domingo, 14 de octubre de 2018

El Brasil en vilo



Bolsonaro afianza el liderazgo

 


DIARIO EL PAIS, 13/10/2018

Cuando los brasileños terminaron de votar el domingo pasado, habían desplazado a figuras poderosas de la política, partidos políticos que habían dominado desde hace años fueron reducidos a perdedores, y el populista de extrema derecha del Partido Social Liberal (PSL), Jair Bolsonaro, un militar retirado y diputado desde hace siete períodos, de 63 años, hizo impacto al triunfar por 18 puntos sobre Fernando Haddad, un académico de 55 años que reemplazó a Luiz Inácio Lula da Silva como candidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT). En síntesis, fue el cambio político más arrolador que Brasil ha visto desde que retornó la democracia en 1985.

"Lo que estamos observando es el colapso de nuestro sistema actual", indica María Herminia Tavares de Almeida, experta en ciencias políticas de la Universidad de São Paulo, a The New York Times.
Y, las primeras encuestas con vista al balotaje, en el que los brasileños votarán en exactamente dos semanas, apuntan a la victoria de Bolsonaro porque tiene una diferencia difícil de descontar.

"En la jerga de las empresas de encuestas, cuando los gráficos de línea muestran un diseño que distancia a un competidor de otro de manera clara, se dice el yacaré abrió la boca. Y, cuando la abre, es difícil de ser cerrada. El hecho es que una victoria de Haddad significaría cambiar en 15 días todo lo que el electorado brasileño hizo el domingo pasado, cuando barrió a figuras tradicionales de la política", señala el periodista de O Globo, Merval Pereira, en una columna publicada ayer. "La situación es tan grave, que el PT aceptó una derrota simbólica de relevancia, al permitir que Haddad borrara de su publicidad el rostro de Lula y, más que eso, cambiara el color rojo de la propaganda, por el verde y amarillo típico de la campaña de Bolsonaro".
Fernando Haddad participa, en San Pablo, de un encuentro con grupos vinculados con la cultura como parte de su movilización. Foto: ReutersFernando Haddad participa, en San Pablo, de un encuentro con grupos vinculados con la cultura como parte de su movilización. Foto: Reuters
 
Describe que ahora, la campaña del PT muestra a chicas y chicos con la camiseta de la selección brasileña, con la mano en el corazón en señal de respeto y mirando hacia el horizonte, "dignos del realismo socialista de los triempos de Stalin en la Unión Soviética. Y, la desaparición de la figura de Lula de los carteles hace recordar el hábito estalinista de borrar las fotos de los que caían en desgracia en el régimen comunista, mucho antes de la aparición del photoshop".

Pereira puntualiza: "Es claro que el PT no llegó a ese punto, y que Lula continúa siendo el gran líder".
Agrega que debido al alto grado de rechazo a Lula y al PT, el director de Ibope, Carlos Augusto Montenegro, señala que si el expresidente fuera candidato en la actualidad, podría perder la elección.

Eficacia.

A medida que digieren y analizan el nuevo panorama político después del resultado estremecedor de la primera vuelta electoral, los expertos en ciencias políticas y académicos coinciden en destacar que el fenómeno generado por Bolsonaro puede cambiar de manera definitiva la manera cómo se hacen las campañas electorales en Brasil. De forma contraria a lo que hicieron sus rivales que tuvieron mucho más tiempo de aparición en la televisión nacional —se les adjudica en función del tamaño del patido— y presentaron publicidad afinada, Bolsonaro desarrolló una campaña básica, de bajo costo e impulsada principalmente por las redes sociales. Sus adherentes crearon cientos de grupos en WhatsApp —que es usado por la amplia mayoría de los brasileños— para compartir información de la movilización, anécdotas, memes y teorías conspirativas.

