viernes, 11 de marzo de 2022

LA GUERRA DE PUTIN

Madeleine Albright: Putin está cometiendo un error histórico.


Russian President Vladimir Putin speaks during a joint press statement with German Chancellor Angela Merkel prior to their meeting at Schloss...

Albright se desempeñó como secretario de Estado de los EE. UU. de 1997 a 2001.

A principios de 2000, me convertí en el primer alto funcionario estadounidense en reunirse con Vladimir Putin en su nuevo cargo como presidente interino de Rusia. Nosotros en la administración Clinton no sabíamos mucho sobre él en ese momento, solo que había comenzado su carrera en la KGB. Esperaba que la reunión me ayudara a tomar la medida del hombre y evaluar lo que su repentino ascenso podría significar para las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, que se habían deteriorado en medio de la guerra en Chechenia. Sentado frente a él en una pequeña mesa en el Kremlin, me llamó la atención de inmediato el contraste entre Putin y su grandilocuente predecesor, Boris Yeltsin.

Mientras que Yeltsin había engatusado, fanfarroneado y halagado, Putin habló sin emociones y sin notas sobre su determinación de resucitar la economía de Rusia y aplastar a los rebeldes chechenos. Volando a casa, registré mis impresiones. “Putin es pequeño y pálido”, escribí, “tan frío que parece casi un reptil”. Afirmó entender por qué el Muro de Berlín tuvo que caer, pero no esperaba que toda la Unión Soviética se derrumbara. “Putin está avergonzado por lo que le pasó a su país y está decidido a restaurar su grandeza”.

Me han recordado en los últimos meses esa sesión de casi tres horas con el Sr. Putin mientras ha concentrado tropas en la frontera con la vecina Ucrania. Después de llamar a la condición de Estado ucraniano una ficción en un extraño discurso televisado, emitió un decreto reconociendo la independencia de dos regiones controladas por los separatistas en Ucrania y enviando tropas allí.

La afirmación revisionista y absurda del Sr. Putin de que Ucrania fue “totalmente creada por Rusia” y efectivamente robada del imperio ruso está totalmente en consonancia con su cosmovisión distorsionada. Lo más perturbador para mí fue su intento de establecer el pretexto para una invasión a gran escala.

En los más de 20 años desde que nos conocimos, Putin ha trazado su rumbo abandonando el desarrollo democrático por el libro de jugadas de Stalin. Ha acumulado poder político y económico para sí mismo, cooptando o aplastando a la competencia potencial, mientras presiona para restablecer una esfera de dominio ruso en partes de la antigua Unión Soviética. Como otros autoritarios, equipara su propio bienestar con el de la nación y a la oposición con traición. Está seguro de que los estadounidenses reflejan tanto su cinismo como su ansia de poder y que, en un mundo en el que todo el mundo miente, no tiene la obligación de decir la verdad. Como cree que Estados Unidos domina su propia región por la fuerza, cree que Rusia tiene el mismo derecho.

Durante años, Putin ha buscado pulir la reputación internacional de su país, expandir el poderío militar y económico de Rusia, debilitar a la OTAN y dividir a Europa (mientras abre una brecha entre esta y Estados Unidos). Ucrania forma parte de todo ese proyecto.

En lugar de allanar el camino de Rusia hacia la grandeza, invadir Ucrania aseguraría la infamia de Putin al dejar a su país diplomáticamente aislado, económicamente lisiado y estratégicamente vulnerable frente a una alianza occidental más fuerte y unida.

Ya lo puso en marcha al anunciar el lunes su decisión de reconocer los dos enclaves separatistas en Ucrania y enviar tropas rusas como «pacificadores». Ahora ha exigido que se reconozca el reclamo de Rusia sobre Crimea y renuncie a sus armas avanzadas.

Las acciones de Putin han desencadenado sanciones masivas, con más por venir si lanza un ataque a gran escala e intenta apoderarse de todo el país. Ello devastaría no solo la economía de su país, sino también su estrecho círculo de compinches corruptos, quienes a su vez podrían desafiar su liderazgo. Lo que seguramente será una guerra sangrienta y catastrófica agotará los recursos rusos y costará vidas rusas, al tiempo que creará un incentivo urgente para que Europa reduzca su peligrosa dependencia de la energía rusa. (Eso ya comenzó con la decisión de Alemania de detener la certificación del gasoducto de gas natural Nord Stream 2).

