miércoles, 20 de mayo de 2020

LIDERAZGOS FUNESTOS



Resultado de imagen para foto Jose Manuel Suarez Mier



AQUELARRE ECONOMICO
Liderazgos funestos

José Manuel Suárez-Mier
para publicación en Excélsior , CDMX.
21 de mayo de 2020.


Este columnista no deja de sorprenderse que cada vez que cree que la ineptitud y cinismo de Trump no pueden caer más bajo, él logra seguir despeñándose y, de paso, ultraja a quienes califica como sus enemigos sobre todo los medios que no lo alaban como cree merecer, y anuncia que toma una pócima anti-Covid-19. 

En el camino, inventa nuevos villanos y conspiraciones en su contra, que incluyen con mayor virulencia a su antecesor, Barack Obama, además de a su presunto rival en la próxima elección presidencial, Joe Biden, a quien le imputa todas las lacras que él mismo ostenta con vergonzoso impudor. 

Las patologías trumpianas se han agravado con el arribo de la pandemia y del consecuente colapso económico, alrededor de lo que ha tejido un enjambre de mentiras que rompen su ya prodigioso récord, al negar su gravedad y posponer criminalmente las acciones preventivas indispensables. 

Sin un plan nacional coherente, las familias, escuelas, empresas y gobiernos locales tienen que decidir qué hacer con escasa y parcial información. No hubo suficiente equipo con los elementos básicos para medir la expansión del mal o para protegerse de sus consecuencias, por lo que todos tuvieron que improvisar. 

Después de muchos tumbos y sinrazones, Trump al fin vio la crisis de salud como una oportunidad política -le vino como anillo al dedo- y se autodefinió como “un presidente en tiempos de guerra,” a pesar de que su única experiencia bélica fue conseguir 5 diferimientos en la conscripción obligatoria para ir a Vietnam alegando tener “espolones óseos” en los pies, mientras jugaba tenis, fútbol y golf.

Trump tomó al Partido Republicano, del que nunca había sido miembro, y lo convirtió en un movimiento populista y demagógico, con lo que los intelectuales del Partido renunciaron, y nunca pretendió ser el líder de todos, satisfecho con quedarse solo con sus fanáticos leales. 

Como un pirómano desenfrenado en una pradera reseca, Trump se dedicó a calcinar lo que quedaba de la vida cívica del país, concentrándose en dividir a unos contra otros, a emprender una lucha de clases en la que decía estar con los de abajo pero daba a ganar a sus cómplices y a sus cómplices ricos. 

El demagogo decidió destruir el servicio civil, corriendo a los mejores y más capacitados funcionarios, con estudios y especialidades con frecuencia pagados por el propio gobierno, para remplazarlos con ignaros sin educación u oficio alguno, siempre y cuando fueran incondicionales. 

Un modelo económico liberal bajo ataque reiterado desde la crisis de 2008, y una brecha creciente entre los ricos y los demás, fueron el caldo de cultivo ideal para que un estafador al frente de un gobierno vacuo e inepto, y su movimiento político carente de ideas, aprovecharan la pandemia para dividir aún más al país. 

Cualquier similitud entre la hecatombe económica y de salud que sucede en EU, en buena medida agravada por la perversidad de Trump, y lo que ocurre en México con su benemérito líder al frente, no es coincidencia: son iguales