Victor Piaia, un sociólogo de la Universidad Estatal de Río de Jeniro, que estudia la comunicación política, indica a The New York Times que no resulta claro el grado de coordinación que la campaña tuvo con los grupos de chat. Pero, precisa que es evidente el papel que jugó para manejar la narrativa política y se benefició de una plataforma de mensajes que tiene un efecto de amplificación. Agregó que este tipo de comunicación es menos en escala jerárquica, debido a que "todos son los curadores de su propio contenido, y eso hace que la información que se distribuya resulta más atractiva".

Por ejemplo, Piaia menciona la eficacia que mostró la campaña de Bolsonaro para dirigir el voto, porque "mientras otros partidos políticos distribuían panfletos en las calles, su campaña dedicó varias semanas a enviar mensajes a través de los grupos de WhatsApp con los nombres de los candidatos que apoyaba".
Bolsonaro no pudo participar de gran parte de la movilización electoral, debido al ataque del que fue víctima el 6 de septiembre, en un acto en Minas Gerais, y que le causó heridas graves. Su presencia en la campaña se concretó a través de las redes sociales y con difusión de mensajes precisos en videos.

El viernes, Bolsonaro agregó a su estrategia electoral la primera conferencia de prensa, en la que resaltó que va a jugar pesado en el problema de la inseguridad. "Vamos a enfrentar la inseguridad para que nuestro pueblo tenga paz, vamos a buscar países del primer mundo para aprovechar su tecnología y traer felicidad a nuestro pueblo", sostuvo.

Mientras, Haddad intenta reducir la diferencia que lleva Bolsonaro hacia el balotaje. Si bien se muestra optimista al asegurar que solo debe avanzar un poco más de ocho puntos para superar a su rival, sabe que la brecha es grande.

Por eso, entre otras acciones busca un acercamiento con la Iglesia Católica.

Asimismo, ha ratificado el apoyo a las políticas sociales que aplicaron los gobiernos del PT destinadas a los más necesitados y que permitieron sacar a unas 24 millones de personas de la pobreza.

Por otra parte, Haddad, anuncia que planea enviar al Congreso proyectos de ley para las reformas fiscal y bancaria, si es elegido en el balotaje.

También manifiesta que tiene el propósito de usar el 10% de las reservas de divisas extranjeras de Brasil para financiar proyectos de energía eólica y solar en el noreste del país.

Perspectiva.

Más allá de las posiciones divergentes que tienen los dos candidatos, los expertos en ciencias políticas Carlos Pereira, de la Fundación Gétulio Vargas y Carlos Ranulfo, de la Universidad Federal Minas Gerais, coinciden —en declaraciones que recoge la periodista de O Globo Miriam Leitão— que, al menos en un primer momento, la democracia no se encuentra en riesgo en Brasil.

Pereira señala que "tenemos instituciones muy sólidas", aunque puntualiza que si Haddad llega al gobierno e intenta limitar a las instituciones de contralor, la sociedad va a reaccionar, y si el presidente es Bolsonaro e intenta desprestigiar las instituciones legislativas, la sociedad también reaccionará. Advierte que esas reacciones tienden a llegar a una escala de otro nivel de violencia.

Por su parte, Ranulfo estima que "es claro que la democracia no está amenazada, pero no subestimo el riesgo de un eventual gobierno de Bolsonaro". En ese sentido dice que Bolsonaro tiene una mala relación con la democracia y estimula en la sociedad agresiones y violencia, lo que es parte de una corriente muy conocida en el mundo.

Rechazo: una manifestación contra Jair Bolsonaro, en San Pablo. Foto: AFPRechazo: una manifestación contra Jair Bolsonaro, en San Pablo. Foto: AFP
 
Pereira considera que si bien hay gran renovación del Congreso, la media de la cámara sigue siendo de centro-derecha, lo que daría más condiciones de gobernabilidad a Bolsonaro.
Pero, Ranulfo ve que, a pesar de la renovación, la tendencia es la misma con la cual el PT gobernó.
Pereira considera que habrá problemas si Bolsonaro intenta repetir el estilo del ex presidente Fernando Collor de Mello, de gobernar relacionándose directamente con el público, sin la intermediación legislativa ni de los partidos. 