Es casi seguro que tal acto de agresión llevaría a la OTAN a reforzar significativamente su flanco oriental ya considerar el estacionamiento permanente de fuerzas en los Estados bálticos, Polonia y Rumania. (El presidente Biden dijo el martes que trasladaría más tropas al Báltico). Y generaría una feroz resistencia armada ucraniana, con un fuerte apoyo de Occidente. Ya está en marcha un esfuerzo bipartidista para elaborar una respuesta legislativa que incluiría la intensificación de la ayuda letal a Ucrania. Estaría lejos de ser una repetición de la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014; sería un escenario que recordaría la malograda ocupación de Afganistán por la Unión Soviética en la década de 1980.

El Sr. Biden y otros líderes occidentales han dejado esto muy claro en ronda tras ronda de furiosa diplomacia. Pero incluso si Occidente de alguna manera puede disuadir a Putin de una guerra total, -lo que está lejos de estar asegurado en este momento-, es importante recordar que su competencia preferida no es el ajedrez, como algunos suponen, sino el judo. Podemos esperar que persista en buscar una oportunidad para aumentar su apalancamiento y atacar en el futuro. Dependerá de Estados Unidos y sus amigos negarle esa oportunidad manteniendo una fuerte presión diplomática y aumentando el apoyo económico y militar a Ucrania.

Aunque el Sr. Putin, según mi experiencia, nunca admitirá haber cometido un error, ha demostrado que puede ser tanto paciente como pragmático. También es seguramente consciente de que la confrontación actual lo ha dejado aún más dependiente de China; él sabe que Rusia no puede prosperar sin algunos lazos con Occidente. “Claro, me gusta la comida china. Es divertido usar palillos”, me dijo en nuestra primera reunión. “Pero esto es solo algo trivial. No es nuestra mentalidad, que es europea. Rusia tiene que ser firmemente parte de Occidente”.

Putin debe saber que una segunda Guerra Fría no necesariamente le iría bien a Rusia, incluso con sus armas nucleares. Se pueden encontrar fuertes aliados de EE. UU. en casi todos los continentes. Mientras tanto, los amigos de Putin incluyen a personas como Bashar al-Assad, Alexander Lukashenko y Kim Jong-un.

Si Putin se siente arrinconado, solo él tiene la culpa. Como ha señalado el Sr. Biden, Estados Unidos no tiene ningún deseo de desestabilizar o privar a Rusia de sus aspiraciones legítimas. Es por eso que la administración y sus aliados se han ofrecido a entablar conversaciones con Moscú sobre una gama abierta de temas de seguridad. Pero Estados Unidos debe insistir en que Rusia actúe de acuerdo con las normas internacionales aplicables a todas las naciones.

Al Sr. Putin y su homólogo chino, Xi Jinping, les gusta afirmar que ahora vivimos en un mundo multipolar. Si bien eso es evidente, no significa que las principales potencias tengan derecho a dividir el mundo en esferas de influencia como lo hicieron los imperios coloniales hace siglos.

Ucrania tiene derecho a su soberanía, sin importar quiénes sean sus vecinos. En la era moderna, los grandes países lo aceptan, y Putin debe también hacerlo. Ese es el mensaje que sustenta la reciente diplomacia occidental. Un mensaje que define la diferencia entre un mundo gobernado por el estado de derecho y uno que no responde a ninguna regla.



jueves, 15 de julio de 2021

Reacción a la Teoría Crítica de la Raza (CRT)

 


 Aquelarre Económico

                                                                                             


José Manuel Suárez Mier[1]

enviado para su publicación en Excélsior

CDMX, 15 de julio de 2021.

 


En entregas pasadas presenté la evolución del racismo en EU y como emergió una línea de pensamiento, la CRT, que afirma que todos los blancos son racistas y que se requiere de un nuevo orden social basado en la victoria de los oprimidos sobre los opresores, siguiendo el evangelio de Karl Marx.


Este movimiento tuvo su culminación con el Proyecto 1619 del New York Times, así llamado por marcar la llegada de los primeros esclavos negros a las colonias inglesas de América e intenta ubicar “las secuelas de la esclavitud y la aportación de los negros al centro de la narrativa nacional.”

 

Desde esa perspectiva, la historia usual de EU como una geste heroica liderada por fundadores de sapiencia y principios excepcionales creando una democracia basada en el respeto a los derechos humanos y la igualdad de oportunidades, es muy distinta al subrayar que todo ello excluía a los negros.

 

Estas ideas y propuestas atizaron el resurgimiento de los supremacistas blancos que cuando aparece Donald Trump en el escenario político, logran penetrar al Partido Republicano, paradójicamente fundado por Abraham Lincoln para combatir la esclavitud.

 

Hay que recordar que la supremacía blanca ha tenido altibajos en la historia de EU, pero nunca desapareció por completo. A principios del siglo pasado la eugenesia, que sustenta que hay razas con características genéticas superiores a aquellas que provienen del mestizaje con otras razas, tuvo un gran auge.

