. Le nationalisme inclusif, en définitive, c'est l'inverse du nationalisme agressif de Trump, qui ne croit jamais qu'il puisse exister entre l'Amérique et ses partenaires des "deal win-win". 

Trump, c'est "America alone", reproche Jean-Yves Le Drian. Vous êtes d'accord ? 

Absolument ! C'est très bien résumé. Pour Trump, sa victoire équivaut à la défaite d'autrui. 

Revenons à Macron. Au début d'une année décisive pour l'Europe, peut-il selon vous espérer gagner son pari ? 

Sincèrement, je ne sais pas... Il doit se battre sur deux fronts. Sa percée serait un signal positif, qui signifierait que l'extrême droite n'est pas arrivée en tête lors des élections européennes. D'un autre côté, il sait que la bataille pour l'avenir de l'Europe réside dans la manière de maîtriser l'ascension des gouvernements illibéraux dont la Hongrie d'Orban fournit le modèle ; il y a pire qu'une victoire électorale des populistes , c'est la perspective de voir, par exemple en Hongrie, le Fidesz devenir une partie d'un bloc gouvernemental de droite extrémisée. Les démocraties illibérales sont clairement démocratiques (des élections libres s'y déroulent), mais très nettement a-libérales (l'ouverture de champ du débat démocratique est très faible). 

Justement. L'UE gagnerait-elle à faire montre de davantage de fermeté vis-à-vis de ces régimes, justement, selon vous. Petit à petit, la ligne rouge n'est-elle pas devenue orange puis verte ? 

Exactement ! En l'espace de cinq ans, on s'est mis à abandonner la référence à des lignes rouges à ne pas dépasser. Orban se sent tout permis. 

L'Italie est-elle en train de devenir le laboratoire des démocraties illibérales ? 

Le risque existe. L'Italie a été l'atelier des Républiques modernes, puis le fourrier du fascisme mussolinien et, dans les années 90, la rampe de lancement de la démagogie médiatique berlusconienne. Le "trumpisme" marque actuellement des points dans la Péninsule. La question - qui se pose aux politologues - est de savoir si, dès lors qu'elle parvient à un certain niveau de prospérité, une démocratie est stabilisée et prémunie contre les populismes. Francis Fukuyama pensait que oui. Les illibéralismes actuels nous rappellent que non.  

Le modèle républicain français peut-il être une sourced'inspiration pour contrer les populismes à l'échelle de l'Europe ?  

Oui, par son refus de ce que vous appelez, vous les Français, le communautarisme. Une partie de la gauche a pris l'habitude d'insister sur les différences entre les citoyens. C'est une erreur. La fierté républicaine rappelle le bonheur de vivre en France. Mais inversement, dans le modèle républicain de votre pays, on observe une difficulté à prendre en compte l'ampleur réelle des discriminations réellement vécues par les individus. 

Le peuple contre la démocratie, de Yascha Mounk, Les éditions de l'Observatoire, 23,50 euros.

FUKUYAMA CONTINUE DANS LE BROUILLARD !!!


Le dossier de L'Express

Francis Fukuyama : "Le meilleur carburant du populisme, c'est le dédain des élites"

Propos recueillis par Marc Epstein,


Francis Fukuyama, professeur en sciences politiques à l'université Stanford, en Californie (ici, en 2008).
Francis Fukuyama, professeur en sciences politiques à l'université Stanford, 
Californie (ici, en 2008).

REUTERS/
Larry Downing

Il y a trente ans, avant la chute du Mur, il annonçait la "fin de l'histoire" et le triomphe de la démocratie. Analyse nuancée désormais, à l'aune de la vague populiste.

Quelques mois avant l'éclatement du bloc soviétique en Europe centrale, en 1989, Francis Fukuyama, alors conseiller de l'administration Reagan, publie dans la revue The National Interest un article qui fait sensation : La fin de l'histoire ? Il y prédit la mort de l'utopie communiste et l'avènement d'un consensus universel autour de la démocratie libérale et de l'économie de marché. Une thèse qu'il développe ensuite dans un livre parfois critiqué pour son excès d'optimisme, La fin de l'histoire et le dernier homme (Flammarion, 1992). Désormais professeur de sciences politiques à l'université Stanford, en Californie, il nuance son propos. Et décrypte les causes de la vague populiste. 