FUENTES: O GLOBO-GDA, THE NEW YORK TIMES, AFP, EFE Y REUTERS

Temer confía en unidad del país tras la elección

"Tenemos que comprender que la elección es un momento político-electoral, en el que es natural que haya divergencia; lo que no puede haber es violencia", afirmó el presidente de Brasil Michel Temer, tras participar de una ceremonia de homenaje al 87° aniversario del Cristo Redentor de Río de Janeiro.>


"Tengo absoluta convicción de que, tras las elecciones, Brasil estará reunificado".>


"Es claro que cada vez que se habla de violencia tenemos que preocuparnos. Por eso, necesitamos combatirla como estamos haciendo todos", enfatizó.>

La jugada del PT para disociarse

La resistencia que suscita Lula en gran parte de la sociedad brasileña vuelve más difícil que su elegido Fernando Haddad construya una alianza de "fuerzas democráticas" para aislar a Jair Bolsonaro, al estilo del Frente Republicano formado en Francia, que bloqueó a la extrema derecha liderada por Jean-Marie y Marine Le Pen.

Quizás consciente de la situación, Luiz Inácio Lula da Silva pidió el martes pasado a Haddad que no siga visitándolo en la cárcel de Curitiba, como hacía todos los lunes, y que se dedique a la movilización electoral, de acuerdo con lo que manifestó la presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffman. Habrá que ver hasta qué punto Haddad logra autonomía de su mentor y qué repercusión tiene esa jugada de disociación en la intención de voto para el balotaje.

lunes, 8 de octubre de 2018

ONU: MAGOUILLES EN COULISSES




La salle XX, au Palais des Nations, à Genève, où vient d'avoir lieu la 39e session du Conseil des Droits de l'homme.


La salle XX, au Palais des Nations, à Genève, où vient d'avoir lieu la 39e session du Conseil des Droits de l'homme.
AFP PHOTO/Fabrice COFFRINI

Le Conseil des droits de l'homme, qui a cloturé sa 39e session, est fragilisé par les intrigues d'ONG de pacotille.


Les estrades sont démontées, les drapeaux, repliés. Et chacun s'est donné rendez-vous en mars prochain, pour la 40e session. Après deux semaines de débats et de tractations, le Conseil des droits de l'homme s'est achevé, comme à l'accoutumée, vendredi 28 septembre à Genève, par une série de résolutions. Plusieurs pays ont été condamnés, notamment la Birmanie. Sa responsabilité dans le massacre des Rohingya, ethnie musulmane installée dans l'ouest du pays, a été proclamée. "Pour la première fois, le Conseil a voté la mise en place d'une structure qui sera chargée de réunir des preuves du génocide, se réjouit un diplomate. La lutte a été farouche. D'un côté, l'Union européenne, alliée à l'Organisation de la coopération islamique ; de l'autre, la Chine, qui considère que la Birmanie fait partie de sa sphère d'influence et refuse toute ingérence étrangère dans ce pays. C'est une grande victoire pour la cause des droits de l'homme."


Voilà qui devrait mettre un peu de baume au coeur de Vojislav Suc. Car le président slovène n'a pas eu la partie facile depuis son arrivée, le 1er janvier dernier, à la tête du Conseil, l'un des principaux organes de l'Organisation des Nations unies (ONU), avec l'Assemblée générale et le Conseil de sécurité. Avant l'été, en effet, Vojislav Suc a dû gérer une crise majeure : le départ fracassant des Américains, poids lourds de cette institution, chargée, rappelons-le, de "promouvoir et de protéger les droits de l'homme autour du globe".

Décrié par les Américains

 

Les raisons de ce divorce ? D'abord, l'aversion de Donald Trump pour les relations multilatérales. Le président américain a retiré son pays des accords sur le climat et sur le nucléaire iranien, claqué la porte de l'Unesco, tourné le dos au traité de libre-échange transpacifique... Il entend mettre en oeuvre son slogan, "America first", et affirme son ambition de gouverner seul, sans être lié par une quelconque instance internationale. 