 

Las principales universidades de EU y del Reino Unido convirtieron la eugenesia en una “ciencia respetable,” y proclamaban el valor superior de las razas nórdicas sobre el resto, temiendo que su buen acerbo genético se diluiría con la invasión de razas inferiores.

 

Adolfo Hitler fue un admirador de la “avanzada ciencia de la eugenesia” en EU, como lo escribió en Mein Kampf donde aplaude “el progreso alcanzado hacia una definición racial del concepto de nacionalidad que impide la naturalización de razas inferiores,” lo que inspiró su execrable política de “limpieza étnica.” 

 

Un siglo después se reconoce con horror que la eugenesia fue una pseudociencia espuria que causó daños inmensos. Pero su breve y maligna existencia demostró algo valioso: un concepto simple pero falaz puede ser acogido por los académicos y de ser un dogma absurdo convertirse en una verdad científica.

 

¿Qué hemos aprendido de todo esto? Aparentemente nada pues algo similar pasa ahora. Al igual que lo hicieron con la eugenesia, las universidades más reputadas abrazan el concepto de “racismo sistemático” y lo han vuelto su verdad científica: todos los blancos son cómplices de un “orden social jerárquico, furtivo y omnipresente, de dominación y sumisión”.

 

Contra esto, el pensamiento liberal sobrevive alejado de los dogmáticos círculos intelectuales, y valora el poder individual, la libre expresión y el debate abierto y honesto. Los ideales liberales apoyan la libertad religiosa pero rechazan los cultos sectarios, el pensamiento mágico y la superchería. 

 

El dilema es si este liberalismo, que hizo posible el mayor progreso en la historia de la humanidad, sobrevivirá los embates intransigentes de ambos extremos ideológicos, embozados ahora en un irremediable enfrentamiento racial.

 

 

   

 

 



[1]   Consultor en economía y estrategia en Washington DC y catedrático en universidades de México (ITAM) y EE.UU. (Georgetown y American). aquelarre.economico@gmail.com

lunes, 22 de febrero de 2021

" EL ARCAISMO ECONÓMICO DE LOPEZ OBRADOR"




El 61 % de los mexicanos aprueba la gestión del presidente López Obrador -  Los Angeles Times

Aquelarre Económico

                                                                                             

“Denles cucharas en lugar de palas” 

 

José Manuel Suárez Mier[1]

 enviado para su publicación en Excélsior

el 18 de febrero de 2021

 

En una visita que hizo mi admirado maestro Milton Friedman a China antes de que adoptara con fervor la economía de mercado que le permitió volverse el gigante que es hoy, sus anfitriones lo llevaron a visitar instalaciones y proyectos en construcción de los que estaban orgullosos.

 

Al detenerse en un sitio donde cientos de trabajadores cavaban un hoyo para hacer una presa, Friedman se sorprendió que no usaran maquinaria para mover la tierra, a lo que el burócrata chino que lo acompañaba dijo que era para crear más empleo. Mi maestro replicó “en ese caso, denles cucharas en lugar de palas.”

 

El presidente de México piensa con asombrosa precisión lo mismo que Friedman encontró en China en su era de planeación central y ausencia total de libertad individual, como lo evidenció al inaugurar una planta de la empresa Bimbo donde declaró “lamentar que estuviera tan automatizada.”

 

El tipo de economía que admira quedó claro en una visita que hizo a la provincia en la se detuvo a encomiar a la “auténtica economía popular,” admirando un trapiche jalado por una mula para producir jugo de caña de azúcar.(https://www.facebook.com/watch/?v=431269687470265)

 

Su proyecto de nación consiste en “fortalecer la economía apoyando a los artesanos, a pequeños productores y microempresarios, (lo que) es igual o más importante en creación de empleos y desarrollo que solo apostar a las grandes corporaciones automatizadas y de poca generación de puestos de trabajo (sic).”

 

Esa filosofía se refleja también en sus programas de construir caminos de mano de obra y privilegiar la agricultura tradicional con “apoyos,” alentar la tenencia de la tierra comunitaria, prohibir el uso de semillas mejoradas, fertilizantes y fungicidas químicos, y aniquilar la agricultura moderna y de exportación.

 

Esta forma de ver la economía permea en sus políticas gobierno en todos los ámbitos, pero sobre todo en energía, y resalta mucho en la promoción de ciencia y tecnología en donde se pretende privilegiar “las raíces ancestrales de las culturas autóctonas y rechazar la ciencia neoliberal y extranjera.”