L'Express : Que retenez-vous, trente ans plus tard, de votre propre analyse? 

Francis Fukuyama : Le monde a beaucoup changé depuis 1989. Dans un premier temps, la chute des régimes communistes a permis des avancées démocratiques rapides. Depuis une quinzaine d'années, cependant, de nouveaux périls menacent le modèle démocratique. À la montée en puissance de régimes autoritaires, comme en Russie ou en Chine, s'ajoute le regain du populisme, notamment en Europe et aux États-Unis. Ailleurs, nombre de pays en voie de développement peinent à surmonter la corruption et la faiblesse de leur gouvernance. Malgré ces évolutions, la démocratie libérale a gardé tous ses attraits, me semble-t-il.  

Qu'est-ce à dire ? La démocratie demeure-t-elle un idéal universel ? 

Songez aux manifestations de rue en Algérie, au Soudan, en Arménie, au Venezuela... Une majorité d'êtres humains aspirent à ne pas vivre sous un régime tyrannique. On oublie que cela n'a pas toujours été le cas. Au XXe siècle, avec l'enrichissement, les progrès de l'éducation et l'interconnexion croissante du monde, une classe moyenne s'est développée, surtout aux États-Unis et en Europe. Souvent propriétaires de leur foyer, ses membres désirent participer au débat démocratique. La Chine, de ce point de vue, demeure un mystère. Le pays compte une classe moyenne de quelque 500 millions d'individus. Souhaitent-ils vivre dans une société plus libre et démocratique ? Pas sûr. Sous Xi Jinping, le Parti communiste a pu restreindre les libertés publiques sans rencontrer de forte opposition. Reste que la Chine n'a pas connu de véritable crise économique, ou de fort ralentissement de son activité. Or cela se produira un jour, fatalement. Le régime conservera-t-il, alors, sa légitimité ? Nul ne sait. 

 
Comment expliquer la montée du populisme dans des démocraties pourtant anciennes ? 

La démocratie libérale reconnaît à tous les citoyens le droit de participer à la gouvernance de la cité, et chacun d'entre eux y trouve une forme de reconnaissance et de dignité. Mais le sentiment de reconnaissance d'un individu et sa dignité peuvent aussi reposer sur une facette de son identité : sa nation d'origine, sa religion, son orientation sexuelle... Les leaders populistes s'appuient sur ces reconnaissances partielles, en quelque sorte. Quand Viktor Orban explique que la nationalité hongroise doit être fondée sur l'ethnicité, il s'adresse à une partie de l'électorat en fonction de ses origines. D'où son dédain affiché envers l'Union européenne, soit dit en passant, car l'UE a facilité les mouvements de migration et affaibli l'idée même d'une identité nationale.  

Chacun de nous a des identités multiples. Vous-même êtes un père de famille américain, universitaire, porteur d'un nom d'origine japonaise...

Oui, et nos identités ne sont pas fixes. Mais elles pèsent un poids politique croissant. Les membres de minorités raciales, par exemple, ont le sentiment que leur dignité doit être mieux affirmée et reconnue. C'est légitime, juste, nécessaire. Toutefois, ces aspects ne définissent pas la totalité d'un individu. Les ennuis commencent quand, dans l'Amérique de Trump, par exemple, le fait d'être un homme blanc occulte l'importance du mérite et du bon respect des règles.  

Si les revendications identitaires triomphent, que devient la démocratie représentative ? 

Nous avons besoin de leaders politiques qui se préoccupent des oubliés, des vulnérables et des minoritaires, tout en célébrant ce que nous avons en commun... Cela passe aussi par un meilleur enseignement de l'Histoire. 