Depuis juin dernier, les Américains pratiquent la politique de la chaise vide.

Depuis juin dernier, les Américains pratiquent la politique de la
chaise vide.
REUTERS/Denis Balibouse
Ensuite, Trump est furieux du traitement qu'Israël subit au sein du Conseil. De fait, l'État hébreu est le seul pays à faire l'objet d'un examen permanent : cinq résolutions ont été votées contre lui, soit "davantage que toutes les résolutions contre la Corée du Nord, l'Iran et la Syrie", a rappelé Nikki Haley, l'ambassadrice américaine aux Nations unies, le 19 juin dernier, lors de l'annonce du "divorce". Enfin, Washington critique la présence, au sein du Conseil, de pays peu exemplaires en matière de droits de l'homme, tant s'en faut. "Pendant trop longtemps, le Conseil a protégé les auteurs de violations des droits de l'homme", a poursuivi Nikki Haley. Et d'évoquer la République démocratique du Congo, le Venezuela, la Chine ou l'Iran... Elle aurait pu ajouter l'Afghanistan, l'Arabie saoudite ou les Philippines.

Que faire des États voyous ? 

 

Les dictateurs et les États voyous ont-ils leur place dans ce sanctuaire ? La question se pose depuis la création, en 1946, de la Commission des droits de l'homme - l'ancêtre de l'actuel Conseil. A l'origine des textes fondateurs, comme la Déclaration universelle des droits de l'homme (1948), celle-ci a longtemps joué un rôle de vigie. Au fil des années, pourtant, la machine s'est grippée.

A coups de compromissions et de "renvois d'ascenseur", les autocrates du monde entier se sont protégés mutuellement, provoquant la paralysie de l'institution. Le génocide au Cambodge, entre 1975 et 1979, n'a fait l'objet d'aucune condamnation. Le drame rwandais, en 1994, est passé sous silence des années durant. Le paroxysme est atteint en 2003, lorsque la Libye de Kadhafi accède à la présidence : après six semaines de conciliabules, personne ne trouve à redire aux massacres russes en Tchétchénie ou à la répression castriste à Cuba...

Ridiculisée, la Commission des droits de l'homme met en péril la crédibilité de l'ONU. En 2005, son secrétaire général, alors Kofi Annan, choisit de la dissoudre et la remplace l'année suivante par l'actuel Conseil, malgré l'hostilité des États-Unis. "L'ambassadeur américain à l'ONU a tout fait pour tuer ce projet, raconte Jean Ziegler, ancien rapporteur spécial de l'ONU et vice-président du comité consultatif du Conseil des droits de l'homme. Il voulait que le sujet des droits de l'homme soit traité directement par le Conseil de sécurité." Son nom ? John Bolton, l'actuel conseiller à la sécurité nationale de Donald Trump et fervent contempteur du monde onusien... 

Le pouvoir de la honte

 

Afin de ne pas retomber dans les vieux travers, les pères fondateurs, ou plutôt "refondateurs", imaginent un Conseil assaini, constitué uniquement de pays "vertueux". Mais comment les choisir ? "Nous avons longtemps cherché la solution, se souvient Eric Tistounet, haut fonctionnaire onusien et 'mémoire' de l'institution. Une ONG nous a aidés à établir des critères. Nous les avons appliqués aux 193 États membres de l'ONU. Seuls deux pays ont réussi le test : la Finlande et la République tchèque ! Nous avons finalement décidé d'inclure tout le monde..." .