 

Todo lo anterior, sumado al combate frontal a la inversión privada, garantiza el estancamiento de la economía y la pauperización de la población pues atenta contra el crecimiento de la productividad, único camino que conduce a generar riqueza y a una mejora sostenida de su calidad de vida.

 

El pensamiento del primer mandatario mexicano me recuerda lo que escribió el gran ensayista Christopher Hitchens de la Madre Teresa de Calcuta, al señalar que “estaba menos interesada en ayudar a los pobres que en usarlos como una fuente infatigable de miseria para promover la propagación de sus creencias.”

 

En el caso del cabecilla mexicano, fabricar más pobres y empobrecer aún más a los ya lo eran, tiene también el fin político de hacerlos dependientes sin remedio de sus dádivas clientelares, lo que él piensa que le garantiza una base política cada vez mayor que le permitirá a él y a su partido eternizarse en el poder. 

 

 

# 2,994



[1]   Consultor en economía y estrategia en Washington DC y catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>

lunes, 23 de noviembre de 2020

Entre Napoleón y Trump

 


 

Dmitry Shomsky • 21.11.2020 • Haaretz

Traducido por Oded Balaban

balaban@research.haifa.ac.il

 

 

 

En vísperas de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, el Dr. Moore Altshuler estableció un paralelo que invita a la reflexión entre Napoleón Bonaparte y Donald Trump (Haaretz, 2.11). Altshuler centró la comparación en un solo punto: La capacidad de estos dos líderes para liberarse de las reglas de la corrección política y tomar medidas decisivas incluso cuando éstas son incompatibles con las mismas reglas.

 

 Sin embargo, esta comparación puede extenderse a otros aspectos políticos e ideológicos.

 

Napoleón, escribe acertadamente Altshuler, difundió en sus conquistas los valores de la Revolución Francesa. Este dato estaba, de hecho, en la raíz de estos valores, especialmente en el espacio de habla alemana, que Napoleón llegó a dominar a principios del siglo XIX con la velocidad de un rayo. Porque, importados del exterior gracias a las bayonetas de un ejército de ocupación extranjero, los principios de libertad e igualdad se identificaron con una indeseable influencia que amenazaba la libertad y la prosperidad de la nación alemana. La oposición a estos principios comenzó a percibirse, cada vez más, como el factor esencial y fundamental del carácter del patriotismo y del nacionalismo alemán.

 

Es difícil exagerar las consecuencias catastróficas que tuvo para la historia moderna alemana, europea y mundial, la pérdida de la confianza nacional alemana en los principios de la Revolución Francesa y ello durante más de un siglo después de que Napoleón abandonara el escenario de la historia,. Después de todo, si los seres humanos consideran que la igualdad, la libertad y la justicia universal son hostiles y destructivas para el espíritu de la nación y el interés nacional, entonces la posibilidad de hacer realidad estos principios en la realidad social y política tiende a ser cero. 

 

En la misma medida, si la xenofobia, el nacionalismo y el racismo, se consideran el muro defensivo esencial de una nación contra el daño del espíritu extranjero, son lo suficientemente fuertes como para golpearlos en el corazón de esa nación, y eso es exactamente lo que sucedió en la historia de la nación alemana entre Napoleón y Hitler.

 

A semejanza de Napoleón, Trump infligió un grave daño a los principios de libertad e igualdad, a los que atacó continuamente durante sus cuatro años como presidente de la potencia más poderosa del mundo, considerada, incluso teóricamente, la clara sucesora histórica de los valores de la Revolución Francesa. Sin embargo, el daño del ataque frontal de Trump a estos principios es incalculablemente menor que los infligidos a esos principios por el “abrazo de oso” mortal que Napoleón les dio en ese momento.

 

Además, los fenómenos de Trump y el trumpismo pueden tener un efecto dialéctico positivo precisamente en la restauración de los conceptos de humanismo, ilustración y universalidad. Porque, llegando a pararse impotente detrás de la ignorancia y la mentira, el chauvinismo y el racismo, el desprecio por los débiles y la admiración por el poder, Trump ha marcado de manera clara y aguda el límite básico, que se ha ido difuminado en la era posmoderna, entre estas virtudes y valores despreciables, y la búsqueda del conocimiento, la verdad y la justicia, el establecimiento de la dignidad humana y la libertad, y la creencia en la corrección de la sociedad humana. Así, le otorgó a los defensores del humanismo, el liberalismo y la democracia, una oportunidad de oro para agudizar y reafirmar la alternativa ideológica y política al populismo desinhibido.

