jueves, 20 de junio de 2013

IRÁN: UNA TRISTE PANTOMIMA ELECTORAL









IRÁN : UNA TRISTE PANTOMIMA ELECTORAL


”Hassan Rouhani´s
surprising first round victory in the
presidencial elections represents a
 significant shift in the Iranian political landscape.”
Shaul Bakhash from “The Wilson Center”.
15/06/2013


Luego de las recientes elecciones llevadas a cabo en Irán el fin de semana pasado, todo parece indicar que la mayoría de los medios de prensa a nivel mundial (e incluso algunas cancillerías o instituciones altamente reconocidas como la que mencionamos arriba) han entrado en una suerte de amnesia que, si bien no es estrictamente inexplicable, no deja de ser llamativa e incluso políticamente peligrosa.

Basta escuchar los informes remitidos por los enviados internacionales desde Teherán, las manifestaciones de entusiasmo de un electorado que votó con una participación superior al 72% y la tranquila figura del ganador en primera vuelta, Hassan Rouhani, para que cualquier observador distraído crea que, efectivamente, en Irán acaba de llevarse a cabo una verdadera “fiesta de la democracia“. En realidad, a poco que se observe el proceso de cerca, las elecciones han sido un aquelarre de autoritarismo teocrático, de negación de las libertades políticas y de desconocimiento de la voluntad del pueblo iraní.

El ganador, Hassan Rouhani,  de 64 años es, para comenzar, el único candidato religioso y, paradójicamente, el único considerado “moderado“ de los seis candidatos que sobrevivieron políticamente a la masacre de precandidatos (eran mas de 670 y fueron autorizados 8 a presentarse – 2 se retiraron a último momento) que realizare el Ayatolah Alí Jameini y sus acólitos agazapados en el “Consejo de Guardianes”.  La definición de quienes estaban capacitados para competir como candidatos en estas recientes elecciones fue una versión islámica, multitudinaria y renovada del viejo “dedazo” priísta de México. Aquí, un viejito supuestamente dotado de no se sabe que saberes o legitimidades infusas, acompañado de otros tantos ancianos sádicos y fanáticos, entusiastas de seccionar manos de ladronzuelos, azotar o lapidar mujeres, y demás “purezas éticas“,   decidieron por las suyas que, entre más de 670 candidatos, sólo 8 eran “aptos”.

Evidentemente, la sucesión de Mahmoud Ahmadinejad planteaba algunos problemas. Su proverbial incompetencia había complicado la política iraní durante aproximadamente unos 8 años. Además de haber sido el implementador del fraude electoral del 2009, Ahmadinejad evidentemente era una figura de mucho menor envergadura que Rouhani: desde su sistemática desprolijidad hasta el conservadurismo cerril que lo caracterizaba, signaron uno de los períodos más negros de la historia del Irán moderno.

Mientras que su política exterior aislaba totalmente a Irán (con la excepción del aplauso del finado Chávez y de algún otro gobierno latinoamericano despistado), el país se hundía en una descomunal crisis económica que ha llevado a ese gran productor de hidrocarburos al colmo de las paradojas: tener que establecer un estricto régimen de racionamiento de gasolinas.

Rouhani, en cambio, obtuvo (y aparentemente sin fraude ostensible) unos 18 millones de votos de entrada, en la primera y única vuelta de las elecciones, y, apoyado en esa alta participación electoral “aplastó” a los candidatos conservadores más cercanos al ex presidente, Mohammed Qualibaf y Said Jalil.

El triunfo de Hassan Rouhani, poco tiene que ver con su supuesta “moderación”. Responde en primer lugar a un voto “anti-Ahmadinejad” masivo. En segundo lugar también es el efecto de la arrasadora crisis económica que, entre las sanciones occidentales y la incapacidad del gobierno Ahmadinejad, a desmantelado el nivel de vida de los iraníes. No debe dejar de mencionarse el hecho de que Rouhani se manejó de manera infinitamente más inteligente que sus contendientes (y que su antecesor), lo que no debería sorprender a nadie, con los medios y la prensa en general, antes  y durante la campaña.  El flamante ganador es un hombre culto, habla media docena de idiomas y ostenta un doctorado en Derecho en la Universidad de Glasgow. En otros términos, mantiene alguna relación de comprensión cultural con el mundo contemporáneo, cosa que la mayoría de sus contendientes carece radicalmente: ensimismados en un fundamentalismo grotesco, aspiran a transformar a Irán en una potencia simultáneamente medioeval y nuclear.  Aunque Corea del Norte se parecería un poco a eso, lo menos que puede decirse que semejante programa es altamente improbable de que sea viable.

En el desierto político causado por el totalitarismo fundamentalista del “lider” Alí Jameini en Irán, Hassan Rouhani es una suerte de sobreviviente. Por ello es que los escasísimos políticos todavía existentes de lo que fue, en su momento, una corriente razonablemente “moderada” y “reformista” dentro del demencial extremismo del régimen iraní, le otorgaron su apoyo. Mohammed Khatami, Akbar Rafsanjani y el propio candidato Mohammed Reza Aref (uno de los 2 renunciantes a ser candidatos que sobrevivieron a la “razzia” de precandidatos instrumentada por Ali Jameini) se plegaron a la causa de Rouhani y pusieron toda su escasa influencia en el voto a su favor. Pero hasta aquí va la lista de los llamados “moderados” que puedan ser considerados como activos. Los verdaderos reformistas de antes yacen bajo tierra, otros han optado por el exilio, muchos han optado por bajar los brazos y sólo algún personaje como Khatami (que lleva años en arresto domiciliario) hace esporádicamente alguna declaración divergente con el ”establishment”.

Por ello, a pesar del estruendo y de los desmedidos entusiasmos como los que se expresan en fragmento mencionado arriba, nada permite augurar un cambio significativo ni en la política interna ni en la internacional de Irán. Por más que el presidente recientemente electo haya mencionado en su campaña la existencia de algo tan exótico en Irán como una “carta de derechos civiles”, de “pluralismo político”, “apertura internacional del país”, nada hace pensar que dichas declaraciones no sean otra cosa que una simple retórica electoral para cosechar los innumerables votos anti-conservadores que quedaron huérfanos desde la brutal represión que siguió la fraudulenta reelección de Ahjmadinejad.

Cualquier analista que hoy, a la luz de los elementos que disponemos a la fecha, pretenda que el nuevo presidente electo en Irán estará dispuesto a negociar sensatamente el programa nuclear, que se avendré en un futuro inmediato a detener al Bachar el Assad en su empeño de asesinar al pueblo sirio o que piense que va a iniciar el desmontaje del demencial aparato de Hizbollah, directamente desconoce radicalmente la lógica política del totalitarismo teocrático iraní.

Link Original: http://www.ort.edu.uy/facs/boletininternacionales/contenidos/166/editorialjavierbonillasaus166.html