Trois fois par an, les 193 délégations viennent débattre dans ce palais des Nations, sur les hauteurs de Genève, et voter des résolutions - une centaine en tout. Mais à quoi servent-elles ? "La question est pertinente, d'autant que leur contenu est souvent consensuel, répond Jean Ziegler. Mais l'on n'imagine pas l'impact qu'elles peuvent avoir. Un pays qui dépend de la Banque mondiale devra, par exemple, tenir compte des recommandations du Conseil s'il ne veut pas perdre ses lignes de crédit. Dans ses statuts, la Banque mondiale ne peut en effet prêter d'argent aux pays qui violent les droits de l'homme. D'autres craindront pour leur réputation. C'est ce que Benjamin Franklin, l'un des auteurs de la Déclaration d'indépendance américaine, appelait le pouvoir de la honte."

Le Conseil des droits de l'homme vient de voter une résolution contre la Birmanie, qu'elle considère comme responsable du massacre des Rohingyas.
Le Conseil des droits de l'homme vient de voter une résolution 
contre la Birmanie, qu'elle considère comme responsable du 
massacre des Rohingyas.
REUTERS/Damir Sagolj

Calculs politiques, enjeux cruciaux

 

Le texte déposé par l'Irlande contre l'Azerbaïdjan, en juin 2015 a eu, par exemple, un impact considérable sur le régime de Bakou. "Dans les mois qui ont suivi, des prisonniers politiques ont été relâchés, commente John Fisher, directeur de l'antenne genevoise de l'ONG Human Rights Watch. C'est un calcul politique. Le gouvernement craignait d'être stigmatisé, alors qu'il fait de gros efforts pour améliorer son image à l'étranger." 

Les enjeux sont loin d'être anodins, en somme, d'où l'activisme de certains États. "Des pays comme l'Arabie saoudite, la Chine, la Russie ou Cuba cherchent à jouer un rôle croissant, constate une diplomate. Chacun tente de peser sur les résolutions, en fonction de ses intérêts." La marche à suivre est toujours la même. Si un État veut déposer une résolution - pour dénoncer les exactions d'un autre pays, par exemple -, son ambassadeur soumet d'abord son projet aux "pays frères" - ceux qui appartiennent au même continent : groupe de Lima, Union africaine, Européens... Une fois qu'il a obtenu leur soutien, le texte est soumis aux autres "blocs" régionaux.

On se bat pour une virgule

 

C'est là que les choses se corsent. Le texte est décortiqué, atrophié, tronçonné... Certains paragraphes font l'enjeu de batailles féroces. "On s'étripe pour un mot, parfois pour une virgule", témoigne Salma El Hosseiny, avocate au Service international pour les droits de l'homme (ISHR), une ONG proche de l'ONU. Car, derrière les mots, ce sont souvent des visions du monde différentes qui se heurtent. 

Depuis le retrait américain, la diplomatie ayant horreur du vide, les Chinois tentent d'imposer leur modèle, fondé sur la souveraineté nationale. Ils sont d'ailleurs venus en nombre à Genève défendre leur vision du monde. "Pékin considère que l'on ne doit pas se mêler des affaires d'un pays, souligne un diplomate occidental. Il s'oppose donc systématiquement à la constitution de commissions d'enquête, que ce soit au Yémen ou en Birmanie. C'est aussi un moyen de se prémunir contre d'éventuelles investigations au Xinjiang ou au Tibet..." Cela ne risque toutefois pas d'arriver. 

"Personne ne veut se priver du marché chinois, déplore Nicole (prénom modifié), salariée permanente à l'ONU. Du coup, on tape beaucoup plus facilement sur le Nicaragua que sur les exactions chinoises au Xinjiang. C'est justement ce que l'on reprochait à la défunte Commission." Signe des temps, Pékin a monté, pendant la dernière session, une exposition consacrée aux 40 ans des droits de l'homme en Chine. Initiative osée de la part du pays qui compterait le plus grand nombre de condamnés à mort au monde...