 

Aquí, entonces, radica el significado crucial de las recientes elecciones estadounidenses para las infraestructuras existenciales básicas de la moralidad civil y política de la sociedad humana actual. La derrota de Trump les indica a sus seguidores que quienes exhaltan las falsas noticias y pisotean la verdad, defienden la ignorancia, la humillación de los demás y el odio al prójimo, no solo no se beneficia de ello, sino que incluso pueden llegar a ser castigados. De hecho, en nuestro mundo invertido de la posverdad, sería un logro de gran valor. Estamos ante una moderada esperanza de poder superar el legado de Trump con más éxito que el legado de Napoleón.


lunes, 7 de septiembre de 2020

LOS ATAQUES A LA LAICIDAD



La INDDHH contra la República

 

 


Por Julio María Sanguinetti

Correo de los viernes

28/08/20

 
    En una peligrosa deriva ideológica, que va degradando su función al introducirse constantemente en el ejercicio de las funciones legítimas de las instituciones del Estado, sean parlamentarias o administrativas, la Institución suma ahora un peligroso capítulo: pretende hacer doctrina de la posibilidad de que en los establecimientos de enseñanza se realicen actos proselitistas, expresamente prohibidos por nuestra Constitución en su clásico artículo 58°:



       "Los funcionarios están al servicio de la Nación y no de una fracción política. En los lugares y las horas de trabajo, queda prohibida toda actividad ajena a la función, reputándose ilícita la dirigida a fines de proselitismo de cualquier especie.

    No podrán constituirse agrupaciones con fines proselitistas utilizándose las denominaciones de reparticiones públicas o invocándose el vínculo que la función determine entre sus integrantes".

 
       Invocando esta norma constitucional y las legales coincidentes, el año pasado la Justicia resolvió ordenar al CODICEN el retiro de carteles que, en la fachada de varios liceos, promovían el rechazo a una iniciativa de plebiscito constitucional promovida por miles de ciudadanos. El juez actuante consideró, con lógica, que de ese modo parecía oficializarse una posición de las autoridades que no era cierta y que eso violentaba la libre conciencia de alumnos, de profesores y aun de simples transeúntes que observaran esa acción propagandística. El CODICEN, de mayoría frentista, se agravió pero no tuvo otro camino que acatar.


       También en el curso de la campaña electoral, 25 Inspectores de Secundaria, invocando su condición de constituir "el cuerpo técnico nacional de mayor jerarquía de nuestra institución", firmaron una proclama recomendando el voto por Daniel Martínez, que sustentaban en largas consideraciones. En el caso, tratándose de profesores, el Estatuto del Funcionario Docente establece la "preceptiva causal de destitución" para quienes violaran la norma que les impone "abstenerse de hacer proselitismo de cualquier especie en el ejercicio de sus funciones o en ocasión de las mismas, ni permitir que los bienes o el nombre del Ente sean usados con tales fines". Como la violación era flagrante y la destitución de precepto, el mismo CODICEN frentista realizó un sumario y, pocos días antes de irse, les impuso "tres días" de suspensión para intentar, farsescamente, el cierre del asunto.

 
      Estos antecedentes valen para demostrar que el episodio que ahora desencadenó la resolución de la autoridad educativa no es un hecho aislado sino parte de una constante acción proselitista, claramente alineada desde punto de vista político con las orientaciones del Frente Amplio. Es una reiteración contumaz, expresada ahora por el inesperado vehículo de un tapabocas con una leyenda contra la Ley de Urgente Consideración.
 
           Sin entrar a analizar el caso específico, la Institución Nacional de Derechos Humanos (INDDHH) intenta establecer una doctrina general en función de la cual la libertad de expresión del pensamiento ampara cualquier opinión, prédica o publicidad de una posición política en cualquier lugar, incluso los ámbitos públicos. O sea que estamos ante un intento de inusual gravedad, que frontalmente choca con el artículo 58° de la Constitución que transcribimos y pretende directamente desconocerlo.
 
        La libertad de expresión del pensamiento, garantizada por la Constitución para ser ejercida en los ámbitos públicos, nada tiene que ver con los deberes de una institución pública de enseñanza, obligada a respetar el principio de laicidad irrestrictamente. Los ciudadanos o gremialistas pueden opinar lo que quieran en el ámbito amplísimo de las libertades públicas, pero de ningún modo invadir los espacios del Estado en general y, mucho menos, los de la educación, para promover acciones proselitistas. Hacerlo es violar inequívocamente la norma del art. 71° que impone que "en todas las instituciones docentes se atenderá especialmente la formación del carácter moral y cívico de los alumnos". O sea, lo que en términos generales la Constitución asegura (art. 54°), para todo aquel que esté subordinado, la garantía de "la independencia de su conciencia moral y cívica". Por lo mismo, el artículo 17° de la Ley de Educación Nº 18.437 dice que "se garantizará la pluralidad de opiniones y la confrontación racional de saberes y creencias".