La vague populiste est-elle réversible? Donald Trump, Boris Johnson et d'autres sont récompensés, dans les enquêtes d'opinion, pour leurs saillies "politiquement incorrectes" au sujet des femmes, des musulmans, des personnes en situation de handicap...  

Dans une démocratie, les élections permettent de tourner la page. Si Trump devait remporter la présidentielle de 2020 et rester au pouvoir pour un nouveau mandat de quatre ans, j'y verrais un signe inquiétant pour la démocratie américaine.  

Les élites traditionnelles ont-elles compris l'enjeu ? 

Les électeurs des mouvements populistes sont souvent perçus comme des racistes ou des xénophobes... Or c'est souvent faux. Les électeurs les plus modestes ont des revendications légitimes : depuis plusieurs années, certains ont vu leur pouvoir d'achat se déliter, leur situation s'est précarisée, d'autres ont perdu leur emploi. Le meilleur carburant du populisme, c'est le dédain des élites libérales à l'égard de ces citoyens qui n'ont pas grand-chose à perdre. Ces questions ne sont pas seulement d'ordre économique ; elles traduisent, je le répète, une soif de dignité et de reconnaissance. Voilà pourquoi il ne suffira pas de créer des emplois ou de relancer l'industrie. La dignité exige l'écoute. J'ai été frappé de constater à quel point, au Royaume-Uni, lors de la campagne pour le référendum sur le Brexit, les partisans du maintien dans l'Union européenne semblaient faire la leçon à l'autre camp et fustiger leur prétendu manque d'éducation.  

Si une partie de la population s'estime négligée et vote pour des leaders populistes de droite, la gauche n'en porte-t-elle pas une part de responsabilité ? 

De fait, les inégalités se creusent. En toute logique, si les critères de vote étaient uniquement d'ordre économique, les mouvements favorables à une meilleure distribution des richesses auraient le vent en poupe. Or ce n'est pas le cas. Les populistes de droite bénéficient d'une popularité croissante car ils ont mieux compris l'importance des questions de dignité et de communauté. Ils décrivent les citoyens comme appartenant à une communauté nationale et n'éprouvent pas de honte particulière à le formuler ainsi. A gauche, en revanche, le simple terme de "nation" ravive les fantômes du nationalisme. Une grande partie de la gauche européenne est cosmopolite ; elle invite à se préoccuper du sort de réfugiés éloignés comme de celui de voisins dans le besoin. C'est un discours compliqué à tenir, des années durant... La gauche doit pouvoir parler de la nation. Non sur la base du sang, mais sur celle de principes démocratiques.  

À cet égard, le projet européen constitue-t-il un modèle à suivre? 
  
Oui, mais la question de l'identité n'a pas été réglée. Sur le Vieux Continent, chacun se perçoit davantage comme Français, Grec ou Allemand plutôt qu'Européen. A terme, toutefois, l'UE représente une forme de modèle.  

La démocratie doit-elle évoluer et devenir, par exemple, plus participative? 

En principe, nous souhaitons tous vivre dans une démocratie où les citoyens sont fortement engagés. L'ennui, c'est que c'est irréaliste. La plupart des êtres humains veulent gagner leur vie, élever leurs enfants, pratiquer leurs hobbys, prendre des vacances... De plus, dans une démocratie moderne, les choix à faire sont très complexes : politique monétaire, politique de santé, que sais-je. Nous n'avons ni le temps ni les compétences pour nous pencher sur ces sujets. Il est logique de déléguer notre pouvoir. Et il est illusoire de penser que la population dans son ensemble ferait de meilleurs choix que des politiciens chevronnés.  
Le populisme battu en brèche, vous y croyez ? 

Voyez Hongkong, l'Ethiopie, le Soudan, l'Algérie... La flamme de 1989 brille toujours. D'autant que les leaders populistes sont souvent de piètres dirigeants ! Dans une économie mondialisée, je ne crois pas trop au protectionnisme et à la défense étroite de ses intérêts matériels. Pour toutes ces raisons, je reste raisonnablement optimiste. 
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