Stalactites fluo

 

Durant les discussions, les diplomates cherchent à obtenir un large consensus, sans quoi leur résolution passera inaperçue. Résultat, leur journée type ressemble à ça : le matin, "plénière" sur la prévention des génocides dans l'immense salle XX, au premier étage, sous l'improbable plafond constellé de stalactites fluorescentes, oeuvre de l'artiste espagnol Miquel Barceló. A midi, sandwich au bar Serpent, en compagnie d'une délégation asiatique, histoire de consolider une alliance. A 15 heures, une rencontre officieuse, un "side event" sur le Yémen, dans une petite salle en sous-sol, pour faire passer un message ou tester un éventuel allié. A 17 heures, "informel" sur la situation en Birmanie. Ces huis clos, permettent de faire avancer les dossiers... et de marchander. 

Donnant-donnant

 

Cas classique : un pays a besoin de voix pour faire passer son texte. Il va offrir son soutien à un autre État... en échange de son vote. "Tout le monde fait ça, confie une diplomate suisse. Lors de la 32e session, le Salvador nous a aidés à faire passer un texte. En échange, nous avons appuyé leur déclaration commune pour la jeunesse." "C'est comme un marché, tout le monde vient faire ses emplettes", résume Catherine Fiankan-Bokonga, correspondante permanente aux Nations unies depuis dix-huit ans, notamment pour France 24. 

Pour emporter la mise, tous les moyens sont bons. Technique en vogue, la "contre-résolution" permet de neutraliser un pays trop vindicatif. L'an dernier, l'Union européenne avait, par exemple, proposé la création d'une commission pour enquêter sur les crimes d'opposants politiques au Burundi. Une mesure jugée trop intrusive par le groupe africain, qui a, de son côté, préparé un texte beaucoup moins contraignant pour leur "frère burundais". Les deux résolutions ont été votées... et cohabitent toujours, un an plus tard !

Le régime autoritaire du Burundi a fait l'objet de deux résolutions parallèles. Une redondance absurde.
Le régime autoritaire du Burundi a fait l'objet de deux résolutions 
parallèles. Une redondance absurde.
REUTERS/Goran Tomasevic

ONG de pacotille

 

Autre astuce, les fausses ONG. On les appelle les "gongos" (acronyme de Government-Organized Non-Governmental Organization). Financées par des États, elles sont, en réalité, des faux nez. "Elles se comptent par dizaines et sont très bien structurées, révèle Jean Ziegler. Récemment, deux soi-disant ONG chinoises ont ainsi organisé un 'side event', durant lequel elles ont loué la liberté religieuse en Chine. Des gongos marocaines ont aussi monté des conférences pour nier l'existence de troubles dans le Sahara occidental."

Mais il y a pire. Certaines ONG, aux noms souvent fantaisistes, louent leurs services pour des prix relativement élevés - "entre 50 000 et 100 000 dollars", précise Jean Ziegler. Un État voyou doit défendre son bilan devant le Conseil ? La veille, l'une de ces "ONG" organise une conférence de presse et, rapports à l'appui, vante les vertus démocratiques de son client... "Ces pseudo-ONG peuvent parler de n'importe quoi, s'énerve une diplomate. Le Sri Lanka y a recours, l'Erythrée et le Burundi, aussi."

Discours ridicules

 

Mais que fait le Conseil ? En réalité, rien. Car ces "ONG" ont été accréditées par le Conseil économique et social des Nations unies, à New York. Comment ? "Grâce à leurs appuis politiques", répond Eleanor Openshaw, directeur du bureau new-yorkais de l'ONG ISHR. Ainsi adoubées, elles peuvent, en toute impunité, prendre la parole en séance plénière, même si elles n'ont aucune légitimité ! "Elles enchaînent des discours sans fin et parfois ridicules, tel ce prétendu génocide en Macédoine, déplore Eric Tistounet. C'est très frustrant. Le pire, c'est qu'il y en a de plus en plus."

Cette profusion d'interventions a des effets pervers. Ces fausses ONG noient les interventions des vraies et prennent en otage les discussions, déjà longues, qui se résument souvent à une succession d'interventions de deux à trois minutes. Avec un résultat prévisible : "On effleure trop de sujets, il n'y a pas de débats", regrette Kamel Chir, sous-directeur des droits de l'homme au ministère algérien des Affaires étrangères.