 
      ¿No se advierte que liceos con carteles o profesores con banderías proclamadas son el medio más perverso de impedir la pluralidad de opiniones y el respeto a los educandos? ¿No se asume que esos comportamientos significan desconocer realmente toda posibilidad de "confrontación racional" de opiniones?


       El profesor tiene, naturalmente, un ejercicio de autoridad necesario, que establece una relación de superioridad sobre los alumnos que le impone, por lo mismo, un deber absoluto de neutralidad. ¿Vamos a formar el sentimiento republicano con profesores con tapabocas o vinchas partidarias?
 
       Más allá de la Constitución y las leyes, hay un enfoque de ética política que condena de modo drástico ese abuso de profesores y dirigentes sindicales, pretendiendo influir y adoctrinar. Tanto lo han hecho durante años, tan impunes se sentían como que los Inspectores -nada menos que los Inspectores- se creían autorizados a emitir proclamas reclamando el voto.
 
       La reacción de las autoridades docentes felizmente se ha hecho sentir, pero es gravísimo lo que ocurre con la INDDHH. ¿Qué es lo que quieren? ¿Que unos pongan carteles de un lado y otros del otro y haya una guerra para ver si gana el cartel que diga "no al recorte neoliberal" o el que diga "fuera el chavismo de los liceos"?

 
       El tema no es anecdótico. Es de fondo. La laicidad es indivisible. Y así como los batllistas somos celosos de la neutralidad religiosa, también lo somos de la política y filosófica. Esa es la República. Nuestra República. Y la vamos a defender, como lo hemos hecho toda la vida.
 

 


 
Copyright © 2020 Secretaría Julio María Sanguinetti, All rights reserved. 

Twitter

Facebook

Website

miércoles, 26 de agosto de 2020

Aquelarre Económico

 

Trump no aceptará la derrota

 

José Manuel Suárez Mier[1]

 enviado para su publicación en Excélsior

el 27 de agosto de 2020

 

En la convención del Partido Republicano que tuvo lugar de lunes a jueves, quedó claro que en caso de perder la próxima elección, Donald Trump rechazará el resultado y denunciará que hubo fraude, por lo que grupos de la sociedad de EU se están organizando para resistir tal asalto a su democracia.

 

En efecto, en un evento sin precedente en el que Trump habló diario, cuando en todas las convenciones el candidato hacía un solo discurso, y su esposa e hijos también parlotearon la retahíla de mentiras y engendros que Trump usa hasta la saciedad, él y sus abyectos corifeos no perdieron la ocasión para repetir machaconamente que sólo podría perder en el caso de un fraude masivo.

 

Imaginemos una victoria cerrada de Joe Biden que Trump se niega a aceptar alegando fraude en los votos por correo, los que lleva tiempo denunciando e intentando bloquear, y que así llegamos al 20 de enero, día de la toma de posesión, con protestas masivas en las calles apoyando a ambos contendientes.

 

En este escenario, no se puede descartar que fanáticos trumpianos armados y furiosos de lo que ellos calificarán como un intento de golpe de Estado, se enfrenten con violencia a los partidarios de Biden. ¿Qué harían la policía y la guardia nacional, que a pesar de depender de cada estado se pueden federalizar?

 

Justo para explorar lo que podría pasar ante distintos escenarios se creó en junio pasado el Proyecto de Integridad de la Transición[2] (TIP, por sus siglas en inglés) que reunió a 100 expertos de ambos partidos para simular qué podría ocurrir el día después de la elección, analizando diversos posibles escenarios.

 

Este grupo simuló cuatro casos: una victoria decisiva de Biden; una victoria apretada de Biden; un resultado indeterminado, como el que sucedió en la elección del 2000, con la diferencia que ninguno de esos candidatos era presidente en funciones; y una victoria apretada de Trump. Con excepción de la primera opción, en todos los demás casos habría problemas muy graves.

 

Este grupo anticipa demandas judiciales; narrativas contrapuestas en los medios; intentos para detener la contabilidad de los votos; y protestas callejeras atrayendo partidarios de ambos lados con elevadas probabilidades de violencia física, sobre todo porque Trump alienta a sus fieles a tomar las armas.

 

El ejercicio realizado por el TIP destacó las fallas del sistema electoral de EU, desde procedimientos desvencijados, propios del siglo 18, hasta la polarización aguda de las contiendas políticas en la era del internet y de medios sociales que le abren una plataforma de acceso igualitario a extremistas e ignorantes.