Cela, Vojislav Suc en est conscient. Le président du Conseil veut profiter de son mandat pour réformer l'instance. "Il faut se donner plus de temps et traiter les sujets plus en profondeur", reconnaît-il. 

Népotisme éclairé

 

Un autre danger guette : le népotisme. Ce mois d'octobre, un tiers du Conseil doit être renouvelé. Chacun des cinq "blocs" régionaux dispose d'un quota de sièges. Or ces groupes présentent exactement le même nombre de candidats qu'il y a de sièges disponibles ! Dans ce sanctuaire autoproclamé de la démocratie, l'élection est ainsi jouée d'avance, comme en Corée du Nord ! D'où la présence d'"États voyous" parmi les 47 membres du Conseil.

En décembre prochain, l'ONU célébrera le 70e anniversaire de la Déclaration des droits de l'homme. Mais la fête risque d'être triste, tant la situation des droits humains s'est dégradée dans le monde ces dernières années. Comme le résumait, avec une certaine morgue, un diplomate : "Heureusement que l'on a écrit la Déclaration des droits de l'homme après la guerre ! De nos jours, on n'arriverait même pas à se mettre d'accord sur le préambule..."


  • "Diam's, l'islam et le voile"   
  • "Diam's, l'islam et le voile" L'Express

LIEN D´ORIGINE: https://www.lexpress.fr/actualite/onu-magouilles-en-coulisses_2037120.html?Echobox=1538223627&utm_medium=Social&utm_source=Twitter&utm_term=Autofeed

domingo, 7 de octubre de 2018

The Decline and Fall of Brazil’s Political Establishment

Whether or Not Bolsonaro Wins the Presidency, a Transformation Is Underway



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By

FOREIGN AFFAIRS


This October, Brazilians will go to the polls to elect a new president, and the country could become the next democracy to fall in the populist wave that has been sweeping the globe. Jair Bolsonaro, a far-right nationalist member of Congress known for making racist and chauvinistic comments, is currently leading in many polls and may very well win a second-round runoff.

At first glance, it may seem strange that a country once hailed as one of the most inclusive democracies in the developing world could elect a president who has openly attacked the rights of gay people, women, and Afro-Brazilians and who has been an apologist for military dictatorship and torture. Yet Bolsonaro’s rise makes sense when one considers the backdrop of Brazil’s culture of political corruption. After watching politicians of nearly every mainstream party be caught in corruption scandals, Brazilian voters are willing to rebel against a dysfunctional system. Unlike the traditional elites, Bolsonaro built an innovative campaign based on heavy use of social media and grassroots work to promote himself as an outsider to this system.
Whether or not Bolsonaro ends up winning, the fact remains that a broader transformation in Brazilian politics is under way. The country’s traditional centrist establishment that has ruled since the transition from military dictatorship in the 1980s is in decline. For now, Brazil appears to be headed for another lost decade, but with the right reforms the country could build a more transparent political system that would deliver effective governance for its citizens.

For decades, the generation of leaders that oversaw the transition from military dictatorship dominated Brazilian politics. But the establishment of democracy was not about sweeping aside the corrupt institutional landscape that had been created by the dictatorship. Rather, it was an exercise in reconciling popular demand for political openness while upholding the benefits of vested interest groups that had flourished under military rule. Although the 1988 constitution provided for universal suffrage for the first time in Brazil’s history, it also gave politicians a way to game the system.

Permissive regulations allowed incumbents to use the powers of office to raise money in corruption schemes and use the funds in lavish political campaigns and vote-buying. For decades, lax corruption regulation and permissive campaign finance rules allowed them to do so with impunity, making deals with private companies to award lucrative government contracts in exchange for campaign resources.
To work properly, this system required close collaboration between the legislative and the executive branches. Presidents in Brazil control the government machine that makes corrupt deals possible, and for decades have used them to manipulate Congress by strategically distributing opportunities for corruption to gain political support. The result is that government policies have been designed not to provide effective public services but to facilitate rent-seeking and corruption opportunities for politicians and well-connected groups.