 

Mi querido colega de American University Bob Pastor, al que mucho extrañamos, escribió un ensayo[3] en 2012 en el que comparó los sistemas electorales de México y EU realzando ocho ventajas del primero, empezando por la ciudadanización masiva de los procesos electorales y el financiamiento público de las campañas.

 

Vale la pena releerlo ante probables hecatombes electorales en EU y en 2021 también en México.



[1]   Consultor en economía y estrategia en Washington DC y catedrático en universidades de México y EE.UU. Correo: <aquelarre.economico@gmail.com>

viernes, 19 de junio de 2020

LA INTOLERANCIA DE LOS ANTI-INTOLERANTES





Resultado de imagen para Fotos J M Sanguinetti



Por Julio María Sanguinetti

CORREO DE LOS VIERNES

19/06/2020

 

          Avasallar derechos en nombre de esos mismos derechos, conduce a la degradación de la causa que se afirma defender y, al final, de la libertad, entronizando el oscuro universo del autoritarismo inquisidor.
              El mundo entero vive, en los últimos años, extraños debates, confusiones de principios, razonamientos antihistóricos y fanatismos que han instalado una verdadera dictadura de lo que es "políticamente correcto”. Es "la derrota del pensamiento", como titula Alain Finkielkraut un ensayo ya clásico que hace años planteó la dificultad, casi imposibilidad, de discutir ciertos temas con racionalidad.
             Esto ha pasado en Europa con la "islamofobia", que se instaló como arma arrojadiza para cualquiera que intente denunciar la atroz situación de la mujer en el mundo árabe, la naturaleza terrorista del gobierno de Gaza o cosas tan evidentes como que el día es día y la noche es noche. Quien lo intente será acusado de "sionista", "islamófobo" y "racista". En el fondo se trata de un rechazo, un intento de demolición de los valores de la civilización occidental. Hasta el escritor Pascal Bruckner fue llevado a juicio por dos organizaciones a las que acusó, con razones, de alentar atentados como los que ocurrieron en París en enero de 2015.
              De ese modo muchas buenas causas son confiscadas por minorías intolerantes, que pasan luego a ser dictaduras del pensamiento.
            El tristísimo episodio de George Floyd, un muchacho negro asesinado por un policía que lo asfixió en un procedimiento abusivo, ha dado lugar ahora a una ola descontrolada de intolerancia que, en nombre del más que legitimo antirracismo practica, a la inversa, un estricto racismo. Podrá decirse que el Presidente Trump pudo haber manejado la situación con poco tacto, pero que esto termine en atentados contra monumentos a Colón o, en Inglaterra, a Churchill, es degradar la causa hasta lo intolerable.
              Deshonrar la estatua de Winston Churchill en nombre del antirracismo es algo tan imbécil que cuesta tener que razonar a ese respecto. El gran campeón de la libertad, el conductor de la victoria ante el movimiento racista más peligroso de la historia, es apostrofado por algunas ideas conservadoras (nunca racistas) que sostuvo en ejercicio de la libertad democrática por la que luchó toda su vida.
         Cuando se agrede el monumento a Colón en nombre del antirracismo antiimperialista, se incurre, si tomamos en serio el tema, en un anacronismo histórico rotundo. No puede aplicarse a episodios de hace 500 años, la lógica política e ideológica de hoy.
           El Renacimiento en Occidente había alcanzado niveles tecnológicos en la navegación que le permitían a las potencias europeas de la época salir a conocer -y eventualmente ocupar- un mundo que les era desconocido. Por supuesto que esto llevó a un dramático choque de civilizaciones, como había ocurrido antes en Europa y la propia América, entre los mismos pueblos indígenas. Era tan dramático como inevitable, porque si no era España, sería Portugal, o Inglaterra, u Holanda. De ese choque somos hijos, de esa amalgama mestiza nació nuestra América Latina. Y si hablamos y pensamos en castellano es porque se impuso, como siempre en la historia, aquella civilización más avanzada científica y tecnológicamente.
             Como se advierte, de este modo llegamos a la negación de nuestros propios valores, a la renuncia a ser lo que lo somos. Es lo que pasa entre nosotros con el "charruismo" -como decía Daniel Vidart- que genera una suerte de complejo de culpa sobre todos nuestros próceres, hijos de una sociedad hispano-criolla, con la especial y calumniosa referencia al primer Presidente Constitucional de la República, el General Fructuoso Rivera.
              En Estados Unidos, una cadena de "streaming" borró estos días de su lista la histórica película "Lo que el viento se llevó" porque, supuestamente, promueve prejuicios racistas. Imaginar una censura de esa naturaleza para creaciones serias es totalitario. Atribuir además intenciones racistas es tonto, porque la película recoge los valores de un tiempo histórico de los EE.UU. Y eso no se puede borrar. Al revés, servirá de comprobación, por contraste, de los avances alcanzados hoy por la sociedad en el camino de la tolerancia e igualdad.
              No es muy distinto lo que pasa con el feminismo, que en el mundo occidental ha triunfado en el reconocimiento de la igualdad de los sexos y sin embargo promueve en su nombre exageraciones que atentan contra la libertad de los demás. En un país como el nuestro, donde la Justicia y los egresos universitarios son mayoritariamente femeninos, querer imponer -por ejemplo- el "lenguaje inclusivo" en los ámbitos educativos es un retroceso cultural. Lo que sí hay que hacer es seguir predicando la convivencia, tratar de que el feminicidio (como el abuso a menores) sean erradicados de la mentalidad humana; incluso batallar porque en el ámbito laboral no se produzcan discriminaciones. Pero agredir al que piensa distinto, solo es degradar los valores proclamados.
               El tema es amplio y profundo. Da para mucho más. Pero es la hora de decir en voz clara que insultando a Churchill o cortándole la cabeza a Colón, no se logrará más igualdad entre los seres humanos y más libertad para la sociedad. Más bien, al revés: nos iremos hundien
do en el mundo sombrío de los inquisidores de todos los tiempos.

 

Copyright © 2020 Secretaría Julio María Sanguinetti, All rights reserved.

miércoles, 27 de mayo de 2020

El “después” de la Crisis Económica



Resultado de imagen para foto Jose Manuel Suarez Mier



Aquelarre Económico 

 

¿Qué sigue a la crisis económica?

Por José Manuel Suárez-Mier
Publicación 
Excélsior el 28 de mayo de 2020



Hay un acuerdo entre los economistas que el mundo enfrenta una hecatombe económica enorme y de una profundidad sin precedente, aunque no hay acuerdo en cuanto a su duración o si el colapso-recuperación tendrá forma de V, U o L. 

Hay pronósticos que va a ser como una UL, es decir, una caída rápida, seguida por una parálisis, una recuperación blandengue al salir de la pandemia, que se convertirá en un nuevo colapso debido a los elevados niveles de deuda que la economía global arrastra. 

Ya estamos en plena recesión y se estima que este año el PIB de EU caiga 6%. La cifra comparable es de 8% para Alemania, Francia 10%, España y Grecia 15% e Italia 18%. Conforme las economías avanzadas se derrumban al unísono, sus déficit fiscales se disparan junto con su deuda. 

La consultora Capital Economics reporta que la deuda pública neta respecto al PIB será para Alemania 73%, Francia 120%, Italia 180% y Grecia 222%, mientras EU llega al 100%, con un déficit superior al 10% este año, sin incluir más gasto propuesto en el Congreso. 

El problema no termina con la deuda pública, pues hay que sumar la formidable deuda privada acumulada, que aumentará con las cifras enormes de desempleo, que en EU llegará a más del 20% de la fuerza de trabajo, lo que deprimirá el consumo y liquidará la fugaz recuperación. 

La recaída será aún más grave que el colapso inicial, al poner al sistema financiero global en grave entredicho de iliquidez, a pesar de que los principales bancos centrales del mundo estén imprimiendo dinero sin límite, y es aquí donde la montaña de deuda pública y privada empujará la economía global al abismo. 

Mientras tanto, el envejecimiento de la población en los países industrializados minará aún más el potencial de crecimiento, al tiempo que impone mayores cargas fiscales sobre los gobiernos, ya de por si lastrados con peligrosos niveles de endeudamiento, y el peligro de una deflación generalizada será remplazado por el de una inflación acelerada a mediados de la década.

A diferencia de crisis previas, en esta ocasión las economías emergentes no serán el motor de crecimiento que amortigüe el colapso de las desarrolladas, pues la mayoría enfrentan una severa recesión, que en el caso de México alcanzará -12% y sin recuperación alguna en el horizonte. 

Si bien se espera que China mantenga un crecimiento cercano a 6% anual en el futuro próximo, ello supone que no se agravará el proceso de desglobalización que se está dando por las políticas proteccionistas de EU y el creciente choque entre esas potencias, que puede conducir a crisis de oferta como la que vivió el mundo en los 1970s a resultas del embargo petrolero. 

Y falta analizar qué pasará con monedas como el euro, que en la recesión anterior estuvo a punto de sucumbir ante la pérdida de confianza de los inversionistas en los países mediterráneos, sobre todo Grecia, que hoy están en una situación peor que entonces. 

Como se puede apreciar, hay quienes piensan que el futuro es aterrador, ¡ojalá que se equivoquen!