This arrangement had been stable for decades, but cracks began to appear with the Operation Car Wash investigation, in which prosecutors uncovered a vast criminal network dedicated to laundering the proceeds of corrupt deals between politicians and construction companies. Politicians used their power and influence to nominate cronies to high-level positions in state-owned companies. They in turn would later work to award lucrative contracts to private groups who paid large fees under the table for the privilege. Disgusted by the revelations, voters now seek to elect a president who has no ties to this way of doing politics and who can make a credible commitment to fight against it.

Virtually every presidential candidate paid lip service to tackling corruption, but Bolsonaro was the first to understand that he could use his reputation as an outsider to his advantage. When protesters took to the streets to demand the impeachment of President Dilma Rousseff, Bolsonaro joined the crowds. When Congress voted on impeachment, Bolsonaro made a speech arguing that the military dictatorship that existed in Brazil from 1964 to 1985 had been free of corruption. After Rousseff left office, he refused to support the new government and spent his time traveling the country and offering seemingly easy solutions to problems of crime and drugs, while claiming publicly to be the only politician in Congress who had not participated in corrupt deals.

With the revelations from Operation Car Wash, the cost of alliances between presidential hopefuls and traditional political forces is going up.
 
Meanwhile, other presidential candidates returned to the traditional campaign strategies known to have worked before. Some, such as Brazilian Social Democarcy Party candidate Geraldo Alckmin, built alliances with regional party leaders, seeking the financial resources that they could offer.

Others, such as Sustainability Party candidate Marina Silva, attempted to shift the debate away from how to fix Brazil’s broken political system by pointing to Bolsonaro’s radicalism. Yet such tactics only made him more popular. By taking advantage of social media, he succeeded in using attacks to further legitimize himself as the antiestablishment candidate fighting against a corrupt elite.

With the revelations from Operation Car Wash, the cost of alliances between presidential hopefuls and traditional political forces is going up. Presidents will no longer be able to use their control over government to buy the support of the political class. As a result, politics in Brazil will become more conflictual and polarized.

There is no easy way out of Brazil’s current predicament. The road ahead will necessarily involve reforms to bring about a new way of doing politics. Brazilians must work to reform Congress and make it more accountable. Unlike presidents, legislators are still insulated by a flawed open-list proportional voting system, which impedes the rise of programmatic parties. Current voting rules make campaigning for Congress expensive, force candidates to compete with colleagues of the same party, and exacerbate fragmentation—there are currently 25 parties represented in Brazil’s legislature.

To improve accountability, Brazilians should change the electoral system by making at least half of the seats in the legislature elected by majoritarian vote and by drastically reducing the size of the districts used for proportional representation. This would strengthen parties, reduce fragmentation, reduce the financial costs of campaigning, and improve voters’ ability to monitor their representatives.

Bolsonaro has seized the opportunity created by Operation Car Wash masterfully. Yet it is unlikely that he will be able to deliver on the reforms that Brazil’s political system so desperately needs. He is weaving a web of promises and hope that will end in further frustration and disenchantment with the political system. If a reform-driven agenda does emerge, it will most likely result from pressure from civil society and anti-corruption activists. Without meaningful reform of the political system, Brazil appears to be headed for another lost decade, much like the one that existed in the 1980s after Latin America’s debt crisis.

But this crisis also represents an opportunity for reformers to promote a positive agenda, based on strengthening democratic institutions and promoting accountability. Brazilians are ready to move on from the perverse political practices of the past. With the right reforms, Brazil’s democracy could take a different path, delivering much-needed public goods and a route back to economic growth. Real change will come from outside the political establishment. Advocates for reform should seize the moment.

ORIGINAL LINK : https://www.foreignaffairs.com/articles/brazil/2018-10-01/decline-and-fall-brazils-political-establishment